Fuego y Hielo

Capítulo 3: Parte 1

La comisaría estaba llena de ruido. Teléfonos sonando. Teclados golpeándose sin descanso. Pasos rápidos cruzando pasillos. Voces mezcladas con el zumbido constante del aire acondicionado. Movimiento. Rutina. Vida.

Y, aun así, en mitad de todo aquello existía un silencio extraño que no encajaba con nada.

Hannah no levantaba la vista de la pantalla de su ordenador. Sentada perfectamente recta tras el escritorio, con la espalda firme y los hombros tensos bajo la camisa clara, trabajaba con esa precisión casi quirúrgica que parecía convertir cada movimiento suyo en algo calculado. Pasaba páginas, escribía notas y revisaba informes como si nada existiera fuera de aquella mesa. Como si no pudiera sentirlo. Pero lo sentía.

Porque a unos metros de distancia estaba Alex. Sentado con un informe abierto entre las manos, fingiendo leer algo que llevaba diez minutos sin avanzar de página. Cada pocos segundos levantaba la vista sin querer.

Y ahí estaba ella. Otra vez.

El cabello oscuro recogido de forma de forma perfecta. La mandíbula ligeramente tensa. Las gafas apoyadas junto al teclado. La forma exacta en que se mordía apenas el interior de la mejilla cuando algo la irritaba. Seguía haciéndolo.

Alex apartó la vista un instante demasiado tarde.

Y Hannah, que había sentido aquella mirada incluso antes de devolverla, volvió rápidamente a la pantalla. Fue la primera en romper el contacto. Como siempre.

Alex cerró finalmente el informe con un suspiro seco y se inclinó hacia atrás en la silla.

—Brown.

Joe Brown levantó la cabeza sobresaltado desde el escritorio contiguo.

—¿S-sí?

Alex alzó apenas una carpeta.

—Llévale esto a la inspectora.

Joe miró el informe. Luego a Alex. Luego, sin querer, a Hannah. Y automáticamente volvió a bajar la mirada.

—V-vale.

Cogió la carpeta con cierta torpeza y cruzó la sala como quien atraviesa un campo minado. Se detuvo frente al escritorio de Hannah completamente rígido.

—I-inspectora…

Hannah levantó la vista.

—¿Sí?

Joe dejó el informe sobre la mesa con cuidado excesivo.

—E-esto…

Ella abrió la carpeta y empezó a revisar las páginas en silencio. Joe tragó saliva. El silencio de Hannah siempre daba más miedo del necesario. Pasó una página. Luego otra. Y entonces habló sin levantar todavía la vista.

—¿Cómo te llamas?

Joe parpadeó.

—J-Joe. Joe Brown.

—Joe —repitió ella con calma—. Esto está mal hecho.

Joe se quedó completamente quieto.

—¿M-mal…?

Hannah levantó finalmente los ojos hacia él.

—Mal en plan que si entregamos esto así, nos tumban el caso en menos de diez minutos.

Joe asintió muy rápido.

—S-sí, claro. Mal de verdad.

Silencio.

—¿Algo más? —preguntó Hannah.

Joe dudó. Muchísimo.

—N-no… bueno… sí… es que…

Se calló otra vez. Hannah lo observó unos segundos.

—¿Qué?

—N-nada. Perdón.

Ella cerró parcialmente la carpeta.

—Corrígelo.

—S-sí.

Joe empezó a girarse.

—Y Joe.

Se detuvo inmediatamente.

—¿S-sí?

—Deja de ponerte nervioso.

Joe intentó sonreír.

—L-lo intento.

Volvió hacia la mesa de Alex con el informe pegado al pecho. Pero no se sentó. Se quedó de pie.

—D-dice que está mal.

—Ya.

—Y q-que lo arregle.

—Hazlo.

Joe asintió. Pero seguía sin moverse. Alex levantó finalmente la vista.

—¿Qué?

Joe dudó otra vez.

—N-nada… es que…

Miró de reojo hacia Hannah. Luego hacia Alex. Y frunció un poco el ceño.

—H-hay tensión.

Silencio.

Alex lo miró fijo.

—Trabaja, Brown.

—S-sí.

Joe se giró rápidamente… pero volvió a mirar a Hannah. Luego a Alex otra vez. Algo no terminaba de cuadrarle.

El ruido de la comisaría continuaba alrededor, pero cada vez más gente empezaba a escuchar sin disimular.

Joe volvió a hablar sin mirar directamente a ninguno de los dos.

—P-perdón… pero…

Tragó saliva.

—¿V-vosotros…?

Se quedó bloqueado a mitad de frase. Monty levantó la vista desde su ordenador. Michael giró lentamente la silla. Joe se puso rojo instantáneamente.

—N-nada, nada… olvídalo.

—Termina la frase —dijo Monty divertido.

Joe se hundió un poco más.

—N-no importa.

Entonces Hannah habló sin apartar la vista de la pantalla.

—Brown.

—S-sí.

—Trabaja.

—S-sí.

Alex se pasó una mano por la cara.

—Por favor.

Joe levantó ambas manos incómodo.

—S-sí, ya estoy…

Pero seguía sin escribir. Porque estaba observándolos. Y poco a poco empezaba a encajar piezas. La forma en que se miraban. Cómo se tensaban. Cómo parecían enfadados incluso cuando no hablaban.

Y entonces ocurrió.

Hannah se levantó de golpe. La silla chocó contra el suelo con un sonido seco que hizo que media sala dejara de moverse. Cruzó directamente hacia Alex sin dudar un segundo. Hasta detenerse frente a su escritorio.

La placa brillaba sobre la mesa. Alex J. Mallory.

Silencio absoluto.

Joe se quedó congelado sujetando un bolígrafo en el aire. Hannah apoyó ambas manos sobre la mesa de Alex.

—¿Te parece normal?

Alex levantó lentamente la vista hacia ella.

—¿El qué?

—Esto.

—No sé de qué hablas.

Hannah soltó una risa breve sin humor.

—Claro que lo sabes.

Se miraron. Y ya no quedaba absolutamente nada profesional entre ellos. Porque debajo de aquella discusión había otra mucho más grande. Mucho más vieja. Mucho más peligrosa.

Hannah sentía la rabia ardiéndole debajo de la piel desde hacía días. Porque Connor existía. Connor estaba ahí. Y Alex ni siquiera lo había considerado. Ni un segundo. Ni una sola vez había mirado a su hijo pensando “podría ser mío”. Ni una duda. Ni una sospecha real. Y eso le dolía muchísimo más de lo que quería admitir.

Había una parte absurda y profundamente herida dentro de ella que esperaba que Alex lo supiera solo con mirarlo. Que lo reconociera de inmediato. Que viera algo suyo en Connor igual que ella llevaba años viendo a Alex en pequeños gestos de su hijo. Pero no. Alex había asumido otra historia sin cuestionarla. Y eso la enfurecía.




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