Nuevo equilibrio
El despacho de Hannah estaba en silencio cuando Alex entró. No fue un silencio incómodo y tampoco tenso. Era otro tipo de silencio más denso y más concentrado. De esos que no necesitan llenarse con palabras.
... y Tobías entró a continuacióm. Avanzó un par de pasos dentro del despacho, olfateando el aire como si comprobara que todo seguía en su sitio. Luego miró hacia Hannah, tranquilo, y terminó de pasar cuando Alex cerró la puerta tras él. No hubo permiso. Tampoco hizo falta.
Hannah no levantó la vista al oírlos. Sabía perfectamente quién acababa de entrar.
Tenía el expediente de Eliah Bradford abierto sobre la mesa, dividido en varias secciones perfectamente ordenadas: informes forenses, registros de llamadas, fotografías de la escena, declaraciones. Todo clasificado. Todo etiquetado. Todo encajaba demasiado bien.
-Has llegado tarde -dijo, sin reproche.
Alex se acercó mientras se quitaba la chaqueta.
-He llegado cuando tocaba.
Tobías se acomodó cerca de la mesa, girando sobre sí mismo antes de tumbarse como si ese sitio le perteneciera desde siempre.
Alex pasó junto a él y, sin mirar, dejó caer la mano para rascarle detrás de la oreja. Un gesto automático y familiar.
Hannah deslizó hacia él uno de los informes sin levantar la vista.
-La autopsia.
Alex lo cogió. Lo primero que hizo no fue leerlo, sino observarlo: el papel, la firma, la estructura. Luego empezó.
-Causa de la muerte: herida de arma de fuego en la cabeza -leyó en voz baja-. Trayectoria compatible con disparo a corta distancia.
-Suicidio -añadió Hannah.
Tobías apoyó la cabeza sobre las patas, tranquilo.
Alex no respondió de inmediato. Pasó la página, volvió atrás y se detuvo.
-Compatible... -repitió.
Hannah alzó la vista.
-¿Qué ves?
Alex señaló una línea concreta.
-No es lo mismo que concluyente.
Hannah se inclinó ligeramente hacia delante.
-Explícalo.
No había reto en su tono, sino interés. Alex apoyó el informe sobre la mesa, girándolo para que ella pudiera verlo mejor.
-La trayectoria encaja con un disparo autoinfligido. Pero no descarta intervención externa.
Hannah sostuvo la mirada en el papel unos segundos.
-¿Estás diciendo que alguien pudo disparar?
-Estoy diciendo que el informe no lo descarta.
Silencio.
-Residuo de pólvora en la mano dominante -añadió Hannah.
-Sí -dijo Alex-. En la mano derecha... Era zurdo.
Hannah lo miró. Esa frase sí importaba y mucho.
Alex apoyó el informe sobre la mesa.
-Si alguien le obligó... o manipuló la escena...
-Seguiría apareciendo como suicidio.
Se quedaron en silencio.
Encajando.
-Hora de la muerte: entre las 22:00 y las 00:00 -leyó Hannah.
-Una franja horaria muy amplia-dijo Alex.
-Demasiado.
Se miraron y, en lugar de chocar, se alinearon.
-¿Te cuadra? -preguntó ella.
Alex negó.
-No.
Hannah dejó el bolígrafo sobre la mesa.
-A mí tampoco.
Ese fue el momento exacto en el que algo cambió. No hubo acuerdo explícito ni frase solemne, pero los dos entendieron lo mismo al mismo tiempo: esto no era tan simple. Hannah cerró una de las carpetas con suavidad.
-De momento no lo compartiremos con nadie más.
-No -respondió Alex sin dudar.
-Si estamos equivocados...
-No pasa nada.
-Y si no...
Alex la miró y Hannah terminó:
-Alguien ya sabe más de lo que debería.
Un silencio más pesado, más consciente.
-Lo revisamos todo -dijo ella.
-Desde el principio -añadió él.
-Solo nosotros.
Alex asintió.
Tobías movió ligeramente la cola contra el suelo.
El ruido del pasillo se filtró bajo la puerta. Fuera la vida continuaba. Dentro no.
Alex volvió al informe mientras Hannah reorganizaba los documentos; trabajaban juntos, sin interferirse, y encajaban.
Entonces, alguien se detuvo al otro lado de la puerta. Un segundo... Dos. Como si dudara. Un golpe suave.
Tobías levantó la cabeza de inmediato.
-¿S-se puede?
La voz era insegura.
Hannah giró ligeramente la cabeza.
-Sí.
La puerta se abrió lo justo y Joe Brown asomó con una carpeta en la mano, demasiado tensa.
-P-perdón... yo... esto...
Miró a Hannah, luego a Alex y bajó la vista rápido.
Tobías no se movió, pero no le quitó los ojos de encima.
-Déjalo ahí -dijo Hannah.
Joe avanzó con pasos medidos, casi calculados.
-E-es del archivo... del caso Bradford...
Dejó la carpeta. Alex lo observaba sin moverse; Joe lo notó y se puso más rígido.
-G-gracias -añadió.
Nadie se lo había pedido.
-Puedes irte -dijo Hannah.
Joe asintió demasiado rápido, se giró y dudó un segundo en la puerta, como si quisiera decir algo, pero no lo hizo y salió.
Silencio.
Alex habló tras un instante.
-Está raro.
Hannah no levantó la vista.
-Siempre ha sido así, no?
-No.
Alex miró hacia la puerta un segundo.
-No así.
Hannah no respondió, pero tampoco lo descartó, y ambos volvieron al trabajo.
-Arma registrada a su nombre -leyó Hannah.
-Conveniente -murmuró Alex.
-No es raro.
-No. Pero es cómodo.
Hannah no lo contradijo.
-Última llamada: 21:43.
-Antes de la ventana de su posible muerte.
-Sí.
Alex revisó otro documento.
-Registro de acceso al despacho de Bradford.
Hannah se acercó.
-¿Qué pasa?
Alex frunció el ceño.
-Esto está raro.
Deslizó el papel. Hannah lo leyó.
-Está duplicado.
-No.
Alex señaló la hora.
-Está modificado.
Un ajuste mínimo, de minutos, sutil pero intencionado.
Hannah apoyó ambas manos en la mesa.
-Esto no es un error.
Alex sostuvo su mirada.
-No.
Silencio.
-Y alguien quería que pareciera uno.
Afuera, en el pasillo, Joe Brown pasó caminando y se detuvo un segundo frente a la puerta. Tobías volvió a levantar la cabeza, como si lo notara. Joe dudó y luego siguió andando, sin mirar atrás.