🌊 Connor y el Dojo
El Dojo olía a madera pulida y a sudor aún caliente. Había algo en ese lugar que siempre parecía mantenerse igual, aunque todo lo demás cambiara. El sonido de pasos descalzos sobre el tatami, el eco suave de un golpe bien ejecutado, el silencio respetuoso entre movimientos.
Alex estaba solo cuando Connor entró. No lo oyó llegar, pero lo sintió.
-¡Eh!
La voz rompió la calma con una energía que no encajaba del todo con el ambiente... pero que tampoco molestaba.
Alex se giró y sonrió. Fue algo automático.
-Has llegado pronto.
Connor avanzó hacia él sin dudar, como si ese lugar también fuera suyo.
-Tenía prisa por venir.
No hubo un saludo formal ni distancia, solo naturalidad. Alex dejó lo que estaba haciendo y se acercó.
-¿Quieres empezar?
Connor asintió con entusiasmo inmediato.
-Sí.
No necesitaban más; empezaron por lo básico, siempre lo básico.
-Postura -dijo Alex, colocándose frente a él-. Mantén la vista al frente.
Connor levantó demasiado la barbilla.
-No tanto -añadió Alex, corrigiéndole con una ligera presión en el hombro-. Relájate.
Connor intentó imitarlo, torpe, rápido y con demasiada intención. Alex lo observó un segundo y luego negó con media sonrisa.
-Otra vez.
Connor resopló.
-Lo estoy haciendo bien.
-No -dijo Alex.
-Sí -respondió Connor.
-No -repitió Alex.
Connor frunció el ceño y volvió a intentarlo, esta vez más fuerte y más rígido. Alex se movió apenas, lo suficiente; Connor perdió el equilibrio. No cayó, pero estuvo cerca.
-¿Ves? -dijo Alex.
Connor apretó los labios.
-Es que no empujas fuerte.
Alex soltó una pequeña risa.
-Ese es el problema.
Connor lo miró, confundido.
-¿Cómo que el problema?
Alex se colocó de nuevo frente a él. Más cerca esta vez.
-No se trata de empujar más fuerte -dijo con calma-. Se trata de saber cuándo no hacerlo.
Connor parpadeó. No lo entendió del todo, pero lo intentó. Otra vez, y otra, y otra. Cada intento un poco mejor; cada fallo, un poco menos torpe.
Después de unos minutos, Connor se dejó caer sobre el tatami, respirando más fuerte de lo que quería admitir.
-Esto es difícil.
Alex se sentó frente a él.
-Lo es.
Connor lo miró.
-Tú lo haces fácil.
-Porque llevo mucho tiempo practicándolo -dijo Alex.
-¿Cuánto? -preguntó Connor.
Alex se quedó un segundo en silencio.
-Mucho.
Connor asintió, como si eso respondiera a todo, y se quedó pensativo antes de volver a mirarlo.
-¿Mi madre también hacía esto?
Alex arqueó una ceja.
-¿Esto?
-Sí. Lo de pelear.
Alex apoyó los antebrazos sobre las rodillas.
-Sí.
Connor sonrió.
-Ya decía yo.
-¿Por qué? -preguntó Alex.
-Porque es muy mandona -respondió Connor.
Alex soltó una risa breve.
-Siempre lo ha sido.
Connor inclinó la cabeza.
-¿Ya discutíais de pequeños?
Alex dudó un segundo, no por no saber qué decir, sino por elegir cómo decirlo.
-No discutíamos -respondió finalmente-. Competíamos.
Connor pareció interesado.
-¿Y quién ganaba?
Alex lo miró e hizo una pausa.
-Depende.
Connor entrecerró los ojos.
-Eso es que ganaba ella.
Alex no respondió de inmediato y sonrió.
-Muchas veces, sí.
Connor soltó una pequeña carcajada.
-Lo sabía.
Se hizo un pequeño silencio, de esos que no incomodan. Connor jugueteó con el borde del tatami. Luego volvió a preguntar:
-¿Era buena?
Alex no contestó enseguida; miró al frente, pero no estaba viendo el dojo.
-Siempre quería ganar -dijo al final.
Connor levantó la vista.
-Eso ya lo sé.
Alex continuó, como si no lo hubiera oído.
-Nunca se rendía.
Su tono había cambiado, apenas, pero lo suficiente.
-Y siempre iba un paso por delante.
Connor dejó de moverse, escuchando.
-Era... -Alex se detuvo un segundo- imposible ignorarla.
Se hizo el silencio. No era incómodo, pero sí distinto, más denso, más cargado de algo que no se decía. Connor lo observó con atención. Alex miraba al frente, pero no estaba allí; estaba en otro lugar, en otro momento. Connor no entendía exactamente qué, pero percibía lo suficiente. No dijo nada, no preguntó; solo... ahí pasaba algo.
No era la forma en la que Alex hablaba de alguien cualquiera, ni de una compañera, ni de alguien con quien solo hubiera discutido; había algo más. Connor no sabía ponerle nombre, pero lo sentía, y eso le bastaba. Bajó la mirada un segundo, pensando, ordenando, encajando piezas a su manera, no como un adulto ni con lógica completa, pero con una claridad extraña, suficiente. Cuando volvió a mirar a Alex, lo hizo de otra forma: más atento, más curioso, más... interesado. No dijo nada. No hacía falta.
-Vamos -dijo Alex de pronto, volviendo al presente-. Otra vez.
Connor se levantó de un salto.
-Esta vez sí.
Alex sonrió.
-Eso dijiste antes.
-Pero ahora lo voy a hacer mejor.
-Eso espero.
Volvieron a colocarse. Esta vez Connor no empujó: esperó, observó y, cuando se movió, fue diferente. Alex lo dejó avanzar un poco más, lo suficiente. Connor sonrió.
-¿Has visto?
-Un poco mejor -admitió Alex.
-Mucho mejor.
-No tanto.
Connor resopló, pero no dejó de sonreír. El dojo volvió a llenarse de movimiento: de pasos, de intentos, de pequeños fallos que ya no frustraban tanto. Alex se relajó, de verdad, sin darse cuenta; Connor también. Allí dentro todo parecía sencillo, claro, controlado, pero fuera no lo era, aunque ninguno de los dos lo dijera ni lo pensara en voz alta. Había algo que ya se había puesto en marcha, algo que no encajaba, algo que no iba a quedarse quieto. Connor volvió a intentar la técnica, falló, se rió y lo intentó otra vez. Alex lo corrigió, con paciencia, con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Y durante unos minutos... lo tuvo.
Mientras Alex le enseñaba a Connor a mantener el equilibrio... su mundo empezaba a perderlo.