Fuego y Hielo

Capítulo 4: Parte 3

🌊 Camino a casa

El aire afuera del dojo estaba más frío que dentro.
Connor salió primero, todavía con demasiada energía para alguien que llevaba más de una hora entrenando. Bajó los escalones casi saltando, girándose hacia atrás mientras intentaba colocarse bien la mochila sobre un solo hombro.
-Mañana quiero aprender una patada de verdad.
Alex cerró la puerta del dojo detrás de ellos.
-Hoy ya has aprendido una -dijo Alex.
-No. He aprendido una impresionante -corrigió Connor con orgullo.
-Ah -respondió Alex, conteniendo una sonrisa.
Connor asintió con total seriedad.
-De las que hacen que la gente salga volando.
Alex soltó una risita.
-Eso no funciona así.
-Sí funciona. En las películas sí -replicó Connor.
-Las películas mienten -contestó Alex.
Connor frunció el ceño, como si aquello le pareciera una traición personal. Hannah caminaba un poco por detrás, escuchándolos, observándolos, sin intervenir.
La luz anaranjada del atardecer empezaba a desaparecer entre los edificios cercanos al puerto, dejando las calles cubiertas por el azul oscuro de la noche temprana. Connor seguía hablando, mucho, como si llevara años haciéndolo con Alex.
-¿Y cuánto tardaré en hacer bien una llave? -preguntó Connor.
-Depende -respondió Alex.
-¿De qué? -insistió Connor.
-De si escuchas -contestó Alex.
Connor señaló a Hannah sin dudar.
-Eso lo he sacado de mi madre.
Hannah resopló por la nariz.
-Al menos reconoces algo útil.
Connor sonrió satisfecho consigo mismo. Alex negó con la cabeza.
-Eso explica muchas cosas.
-¿Qué cosas? -preguntó Hannah inmediatamente.
-Tu obsesión por discutir incluso cuando tienes razón -dijo Alex.
-No es obsesión si sigo ganando -replicó Hannah.
-Claro -respondió él.
Connor miró a uno y a otro y sonrió. No porque estuvieran discutiendo, sino porque se entendían, se anticipaban demasiado rápido, como si llevaran toda la vida haciéndolo. Y quizá era exactamente eso. Connor caminó unos pasos hacia delante antes de volver a girarse.
-Pues yo creo que Alex tiene razón.
Hannah arqueó una ceja.
-¿Perdón?
-A veces hablas mucho.
Alex intentó ocultar la sonrisa. Fracasó.
-Traidor -dijo Hannah.
Connor soltó una carcajada. Alex le revolvió el pelo al pasar junto a él, un gesto automático, tan natural que ninguno de los dos pareció darse cuenta. Pero Hannah sí, y algo dentro de ella se agitó suavemente. No de dolor; de otra cosa. Algo más cálido. Más peligroso. Connor volvió a colocarse mal la mochila y Alex volvió a corregírsela sin pensar, ajustándole el tirante sobre el hombro.
-Mañana te van a doler las piernas -dijo Alex.
-No me van a doler -replicó Connor.
-Sí te van a doler -insistió Alex.
-No.
-Mañana no vas a poder sentarte -remató Alex.
Connor abrió mucho los ojos.
-¿En serio?
-En serio.
Hannah negó con la cabeza.
-Estoy preparándolo mentalmente -dijo Alex.
-Lo estás dramatizando -replicó Hannah.
-Eso lo dices porque nunca hiciste taekwondo -respondió él.
Hannah soltó una risa corta.
-Alex, por favor. Lo único que hacías tú era lanzar patadas y esperar que funcionaran.
-Funcionaban.
-Porque yo tenía que arreglar luego tus errores.
Connor volvió a mirar a uno y a otro, fascinado. No había tensión real ni enfado; era otra cosa, algo rápido, ágil, como si jugaran una partida que solo ellos entendían.
-Eso no es verdad -dijo Alex.
-Lo es.
-Nunca me ganaste en taekwondo.
-Porque el taekwondo consiste básicamente en mover mucho las piernas y esperar impresionar a alguien.
Alex la miró incrédulo.
-Acabas de insultar años de disciplina.
-No. He resumido años de disciplina.
Connor soltó otra carcajada y siguió caminando entre los dos como si aquel lugar le perteneciera, como si ellos pertenecieran al mismo sitio.
-Entonces ¿qué era mejor? -preguntó.
Alex respondió primero.
-Taekwondo.
-Judo -dijo Hannah al mismo tiempo.
Connor sonrió.
-Sabía que ibais a decir cosas distintas.
Alex señaló hacia Hannah.
-El judo consiste en esperar.
Hannah lo miró.
-Consiste en anticipar.
-Consiste en no hacer nada hasta que el otro se mueva.
-Consiste en leer al otro antes de que se mueva.
Alex abrió la boca para responder y Hannah habló antes.
-Y por eso siempre ganaba yo.
Connor volvió a reírse, porque incluso eso sonaba ensayado, porque discutían demasiado bien, porque se conocían demasiado. Y a él le gustaba. Le gustaba cómo Alex ya sabía cuándo Hannah iba a corregirlo, cómo Hannah respondía antes de que él terminara las frases, cómo ninguno parecía querer irse realmente. Connor no pensaba en ellos como adultos complicados. Pensaba que encajaban. Y eso era suficiente.

Hannah los observó en silencio durante unos segundos. A Connor caminando entre ambos y a Alex bajando el ritmo sin darse cuenta para adaptarse al niño. A Tobías avanzando tranquilo a su lado. Todo parecía demasiado natural y demasiado fácil. Y eso la descolocaba más que cualquier discusión. Porque Alex empezaba a ocupar espacio dentro de aquella pequeña vida que había construido con Connor, sin pedir permiso y sin siquiera darse cuenta. Y la peor parte era que Connor parecía haber decidido abrirle la puerta desde el primer día.
Llegaron a la zona del puerto cuando la noche terminó de asentarse sobre el pueblo. Las calles estaban más vacías y más oscuras.
El sonido lejano del mar rompía el silencio a intervalos suaves.
Connor seguía hablando de técnicas imposibles y patadas cinematográficas cuando Hannah levantó la vista hacia el edificio y se detuvo un segundo.
La farola junto a la entrada estaba apagada. La zona quedaba parcialmente cubierta por sombras.
-Genial -murmuró.
Alex siguió su mirada. No respondió enseguida; evaluó automáticamente el entorno: la oscuridad, la distancia hasta la puerta, los rincones sin luz. Todo.
-Está fundida -dijo Hannah con tono práctico-. Mañana llamaré al ayuntamiento.
Connor también miró hacia arriba.
-Da un poco de miedo.
-No seas exagerado -dijo Hannah mientras sacaba las llaves.
Pero Alex seguía mirando la farola. Un segundo más... Dos. Como si ya estuviera calculando algo. Luego apartó la vista.
-Entrad -dijo simplemente.
Connor abrió la puerta del edificio antes de girarse hacia él.
-¿Mañana puedo volver al dojo?
Alex se cruzó de brazos.
-¿Vas a escuchar esta vez?
Connor dudó.
-... quizás.
Alex soltó una risa baja.
-Entonces quizás.
Connor sonrió satisfecho.
-Buenas noches.
-Buenas noches, campeón.
La palabra salió sola, natural, y Hannah lo notó. Claro que lo notó. Connor desapareció escaleras arriba y ella se quedó un segundo más junto a la puerta, a la distancia justa: ni cerca ni lejos. El viento movió ligeramente algunos mechones de su pelo. Alex seguía allí, quieto, como si no tuviera prisa por irse.
-Gracias por acompañarlo -dijo ella finalmente.
No sonó formal. Sonó... sincero. Alex se encogió apenas de hombros.
-No iba a dejar que volviera solo después de entrenar.
Hannah asintió despacio. Un pequeño y extraño silencio. No hablaron del paseo, ni de Connor, ni de lo fácil que había sido todo durante unos minutos. Pero ambos lo habían sentido. Y quizá por eso resultaba tan peligroso.
-Buenas noches, Alex.
-Buenas noches, Hannah.
Ella entró en el edificio. Alex esperó hasta que la puerta se cerró y luego levantó la vista otra vez hacia la farola apagada, quedándose mirándola unos segundos más de lo normal.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.