🌊 Demasiado limpio
La mañana siguiente llegó cubierta por una lluvia fina que parecía quedarse suspendida sobre North Harbour sin decidirse nunca a caer del todo. Algo raro, teniendo en cuenta a qué ya estaban a 30 de junio.
La comisaría todavía estaba medio vacía cuando Hannah entró en la sala de documentación con un café en una mano y una carpeta bajo el brazo.
Alex ya estaba allí, por supuesto. Sentado sobre una de las mesas metálicas, revisando varios informes extendidos delante de él mientras Tobías dormía junto al archivador más cercano como si aquel lugar también le perteneciera.
Hannah frenó apenas al verlo. No porque le sorprendiera, ya no lo hacía. Y eso empezaba a ser el problema.
Alex levantó la vista.
-Buenos días.
Ella dejó el café sobre la mesa.
-Llevas aquí desde muy temprano.
-No dormí bien.
La respuesta salió tan natural que Hannah tardó un segundo en reaccionar.
Alex siguió revisando papeles como si no acabara de admitir algo demasiado personal sin darse cuenta. Hannah abrió la carpeta lentamente.
-¿Por el caso?
Alex soltó una risa baja.
-Claro. Vamos a fingir que es solo por eso.
Hannah levantó la vista hacia él y durante un instante el silencio se quedó suspendido entre ambos con demasiadas cosas dentro. Alex fue el primero en romperlo.
-He revisado otra vez los accesos al despacho de Bradford.
Ella se acercó automáticamente a la mesa. Demasiado cerca. Como si ambos hubieran olvidado hacía tiempo la distancia personal.
-¿Y?
-Hay modificaciones posteriores al cierre oficial.
Hannah dejó el expediente abierto junto a los suyos.
-Eso ya lo vimos ayer.
-Sí. Pero anoche encontré otra cosa.
Le señaló una línea concreta del registro. Hannah la leyó apenas dos segundos antes de fruncir el ceño.
-Alguien rehizo la firma digital.
-Dos veces.
Ella levantó la mirada inmediatamente. Alex ya estaba observándola porque sabía exactamente qué acababa de entender.
-Eso no tiene sentido -murmuró Hannah.
-No si intentas ocultar algo muy deprisa.
Ella volvió a mirar la pantalla, pensando rápido, ordenando piezas. Alex la observó hacer exactamente eso. Hannah siempre funcionaba así: organizaba el caos hasta que dejaba de parecerlo.
-La hora tampoco encaja -dijo ella finalmente-. Si Bradford murió cuando dice el informe, nadie debería haber accedido después.
-Exacto.
Hannah apoyó ambas manos sobre la mesa. Alex, en cambio, seguía mirando el patrón completo. No los datos sino la intención.
-¿Sabes qué es lo raro? -dijo de pronto.
Ella levantó apenas la cabeza.
-¿Qué?
Alex señaló varios documentos dispersos.
-Todo está demasiado bien hecho.
Hannah guardó silencio porque sabía exactamente a qué se refería. Alex continuó:
-La mayoría de gente que encubre algo deja errores porque entra en pánico. Borra demasiado, olvida detalles pequeños o improvisa mal.
Se inclinó un poco hacia los informes.
-Aquí no.
Su voz bajó apenas.
-Aquí alguien corrigió el caso una y otra vez hasta dejarlo limpio.
Hannah sintió un pequeño escalofrío incómodo recorrerle la espalda, porque Alex tenía razón. No parecía una chapuza. Parecía obsesivamente limpio.
-Como si no intentaran ocultar solo una muerte -murmuró ella.
Alex levantó lentamente la mirada hacia ella. Ahí estaba otra vez: Esa vieja costumbre de entenderse sin hablar.
La manera en la que llegaban juntos a conclusiones sin necesidad de explicarse demasiado.
Tobías levantó apenas una oreja desde el suelo antes de volver a acomodarse.
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la sala. Y por un momento el resto de la comisaría pareció quedar lejos.
Solo ellos dos y el caso. Solo aquella sensación creciente de que alguien dentro del departamento seguía tocando cosas que no debería.
El móvil de Hannah vibró sobre la mesa. El sonido rompió la concentración de inmediato. La pantalla se iluminó: Ian.
Alex no dijo nada. Ni siquiera miró directamente el teléfono al principio. Pero vio el cambio. Un cambio mínimo en el ambiente lo suficiente para que ambos lo notaran.
Hannah tensó apenas los hombros. Apretó la mandíbula. Y durante una fracción de segundo perdió el hilo de lo que estaba leyendo. Después cogió el móvil y rechazó la llamada sin decir una palabra. Demasiado rápido.
El silencio posterior se volvió más pesado. Hannah intentó volver al expediente inmediatamente.
-Si rehacen firmas digitales tantas veces...
-Es porque alguien sigue revisando el caso -terminó Alex por ella.
Ella asintió, pero ya no tenía el mismo ritmo de antes. Alex lo notó enseguida y eso le molestó más de lo que quería admitir.
Ian. Otra vez Ian. Otra vez ese tipo. No sabía prácticamente nada sobre él. Solo fragmentos, su nombre y que era el padre de Connor. La tensión que provocaba, la forma en la que Hannah cambiaba apenas cuando aparecía y quizás precisamente por eso le resultaba peor. Porque Alex siempre había odiado las piezas incompletas. No preguntó nada. Y eso era lo importante.
El Alex de hace meses atrás habría soltado una pulla, una provocación o una pregunta demasiado directa. Ahora no. Ahora observaba, registraba y conectaba. Y cuanto más lo hacía, menos le gustaba ese Ian.
La puerta de la sala se abrió de golpe. Joe apareció cargando varias carpetas contra el pecho. Se frenó apenas al verlos juntos.
-Oh. P-perdón.
Hannah levantó la vista inmediatamente.
-No pasa nada, Joe.
El chico entró con esa torpeza habitual suya, intentando recolocar los papeles sin que se le cayeran. Seguía teniendo ese aire incómodo de alguien que nunca terminaba de saber qué hacer con las manos.
Tobías levantó la cabeza al verlo entrar. Joe le dedicó una breve sonrisa antes de acercarse a uno de los ordenadores laterales.
-Monty quiere que revise unos accesos antiguos del sistema -explicó mientras encendía la pantalla-. Dice que ayer volvió a fallar el registro automático.
Alex y Hannah intercambiaron una mirada rápidamente, casi imperceptible. Joe no la vio, o fingió no verla. Empezó a teclear con rapidez.
-Probablemente sea el mismo error de siempre -murmuró-. A veces el sistema duplica nombres de archivo cuando alguien los renombra varias veces seguidas.
Alex levantó apenas la cabeza.
-¿Cómo?
Joe siguió mirando la pantalla.
-Sí. Es raro, pero pasa. Especialmente si alguien intenta corregir permisos antiguos después del cierre oficial.
Hannah ya se había incorporado ligeramente. Joe seguía hablando sin darse cuenta del cambio de ambiente.
-Miren aquí.
Giró la pantalla apenas hacia ellos.
-Este archivo de Bradford tiene dos renombrados consecutivos con diferencia de ocho segundos.
Todo quedó en silencio. Alex se acercó primero; Hannah lo siguió inmediatamente después. Joe parpadeó al notar la reacción.
-Probablemente sea un fallo del sistema -añadió rápido-. No creo que signifique nada.
Pero Alex ya estaba leyendo las horas y Hannah también, al mismo tiempo.
-No -dijo Hannah despacio.
Alex apoyó una mano sobre la mesa. Sus ojos seguían fijos en la pantalla.
-Sí, significa algo.
Joe los miró confundido y, por primera vez, pareció darse cuenta de que aquello no era una revisión cualquiera. Hannah repasó otra vez las líneas. Acceso modificado. Archivo rehecho. Firma digital corregida. Renombrado doble. Ocho segundos. Demasiadas manos. Demasiadas correcciones. Alex soltó el aire lentamente.
-Nadie corrige algo tantas veces si no intenta esconderlo.
El silencio que siguió fue distinto a todos los anteriores. Porque ya no parecía un error administrativo; parecía alguien protegiendo activamente el caso. Joe retrocedió apenas un paso, no asustado, sino descolocado, mirando a Hannah y Alex como si acabara de notar algo raro entre ellos. No romántico ni personal. Algo peor: la forma en la que pensaban igual demasiado rápido, la forma en la que llegaban juntos a las mismas conclusiones sin necesidad de explicarse. Joe tragó saliva.
-¿Creéis que alguien sigue entrando al archivo?
Ni Hannah ni Alex respondieron enseguida. Solo se quedaron mirando la pantalla iluminada en mitad de la sala oscura.
Mientras fuera seguía lloviendo sobre North Harbour. Por primera vez, ambos tuvieron la misma sensación incómoda. Quizás todavía no sabían en quién podían confiar.