Fuego y Hielo

Capítulo 4: Parte 7

🌊 El ticket / La luz

La lluvia había parado hacía casi una hora, pero el olor a asfalto mojado seguía atrapado alrededor de la comisaría como una segunda capa de niebla.

La sala de documentación permanecía en silencio. Solo se escuchaba el zumbido constante de los fluorescentes, el tecleo ocasional de algún ordenador lejano y el roce de papeles pasando de una mano a otra.

Alex llevaba más de veinte minutos revisando tickets, movimientos bancarios y registros del casino repartidos sobre la mesa metálica.

Hannah seguía frente al ordenador principal, comparando horarios, accesos y declaraciones.

Tobías dormía bajo la ventana. Parecía agotado. Ellos también. Y aun así, ninguno se movía. Porque ambos tenían exactamente la misma sensación. Estaban cerca. Muy cerca.

Alex cogió otro de los recibos impresos casi por rutina. Lo observó apenas un segundo. Y frunció ligeramente el ceño. Volvió a leerlo. Más despacio.

Hannah lo notó de inmediato.

—¿Qué pasa?

Alex no respondió enseguida. Sus ojos seguían fijos en la hora impresa.

Casino North Harbour. 23:47.

La atmósfera dentro de la sala cambió al instante.

Alex dejó el ticket sobre la mesa y acercó otro documento. El informe oficial de la muerte de Bradford.

Hora estimada de la muerte: entre las 22:00 y las 00:00.

Se hizo el silencio.

Hannah ya se había puesto en pie antes incluso de comprender por completo lo que estaba viendo. Alex pasó un dedo por el ticket. Lentamente.

—Esto apareció entre los movimientos asociados a Bradford.

Ella cogió el papel. Lo leyó una vez. Y luego otra. Su expresión cambió por completo.

—No puede ser.

Alex negó apenas con la cabeza.

—No.

Porque no podía.

Bradford llevaba oficialmente muerto más de una hora cuando aquel movimiento fue registrado. No había interpretación posible. No había margen. Era imposible.

Hannah volvió inmediatamente al ordenador. Sus dedos comenzaron a moverse sobre el teclado.Buscando cruces. Accesos. Movimientos. Horarios.

Alex ya estaba adelantándose. Conectando piezas antes incluso de verbalizarlas.

—El ticket no debería existir.

—O alguien no esperaba que apareciera —respondió Hannah.

Sus miradas se encontraron apenas un instante. Y volvieron al trabajo exactamente al mismo tiempo. Como si llevaran años haciéndolo.

Alex revisó los registros del casino.

—El pago se validó manualmente.

Hannah levantó la vista.

—¿Manual?

—Sí.

Ella empezó a entenderlo antes de que terminara.

—Entonces alguien tuvo que...

—Hacer el movimiento después.

Otra corrección. Otro ajuste. Otra pieza colocada donde no debía estar.

Hannah apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Dios...

Alex seguía observando el conjunto. El patrón completo. Y cuanto más lo hacía, menos le gustaba.

—No están ocultando solo una muerte.

Su voz salió baja. Cansada.

Hannah levantó lentamente la cabeza. Alex señaló los documentos dispersos. Las firmas rehechas. Los accesos modificados. Los archivos renombrados. Las páginas sustituidas. Las horas corregidas.

—Esto no es algo improvisado.

Sus ojos verdes permanecían clavados en el ticket.

—La mayoría de la gente borra cosas cuando entra en pánico.

Pausa.

—Aquí no.

Su mandíbula se tensó ligeramente.

—Aquí alguien revisa todo una y otra vez hasta dejarlo limpio. Demasiado limpio.

Hannah sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Porque ahora también lo veía. No era un error aislado. Era una historia completa. Una narrativa manipulada. Corregida una y otra vez hasta eliminar cualquier grieta.

Y aun así... Allí estaba. Un ticket olvidado. Una fisura mínima. Suficiente.

Alex soltó el aire lentamente.

—Bradford no se suicidó.

Hannah tardó apenas un segundo más.

—No.

La palabra quedó suspendida entre ellos. Pesada. Definitiva. Y lo peor fue que ninguno sintió alivio. Porque aquello no cerraba el caso. Lo abría.

Ahora sabían tres cosas: Alguien había manipulado pruebas, alguien seguía teniendo acceso y alguien llevaba demasiado tiempo protegiendo aquella mentira.

Tobías levantó la cabeza desde el suelo. Notando el cambio de ambiente.

Alex pasó una mano por su nuca con cansancio. Hannah lo observó apenas un instante. Luego dijo:

—No ha estado mal.

Alex soltó una risa baja. Agotada.

—No te acostumbres.

Ella negó ligeramente con la cabeza. Y por un instante el cansancio compartido se sintió menos pesado. No era felicidad. Pero sí compañía.

---

Cuando salieron de la comisaría el cielo ya se hundía en tonos azul oscuro y naranja apagado.

North Harbour parecía más silencioso después de la lluvia. Las calles brillaban bajo las luces dispersas del puerto.

Ninguno dijo: "Te acompaño." Simplemente caminaron juntos. Como si separarse en aquel punto hubiera resultado absurdo.

Alex llevaba las manos en los bolsillos. Hannah sujetaba la chaqueta contra su cuerpo. Estaban cansados. Y aun así no había incomodidad.

—Van a seguir corrigiéndolo —murmuró Hannah después de un rato.

Alex asintió.

—Sí.

—Eso significa que alguien todavía tiene miedo de que encontremos algo.

—O miedo de que Bradford sí llegara demasiado lejos.

El silencio regresó. Pero ya no era un silencio vacío. Era el de dos personas que llevaban demasiadas horas compartiendo el mismo peso.

Cuando giraron la última esquina hacia el edificio donde vivía Hannah, la calle seguía medio oscura. La farola junto a la entrada continuaba apagada. Exactamente igual que la noche anterior.

Hannah la miró mientras buscaba las llaves. Alex también. Pero no dijo nada. Se quedó observándola apenas un segundo más. Como si evaluara algo. Como si comprobara algo.

Después dio un pequeño paso atrás. Dispuesto a marcharse. Y entonces Hannah habló.




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