Fuego y Hielo

Capítulo 6: Parte 1

La comisaría olía a café recién hecho, papeles viejos y a tierra mojada. Aunque afuera todavía no llovía.

North Harbour tenía esa clase de humedad constante que parecía quedarse pegada a las paredes incluso en verano, como si el pueblo entero respirara sal y recuerdos demasiado antiguos.

Hannah lo notó nada más cruzar la puerta. Y notó algo más. A Alex. O, más concretamente, la ausencia de la versión del Alex que había empezado a acostumbrarse a encontrar allí.

El silencio fue lo primero. No un silencio incómodo. Fue peor. Un silencio correcto, ordenado y profesional.

Alex estaba sentado en su escritorio, inclinado sobre varios informes, con las mangas remangadas hasta los antebrazos y la expresión completamente concentrada. Demasiado concentrado. Como si hubiera construido una pared invisible alrededor de sí mismo antes incluso de que ella llegara. Ni siquiera levantó la cabeza enseguida.

Y aquello le dolió de una forma absurda. Porque Hannah había esperado otra cosa. No una confesión. No una conversación pendiente. Ni siquiera una mirada larga. Solo… continuidad.

Algo pequeño que confirmara que lo de los días anteriores no había sido un accidente emocional. Que Alex seguía ahí. Que aquel hombre que había vuelto a abrirse un poco no había desaparecido otra vez durante la noche. Pero sí había desaparecido. O, peor aún, estaba escondiéndose.

Alex levantó la vista apenas un segundo al escuchar sus pasos.

—Buenos días , Jefa.

Correcto y neutral. Sin rastro de aquella calidez silenciosa que había empezado a abrirse paso entre ellos.

Y Hannah sintió el golpe exactamente en el centro del pecho.

—Buenos días.

Eso fue todo. Nada más.

Alex volvió inmediatamente a los papeles. Como si necesitara mantener las manos ocupadas para no hacer algo peor.

Hannah se quedó quieta unos segundos junto a la entrada, observándolo sin querer admitir que lo estaba haciendo.

Y ahí llegó el problema real. Ya no podía fingir que aquello le daba igual. Porque ya no estaba luchando contra un recuerdo. Se estaba enamorando del hombre que Alex era ahora. Del hombre tranquilo que le preparaba café sin preguntarle cómo lo tomaba porque lo sabía desde hacía años. Del hombre que entendía sus silencios antes incluso de que ella los pronunciara. Del hombre que parecía verla entera incluso cuando ella misma no sabía cómo explicarse. Y ahora ese hombre volvía a apartarse.

El mismo vacío extraño le atravesó el cuerpo. Demasiado parecido, demasiado conocido. Fue como bajar de aquel barco otra vez. Como mirar a alguien que estaba sintiendo demasiado… y verlo retroceder justo cuando tú empezabas a acercarte. Otra vez no.

El pensamiento apareció tan rápido que Hannah casi se enfadó consigo misma. Se obligó a caminar hasta su despacho antes de seguir mirándolo. Pero incluso desde allí seguía sintiéndolo. A Alex. O más bien la distancia de él.

Era ridículo cómo podía notarse tanto.

La comisaría no había cambiado. Estaban los mismos escritorios, las mismas luces blancas horribles, el mismo ruido de teclados. Y aun así parecía otro sitio completamente distinto solo porque él estaba volviendo a esconderse.

Hannah dejó la carpeta sobre la mesa con más fuerza de la necesaria. Intentó concentrarse. Fracasó completamente. Porque seguía mirándolo. Sin querer. Todo el tiempo.

Alex hablaba con uno de los agentes más jóvenes junto a la impresora y Hannah observó automáticamente el movimiento de sus manos mientras explicaba algo. La manera precisa en la que señalaba un informe. El ritmo distraído de sus dedos golpeando dos veces la mesa mientras pensaba.

Marcaba el ritmo, otra vez. Lo hacía constantemente últimamente, como si tuviera música atrapada debajo de la piel. Alex volvió a sentarse y abrió una libreta pequeña. Escribió algo rápido, lo miró apenas un segundo y luego cerró la libreta casi de inmediato, guardándola boca abajo, como si estuviera escondiendo algo.

Hannah frunció el ceño ligeramente. Últimamente tenía momentos así. Pequeñas ausencias. Instantes en los que parecía irse muy lejos sin moverse del sitio. Y lo peor era que ella podía sentirlo.

Sentía que algo dentro de Alex había despertado otra vez. Como si hubiera vuelto a despertarse después de demasiado tiempo dormido.

Y Hannah sabía, aunque todavía no entendiera cómo, que ella tenía algo que ver con eso. Precisamente por eso le dolía tanto verle alejarse. Porque no parecía indiferencia. Parecía miedo.

Alex levantó la vista entonces. Y la encontró mirándolo desde el despacho. Durante un segundo ninguno apartó los ojos.

Hannah sintió el impulso ridículo de sostenerle la mirada hasta atravesarlo. Hasta obligarlo a dejar de fingir. Pero Alex fue quien apartó primero la vista. Y aquello le hizo daño. Mucho más del que debería.

Porque ya empezaba a conocerlo demasiado bien. Alex no apartaba la mirada cuando no sentía. La apartaba cuando sentía demasiado.

Ella bajó la vista lentamente hacia los papeles de su escritorio. Intentó leer una línea. No entendió ni una palabra.

Del otro lado de la oficina, Alex cerró los ojos apenas un instante. Había visto perfectamente la expresión de Hannah. La decepción contenida. La tristeza pequeña y silenciosa que intentaba esconder. Y eso lo estaba destrozando más de lo que esperaba.

Porque no era una Hannah incómoda. No era la Hannah irritada de tiempo atrás. Era algo peor. Hannah estaba herida. Y Alex empezaba a entender por qué.

La forma en que lo miraba había cambiado. Ya no era solo tensión, ni nostalgia, ni costumbre.

Había algo mucho más peligroso ahí ahora. Algo suave y vulnerable. Algo que le daba muchísimo miedo reconocer porque se parecía demasiado a cómo ella lo miraba antes de que todo se rompiera.

Alex apoyó los dedos contra la mesa y marcó un ritmo distraído otra vez.Tac... Tac... Tac... Intentó detenerse. No pudo.

Porque la llamada del ex de Hannah todavía seguía dentro de su cabeza como una alarma constante.




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