Fuego y Hielo

Capítulo 6: Parte 6

“Todo lo que no deberían recordar”

El bar de Will estaba completamente lleno.

Luces cálidas. Música demasiado alta. Gente riendo cerca de la barra. El sonido de vasos chocando mezclado con conversaciones cruzadas y el eco del karaoke del fondo.

North Harbour un viernes por la noche. Vivo. Caliente. Peligrosamente pequeño para guardar secretos.

Hannah apenas acababa de entrar por la puerta cuando Eleanor le tendió otra copa.

—No pienso dejar que te pongas dramática esta noche.

—Voy perfectamente.

—Claro. Y yo soy monja.

María soltó una carcajada mientras Allison negaba con la cabeza.

—Dale diez minutos.

Hannah estaba a punto de responder cuando alguien detrás de ellas, gritó:

—¡HANNAH JONES!

Y entonces lo vio.

Garreth Aker avanzaba entre las mesas con una sonrisa tranquila, saludando gente por el camino mientras movía hábilmente la silla de ruedas entre el caos del bar.

Hannah sintió algo cálido aflojarse dentro del pecho.

—Dios mío…

Garreth abrió los brazos exageradamente.

—Mi inspectora favorita de North Harbour. Bienvenida a casa.

Hannah se inclinó inmediatamente para abrazarlo. Y fue uno de esos abrazos que dolían un poco por todo lo que significaban: años, infancia, las tardes en el barrio, los veranos, la parte buena del pasado.

—Te he echado muchísimo de menos —admitió ella.

—Eso es porque soy encantador.

—Eso es porque eres insoportable.

Garreth sonrió.

—Mucho mejor.

Se sentaron juntos mientras el ruido del bar seguía alrededor. Y durante unos minutos, Hannah consiguió relajarse de verdad.

Hablaron de Elizabeth, la mujer de Garreth, de sus niños, de su boda en Las Vegas. De la boda improvisada que Garreth seguía defendiendo como “la mejor decisión alcohólica” de su vida.

Garreth le enseñó fotos de Paige y Brad, sus hijos. Hannah le enseñó fotos de Connor.

Y entonces él sonrió de esa forma tranquila y demasiado perceptiva.

—Es igual que tú.

Hannah bajó la vista a la pantalla del móvil apenas un segundo.

—Sí…

Ella levantó la mirada lentamente.

—Elizabeth quiere conocerte —dijo él suavizando el tono—. Quizás vayamos a la playa el cuatro de julio. Será bueno pasar un rato los cinco juntos como antaño.

Hannah soltó una pequeña carcajada. Sabía a quienes se refería: él, Eleanor, Michael, Alex y ella.

—Estaría bien.

—Créeme. Como pasa el tiempo... Ahora, El y Michael se van a casar y todo.

Ella volvió a sonreír.

Y justo entonces ocurrió.

No vio entrar a Alex. Lo sintió. Como si su cuerpo lo reconociera antes que su cabeza.

La música del bar cambió. Varias personas empezaron a silbar. Y Hannah levantó la vista hacia el pequeño escenario improvisado junto a la barra.

Alex acababa de subir con una guitarra entre las manos.

Todo dentro de ella se detuvo. Dios.

Llevaba vaqueros negros y aquella camiseta gris oscura que se ajustaba demasiado bien a su cuerpo. El cabello ligeramente despeinado. La barba corta perfectamente recortada. Y esos ojos verdes. Esos malditos ojos verdes.

Hannah tragó saliva lentamente. Porque de pronto ya no escuchaba el ruido del bar. Solo a él afinando la guitarra. Solo las manos de Alex moviéndose sobre las cuerdas. Solo el recuerdo inmediato de esas mismas manos sobre su piel.

Garreth la observó de reojo. Y comprendió instantáneamente que acababa de perder su atención. Sonrió. Había cosas que no cambiaban nunca. Cuando aquellos dos estaban en el mismo lugar, el resto del mundo desaparecía.

Alex levantó la mirada. Y buscó entre la gente. Una vez y otra, hasta encontrarla.

El aire cambió completamente.

Hannah lo vio reconocerla. Lo vio quedarse quieto apenas un segundo. Y luego empezó a tocar.

🎶 Do I Wanna Know… 🎶

La voz grave de Alex atravesó el bar entero.

Y Hannah sintió algo peligrosísimo deslizarse lentamente por su columna vertebral. Porque no podía dejar de mirarlo. No de una forma romántica. Ni dulce. Lo miraba como una mujer demasiado consciente del efecto que aquel hombre seguía teniendo sobre ella.

Sus manos. Los antebrazos tensándose al tocar la guitarra. La boca rozando el micrófono. El movimiento lento de su garganta al cantar. La forma en que la camiseta se ajustaba apenas a su pecho cada vez que respiraba.

Dios.

Odiaba profundamente seguir reaccionando así a Alex Mallory.

Y lo peor era que Alex lo notaba. Claro que lo notaba. Porque cada vez que levantaba la mirada, terminaba encontrándola otra vez entre toda la gente, como si el resto del bar desapareciera en cuanto sus ojos daban con ella.

“Maybe I’m too busy being yours to fall for somebody new…”
“Quizás estoy demasiado ocupado perteneciéndote como para enamorarme de alguien más.”

Hannah dejó de respirar un instante. Porque había mujeres mirándolo. Varias. Una rubia especialmente descarada cerca del escenario sonrió mientras Alex terminaba el estribillo.

Y Hannah sintió un tirón feo y completamente irracional, territorial y visceral en el pecho.

La rubia escribió algo en una servilleta y la dejó sobre el borde del escenario.

Garreth vio exactamente cómo cambiaba la cara de Hannah.

—Uy —murmuró divertido.

—Qué valiente.

—Hannah…

—Espero que le gusten los hombres emocionalmente inaccesibles y traumados.

Garreth empezó a reírse, porque el tono le había salido solo. Instintivo. Terriblemente celoso.

Y Alex lo escuchó perfectamente desde el escenario. Lo suficiente para que una sonrisa apenas le rozara la boca. Luego miró la servilleta. La leyó. Y la tiró directamente a la basura sin terminar de leerla.

Hannah no lo vio. Estaba demasiado ocupada lanzando miradas asesinas a la rubia.

Y Alex volvió a buscarla con los ojos inmediatamente después. Siempre ella. Siempre.

La canción terminó entre aplausos.Y Hannah acabó su copa rápidamente.




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