Fuego y Hielo

Capítulo 6: Parte 8

La mañana de después

Connor fue el primero en despertarse.

La luz de la mañana apenas conseguía colarse entre las cortinas de su habitación, tiñendo el suelo de un tono dorado y suave.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía atrapado entre el sueño y la realidad.

Había mantas por todas partes. Bolsas vacías de patatas tiradas junto al colchón inflable. Un mando de la consola debajo de una almohada. Y Dylan roncando con una intensidad francamente preocupante para un niño de diez años.

Connor parpadeó varias veces. Entonces lo recordó. La apuesta. Abrió muchísimo los ojos. Se incorporó de golpe.

—Chicos...

Nadie respondió.

Claire seguía completamente tapada con el saco de dormir.

Chloe abrazaba una almohada como si fuera un peluche.

Dylan continuaba roncando sin el menor remordimiento.

Connor volvió a intentarlo, esta vez en un susurro más urgente.

—Chicos...

Claire abrió un ojo.

—¿Qué pasa...?

Connor miró alrededor antes de acercarse, como si fuera a revelar el secreto mejor guardado del mundo.

—Tenemos que comprobar si ya están juntos.

Aquello despertó a Chloe mucho más deprisa que cualquier despertador.

—¿¡Qué!?

Dylan dio un respingo.

—¿Quién se ha muerto?

—Nadie.

Connor negó rápidamente.

—Pero igual hemos llegado tarde a la apuesta de Fuego y Hielo.

Claire tardó exactamente dos segundos en comprender. Después sonrió despacio. Con esa sonrisa traviesa tan característica de los Mallory.

—Vale...

Se incorporó de inmediato.

—Ahora sí me interesa levantarme.

Cinco minutos después, los cuatro avanzaban por el pasillo. En absoluto silencio. O, al menos, en la versión infantil de un absoluto silencio.

Connor pisó una tabla que crujió. Dylan chocó contra el marco de una puerta. Claire tuvo que sujetar a Chloe cuando estuvo a punto de tropezar con una zapatilla.

Los cuatro se quedaron congelados. Esperando. Nada. No se oía ningún movimiento.

Connor hizo un gesto solemne con la mano. Como un auténtico comandante militar.

—Seguidme.

Claire tuvo que contener la risa.

Llegaron hasta la puerta del dormitorio de Hannah.

Connor apoyó la mano sobre el pomo. Respiró hondo. Y abrió muy despacio.

Los cuatro asomaron la cabeza al mismo tiempo.

Silencio.

La habitación estaba perfectamente ordenada. La cama seguía hecha. Las almohadas conservaban exactamente la misma forma que la noche anterior. Ni una arruga.

Connor frunció el ceño.

—Mamá no ha dormido aquí.

Dylan respondió casi sin pensar.

—O no ha dormido en casa.

Claire giró muy despacio la cabeza hacia él. Después volvió a mirar la cama.

Y entonces una idea empezó a tomar forma dentro de los cuatro al mismo tiempo.

Los ojos de Chloe fueron abriéndose poco a poco.

—Oh… —susurró apenas. —Dios...

Connor volvió a mirar la cama. Después miró a Claire. Claire lo miró a él. Y, sin necesidad de decir una sola palabra, todos giraron lentamente la cabeza hacia el salón.

La televisión seguía encendida. Sin volumen. La consola continuaba pausada exactamente donde habían dejado la carrera la noche anterior. Las bolsas de palomitas seguían sobre la mesa. Y, en el sofá...

Allí estaban. Dormidos. Hannah estaba acurrucada contra el pecho de Alex. Con la cabeza apoyada bajo su barbilla. Un brazo descansaba sobre la cintura de él. Alex seguía abrazándola incluso dormido. Como si soltarla hubiera dejado de ser una posibilidad.

Los dos respiraban despacio. Con la tranquilidad de quienes, por primera vez en mucho tiempo, habían conseguido descansar de verdad.

Durante unos segundos, ninguno de los cuatro niños dijo absolutamente nada.

Connor fue el primero en romper el silencio. Muy bajito. Casi con reverencia.

—Creo...

Miró a Claire con una sonrisa enorme.

—...que vamos ganando la apuesta.

Claire tuvo que taparse la boca para no reír. Dylan levantó un pulgar.

—Definitivamente.

Chloe sonrió enternecida mientras volvía a mirar el sofá.

—Hacen buena pareja...

Connor no apartó los ojos de ellos.

No entendía exactamente por qué aquella imagen le hacía sentir tan feliz. Solo sabía una cosa. Su madre llevaba muchísimo tiempo sin dormir con esa expresión de paz.

Y Alex...mAlex tampoco.

Connor sonrió para sí. Quizá Fuego y Hielo no fuera solo una apuesta absurda del pueblo. Quizá todos llevaban años esperando exactamente aquella imagen.

Y, por primera vez, él también empezó a esperar que nunca dejara de repetirse.

Hannah seguía completamente abrazada a Alex. Como si, incluso dormida, hubiera pasado toda la noche buscándolo sin darse cuenta. Tenía la cabeza apoyada bajo su barbilla, una pierna enredada con la de él y una mano descansando sobre su pecho con absoluta naturalidad.

Alex permanecía tumbado boca arriba, profundamente dormido. Uno de sus brazos rodeaba la cintura de Hannah por puro reflejo, mientras la otra mano descansaba relajada a su lado.

Los dos respiraban despacio. Tranquilos. Cómodos. Como si llevaran años despertándose así.

Durante varios segundos, ninguno de los cuatro niños dijo absolutamente nada.

Porque la escena resultaba... demasiado bonita. Demasiado natural.

Connor sintió algo cálido extenderse lentamente por el pecho.

Aquello le recordaba a esas familias que aparecían abrazadas en las películas. A esas imágenes que siempre terminaban transmitiendo la misma sensación. Hogar.

Chloe fue la primera en romper el silencio.

Muy bajito.

—Vale... esto es increíblemente romántico.

Dylan apartó la mirada de inmediato.

—Siento que estamos viendo algo que no deberíamos.

Claire, en cambio, sonreía con la satisfacción de quien acaba de resolver el misterio más importante de su vida.

—Yo sabía que aquí había tema.




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