Fuego y Hielo

Capítulo 7: Parte 1

Campamento familiar y guerra de verano 🌊☀️

El sol apenas había terminado de salir cuando North Harbour ya parecía haber decidido, de forma colectiva, perder completamente la cordura.

La Playa Norte cercana al embarcadero estaba irreconocible. Sombrillas, toallas, neveras, mesas plegables y sillas de camping ocupaban cada rincón de arena disponible. Niños corrían en todas direcciones, perros perseguían pelotas y varias canciones distintas competían entre sí desde altavoces repartidos por toda la playa. Al fondo, el faro observaba la escena con la misma paciencia con la que llevaba décadas contemplando las locuras de ese pueblo.

Era 4 de julio. Y el pueblo se tomaba aquella festividad con la misma intensidad con la que se tomaba absolutamente todo. Es decir: demasiada.

—¿Quién demonios trae tres neveras para pasar un día en la playa? —preguntó Michael.

—La misma persona que trae seis tipos distintos de ensalada para una barbacoa —respondió Eleanor.

—Son siete —dijo Michael.

—Eso es peor —replicó Eleanor.

—No lo es.

—Lo es.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí —zanjó Eleanor.

—¿Queréis casaros o queréis que os enterremos directamente aquí? —preguntó Will mientras descargaba una sombrilla enorme.

—Las dos cosas —respondió Eleanor.

—En ese orden —añadió Michael.

Garreth empezó a reírse desde su silla de ruedas. Elizabeth, su mujer, le dio un beso en la mejilla.

Y la discusión continuó exactamente igual. Como si aquello formara parte del ritual. Porque probablemente lo hacía.

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Alex apareció cargando dos cajas y una bolsa de carbón.

—¿Dónde va esto?

—Pregúntale a Hannah —dijo Allison.

—¿Por qué? —preguntó Alex.

—Porque ya ha reorganizado el campamento tres veces —respondió Allison.

—Han sido dos —corrigió Hannah, acercándose.

—Tres.

—Dos.

—Tres.

—Mallory, dile algo a mi hermana —dijo Hannah.

—Tiene razón Hannah —contestó Alex.

—Gracias.

—Aunque lo hace porque es una controladora.

—Retiro el gracias.

—Lo imaginaba —replicó Alex.

Hannah le lanzó una botella vacía. Alex la atrapó sin mirar. Y siguió caminando. Como si aquello ocurriera todos los días. Quizás porque llevaba ocurriendo toda la vida.

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Durante los primeros minutos ambos evitaron mirarse demasiado.

Lo suficiente para que resultara sospechoso. Sobre todo después de lo ocurrido la noche anterior. Después de haber dormido juntos en el sofá. Después de despertarse abrazados.

Pero aquello apenas duró media hora. Porque era imposible mantener la distancia en un entorno así.

No cuando lo compartían cuarenta personas, un perro, varios niños hiperactivos y una playa entera.

Poco a poco volvieron a caer en sus viejas costumbres.

Hannah apartó arena del brazo de Alex sin darse cuenta. Alex movió una sombrilla porque el sol empezaba a darle directamente en la cara. Hannah corrigió la forma en que había colocado una mesa. Alex le acercó una botella de agua antes incluso de que ella dijera que tenía sed.

Ninguno pareció consciente. Todas las personas a su alrededor, sí.

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Connor fue el primero en lanzarse al agua. Chloe fue detrás. Dylan los siguió después. Claire fingiendo que era demasiado madura para correr. Y corriendo exactamente igual cinco segundos más tarde.

Tobías ladró emocionado y salió detrás de todos. Provocando una estampida general.

—¡NO SALPIQUÉIS! —gritó Eleanor desde una colchoneta hinchable.

Connor respondió salpicándola directamente. Eleanor chilló. Michael se rio tanto que terminó cayéndose de la silla. Y el caos quedó oficialmente inaugurado.

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Una hora después, la playa parecía un documental sobre la pérdida total de control humano.

María grababa vídeos constantemente.

—Esto va directo al grupo familiar.

—No te atrevas —protestó su marido.

—Ya está enviado.

—Te odio.

—Lo sé.

María giró entonces el móvil hacia el agua. Y sonrió.

Porque Hannah y Connor estaban completamente entregados a una canción de North Harbour.

—Otra vez no... —murmuró Allison.

Demasiado tarde. Los dos ya estaban cantando.

🎶 Nos va a encontrar el sol bailando otra vez... 🎶

Connor improvisó un giro absurdo. Hannah lo imitó. Después ambos comenzaron una coreografía completamente ridícula dentro del agua. Salpicándose, cantando, riéndose, inventando pasos imposibles y comportándose como si el resto del mundo no existiera.

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Alex los observaba desde la orilla. Al principio sonriendo. Después, simplemente mirando. Porque había algo hipnótico en aquella escena. Hannah y Connor. Madre e hijo. Tan parecidos. Tan llenos de vida. Tan incapaces de quedarse quietos. Tan luminosos.

Garreth apareció a su lado con una bebida, siguió su mirada y sonrió.

—Madre e hijo son exactamente iguales.

Alex tardó varios segundos en responder. Porque seguía observándolos.

—Sí.

Y fue todo lo que dijo. Pero sonó demasiado sincero.

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En medio de una carcajada, Hannah se recogió la trenza mojada por encima del hombro.

Y durante apenas un segundo... parte del tatuaje apareció sobre el borde de la braguita del bikini. Un fragmento. Solo un instante. La parte superior del ancla. Algunos trazos florales. Tinta negra. Nada más. Pero fue suficiente.

Alex sonrió automáticamente. Una sonrisa pequeña, privada, casi nostálgica.

Porque él sí conocía aquel tatuaje entero. Había recorrido aquellas líneas con las yemas de los dedos. Había besado aquella piel. Había visto la tinta recién hecha años atrás. Y el recuerdo regresó con la rapidez de un relámpago.

El agua deslizándose sobre la piel de Hannah. El verano. La isla. La noche que pasaron en su velero. Ella estremeciéndose cuando él apoyó los labios sobre el tatuaje.

Después desapareció tan deprisa como había llegado. Pero el calor que dejó detrás tardó mucho más en marcharse.




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