Fuego y Hielo

Capítulo 7: Parte 2

Operación Fuego y Hielo 🔥❄️

La primera vez que Claire dijo «esto es una investigación», Connor pensó que estaba bromeando.

La segunda vez... ya no.

Habían terminado de comer hacía un rato. Todavía tenían los dedos pegajosos por la fruta, arena metida en lugares donde no debería existir arena y restos del castillo esparcidos alrededor de la sombrilla.

El campamento seguía siendo un caos maravilloso. Niños corriendo detrás de Tobías. Adultos discutiendo sobre hielo, carbón y quién había vuelto a traer demasiados cubiertos. Música sonando desde algún altavoz perdido entre las toallas.

Pero ellos cuatro se habían apartado un poco del bullicio.

Connor, Claire, Chloe y Dylan estaban sentados bajo una enorme sombrilla, rodeados por montones de arena que parecían las ruinas de una fortaleza destruida.

Claire se incorporó con solemnidad, cruzó las piernas y levantó una mano.

—Vale.

Miró a los tres con expresión gravísima.

—Tenemos que hablar.

Dylan dejó escapar un suspiro dramático.

—Odio cuando empiezas así.

—Silencio, testigo —respondió Claire sin apartar la vista de Connor—. Estamos ante un caso.

Connor parpadeó.

—¿Un caso de qué?

Claire sonrió.

—De Fuego y Hielo.

Chloe abrió muchísimo los ojos.

—¡Ay!

Connor volvió a sentir aquel cosquilleo extraño en el pecho. Todavía no entendía por qué esas dos palabras le provocaban tanta curiosidad.

Claire carraspeó teatralmente.

—Repasemos las pruebas.

Cogió una ramita del suelo y empezó a dibujar líneas sobre la arena.

—Prueba A —levantó un dedo. —Tu madre y mi tío Alex durmiendo abrazados en el sofá.

Dylan hizo una mueca.

—Eso no es una prueba.

Claire arqueó una ceja.

—¿Ah, no?

—No. Eso es un trauma infantil.

Chloe soltó una risa.

—Para ti —miró a Connor. —Para él es una prueba.

Connor no respondió. Porque, en el fondo, tenía razón.

La imagen seguía grabada en su cabeza. Su madre abrazada a Alex incluso dormida. Alex rodeándola con el brazo como si fuera lo más natural del mundo. Como si hubieran dormido así cientos de veces.

Claire continuó.

—Prueba B —dibujó otra línea.,—Alex conoce demasiadas cosas sobre Hannah.

—Se conocen desde pequeños —protestó Dylan.

—No tantas.

—Sí tantas.

Claire negó despacio.

—No tantas como para saber dónde guarda las tazas, el café, el jabón, las llaves... o cuál es su bebida favorita.

Connor levantó una mano.

—Eso sí lo sabe.

Claire lo señaló inmediatamente.

—Gracias, testigo principal.

Chloe tuvo que taparse la boca para no reír.

Claire siguió escribiendo en la arena.

—Prueba C. Tu madre sabe exactamente cómo va a reaccionar el tío Alex.

Connor lo pensó un momento.

—Es verdad...

Los tres lo miraron.

—Siempre sabe lo que va a decir antes de que lo diga.

Claire dio una palmada.

—¡Exacto!

Connor continuó, pensativo.

—Y se enfada con él antes incluso de que haga nada.

—Eso mismo.

Dylan se dejó caer sobre la toalla.

—Seguís pareciéndome una secta.

—No somos una secta.

—Todavía.

Claire decidió ignorarlo.

—Prueba D —escribió una letra enorme sobre la arena. —Todo el pueblo apuesta dinero porque acabarán juntos.

Connor frunció el ceño.

—Eso tampoco demuestra nada.

—Claro que sí —respondió Chloe—. La gente no apuesta dinero durante veinte años porque sí.

Claire asintió.

—Y las categorías son buenísimas.

Connor inclinó la cabeza.

—¿Qué categorías?

Claire sonrió con auténtica malicia.

—Antes del instituto —levantó un dedo. —Durante el instituto —otro. —En la universidad —otro más. —Después de una pelea monumental —otro. —Después de que uno de los dos mate al otro.

Connor abrió mucho los ojos.

—¿Qué?

—Es una categoría muy popular.

—Claire...

—Y luego está la apuesta importante —hizo una pausa. —Cuando por fin admitan lo obvio.

Connor soltó una risa. Dylan negó lentamente con la cabeza.

—La última es la más absurda.

—La última es la más romántica —corrigió Chloe.

Connor miró hacia el agua. Su madre seguía riéndose con Eleanor y María.

Y, por alguna razón, aquella posibilidad ya no le parecía tan descabellada.

Quizá todo el pueblo llevaba años viendo algo que él apenas empezaba a descubrir.

Claire apoyó ambas manos sobre las rodillas.

—Y ahora… —bajó la voz. —La prueba más importante.

Los tres la miraron:

—El sofá.

Chloe se llevó las manos a la cara.

—¡Sí!

Dylan soltó un gemido.

—No puedo creer que estemos analizando un sofá.

—No analizamos el sofá.

Claire sonrió.

—Analizamos cómo dormían.

Connor volvió a recordar aquella escena. Su madre escondida entre los brazos de Alex. Los dos completamente relajados. Como si ninguno necesitara protegerse del otro.

Y, poco a poco, empezaron a volverle pequeños recuerdos.

Alex enseñándole taekwondo. Alex explicándole un nudo marinero con infinita paciencia. Alex escuchándolo siempre hasta el final. Alex apareciendo justo cuando necesitaba ayuda. Alex sabiendo qué decir. Qué hacer. Cuándo intervenir.

Connor habló casi sin darse cuenta.

—A mí me gusta cuando Alex está cerca.

Los otros tres dejaron de hablar.

—Porque... parece que siempre sabe qué hacer.

El silencio que siguió fue distinto. Más serio.

Claire lo observó atentamente.

—¿Y si eso significa algo?

Connor tragó saliva. Porque la pregunta empezaba a cambiar. Hasta hacía unos días buscaba a un hombre desconocido. Ahora… Cada vez miraba más a Alex. Y aquello le producía un vértigo difícil de explicar.

Entonces Chloe habló con la naturalidad brutal de los niños.

—¿Y si Alex fuera tu padre?

Connor se quedó completamente inmóvil.




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