Operación Fuego y Hielo 🔥❄️
La primera vez que Claire dijo “esto es una investigación”, Connor pensó que estaba bromeando.
La segunda vez, ya no.
Habían terminado de comer algo, casi sin darse cuenta, con los dedos todavía pegajosos por las frutas y la arena metida en lugares donde no debería existir arena. El campamento seguía siendo un caos agradable: voces mezcladas, niños corriendo detrás de Tobías, adultos discutiendo sobre hielo, sillas y quién había traído demasiados cubiertos “otra vez”.
Pero los cuatro niños ya se habían apartado un poco del ruido.
Connor, Chloe, Dylan y Claire estaban sentados a la sombra de una sombrilla enorme, con una toalla extendida en el suelo y un montón de restos de castillo de arena alrededor como si hubieran estado resolviendo un caso importantísimo de ámbito nacional.
Claire se sentó recta, cruzó las piernas y miró a los otros tres con expresión solemne.
—Vale. —Levantó una mano—. Tenemos que hablar.
Dylan soltó un suspiro dramático.
—Odio cómo suena eso.
—Silencio, testigo —dijo Claire sin apartar la cara de Connor—. Estamos ante un caso.
Connor parpadeó.
—¿Un caso de qué?
—De Fuego y Hielo.
Chloe abrió mucho los ojos, emocionadísima.
—Oh.
Connor sintió un cosquilleo raro en el pecho. Todavía no sabía exactamente por qué aquella expresión le hacía sentir algo tan grande. Pero lo hacía.
Claire inclinó un poco la cabeza.
—Vamos a repasar los hechos. Prueba A: tu madre y el tío Alex durmiendo abrazados en el sofá.
Dylan alzó una ceja.
—Eso no es una prueba, eso es algo traumático.
—Para ti —corrigió Chloe—. Para Connor es evidencia.
Connor no dijo nada. Porque en realidad… era eso.
Aquella imagen seguía ahí dentro. La forma en que Hannah había estado abrazada a Alex como si el cuerpo supiera algo que la cabeza todavía no podía decir con palabras.
La forma en que Alex la rodeaba incluso dormido. La forma en que parecía que no había espacio para nadie más.
Claire siguió, encantada consigo misma.
—Prueba B: Alex conoce demasiadas cosas sobre Hannah.
—Eso lo sabe todo el mundo —protestó Dylan.
—No tantas.
—Sí tantas.
—No tantas como para saber dónde guarda las tazas, el café, las llaves, el jabón de manos y qué bebida le gusta más.
Connor levantó la mano lentamente.
—Eso sí lo hace.
Claire lo señaló como si acabara de declarar un testigo clave.
—Gracias.
Chloe se mordió el labio para no reírse.
—Prueba C: Hannah sabe exactamente cómo va a reaccionar Alex en cualquier situación.
—Porque se conocen desde siempre —dijo Connor.
—Sí, pero no es solo eso —dijo Claire—. Lo hacen como si se leyeran la mente.
Connor pensó en ello. Y le salió solo:
—Mi madre se enfada con él como si supiera ya de antemano lo que va a decir.
—Exacto —dijo Claire triunfal—. Eso.
Dylan se dejó caer hacia atrás sobre la toalla.
—Me parece una locura.
—Te parece una locura porque tú no observas nada —dijo Chloe.
—Yo observo.
—Tú bostezas.
—También observo con los ojos cerrados.
Claire ignoró la discusión y sacó una ramita del suelo como si fuera una pizarra invisible.
—Prueba D: todo el pueblo piensa que acabarán juntos.
Connor frunció el ceño.
—Eso no prueba nada.
—Sí prueba —respondió Chloe—. El pueblo no apuesta dinero por nada.
—Exacto —dijo Claire—. Y además las categorías de la apuesta no son normales.
Connor inclinó la cabeza.
—¿Qué categorías?
Claire sonrió con una malicia absolutamente deliciosa.
—Antes del instituto. Durante el instituto. En la universidad. Después de una pelea monumental. Después de que uno de los dos acabe detenido por matar al otro. En una boda. En un funeral. Y luego está la apuesta seria: cuando por fin admitan lo obvio.
Connor soltó una risa corta. Dylan abrió la boca.
—La última es la más estúpida.
—La última es la más romántica —corrigió Chloe.
Connor miró hacia el agua un instante. Y allí estaba otra vez esa sensación rara.
Porque no le parecía una tontería. Le parecía… absolutamente posible. Le parecía que todo el pueblo llevaba años viendo algo que él empezaba a entender ahora.
Claire apoyó las manos sobre las rodillas.
—Y ahora la prueba más importante.
Los tres la miraron.
—Prueba E: el sofá.
Chloe se llevó ambas manos a la cara.
—¡Sí!
Dylan se incorporó otra vez, derrotado.
—No puedo creer que estemos haciendo esto.
—Lo estás haciendo tú solo —le recordó Claire—. Nosotros estamos investigando.
Connor sintió cómo algo cálido y tranquilo se acomodaba dentro de él. Porque la imagen volvía una y otra vez.
Hannah dormida abrazando a Alex. Alex tan cómodo que parecía imposible que fuera mentira.
Y entonces, como si alguien hubiera apretado el interruptor de una parte de su cerebro que hasta entonces no había usado, Connor empezó a recordar cosas.
No grandes cosas. Eran pequeñas.
Alex enseñándole taekwondo y aguantando sus preguntas sin reírse. Enseñándole a arreglar una cuerda del barco con paciencia. Mirándolo cuando Connor hablaba, como si de verdad quisiera escuchar. Apareciendo siempre en el momento justo. Con la bebida correcta. La frase correcta. La mano apoyada donde Connor necesitaba seguridad sin pedirla.
Connor se quedó un instante callado. Luego habló bajito:
—A mí me gusta cuando Alex está cerca.
Claire lo miró enseguida. Chloe también. Dylan dejó de protestar.
—Sí —siguió Connor, pensando en voz alta por primera vez—. Porque parece que sabe qué hacer.
No era una frase especialmente elaborada, pero cayó sobre todos con más fuerza de la esperada.
Claire se inclinó hacia él, muy seria de golpe.
—¿Y si eso significa algo?
Connor tragó saliva. No contestó enseguida. Porque ahí estaba el cambio. Antes buscaba a un padre desconocido. Alguien lejano. Un hombre invisible que todavía no tenía forma. Pero ahora… ahora empezaba a mirar a Alex.