Fuego y Hielo

Capítulo 8: Parte 3

Operación AJM 🧭⚓🔎

El mural de North Harbour se había convertido oficialmente en el cuartel general de la investigación.

Connor había tomado aquella decisión esa misma mañana. Su razonamiento había sido tan simple que ninguno de los demás había encontrado una forma convincente de rebatirlo.

—Si vamos a investigar a Fuego y Hielo, tenemos que hacerlo aquí.

—¿Por qué? —preguntó Dylan.

Connor señaló el enorme mural que ocupaba una de las paredes cercanas al puerto.

—Porque lo pintaron ellos.

La explicación pareció suficiente. Y, en cierto modo, lo era.

Años atrás, Alex y Hannah habían sido castigados juntos después de una de sus interminables discusiones adolescentes. Lo que empezó como un castigo terminó convirtiéndose en aquel mural.

Ahora era uno de los lugares más fotografiados de North Harbour.

Las parejas se hacían fotos allí. Los turistas se detenían para contemplarlo. Y, al atardecer, era habitual encontrar a enamorados sentados frente al mar, apoyados bajo aquella pintura que, sin saberlo, también hablaba de ellos.

Por alguna razón, aquello hizo que Connor lo considerara el lugar perfecto para una investigación secreta.

—Además —añadió—, las parejas vienen aquí porque nadie las molesta.

—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? —preguntó Chloe.

—Que si sirve para enamorados, también sirve para detectives.

Claire soltó una carcajada.

—Tiene sentido.

—¿Verdad?

—No.

—Pues a mí sí me lo parece.

Y así quedó inaugurado oficialmente el cuartel general de la Operación AJM.

Los cuatro ocuparon su banco habitual frente al mural.

Connor abrió una libreta. Claire cruzó las piernas con solemnidad. Chloe sacó una bolsa de galletas. Y Dylan adoptó una expresión tan seria que no engañaba absolutamente a nadie.

—Bien —anunció Connor—. Tengo información nueva.

Los otros tres se inclinaron hacia delante al mismo tiempo. Aquello siempre era buena señal.

—¿Sobre el Señor Misterioso?

—Sobre Alex.

Claire arqueó una ceja.

—Eso siempre mejora cualquier reunión.

Connor decidió ignorar el comentario.

—Le pregunté directamente.

Chloe abrió mucho los ojos.

—¿Directamente?

—Directamente.

—¿Y no te dio vergüenza?

—Muchísima.

—Continúa.

Connor respiró hondo.

—Le pregunté si había sido novio de mi madre.

Silencio.

Dylan parpadeó. Chloe dejó de comer. Claire pareció sinceramente impresionada.

—Connor Jones... —dijo al fin—. Eres un genio... o un suicida.

—Todavía no lo tengo claro.

—¿Y qué respondió?

Connor se encogió de hombros.

—Que no.

Los otros tres permanecieron inmóviles.

—¿No? —preguntó Dylan.

—No.

—¿Seguro?

—Seguro.

—¿Completamente seguro?

—Dylan...

—Vale.

Claire frunció el ceño.

—Eso no tiene ningún sentido.

—Claro que lo tiene.

—No.

—Sí.

—Connor... se comportan como una pareja.

—Lo sé.

—Discuten como una pareja.

—Lo sé.

—Se miran como una pareja.

—También lo sé.

—Entonces explícame cómo es posible que nunca fueran pareja.

Connor abrió la boca. La cerró. Volvió a abrirla. Y terminó señalando a Chloe.

—Explícaselo tú.

—Ni idea.

—Gracias.

—De nada.

Durante unos segundos reinó el silencio.

Entonces Connor llegó a la conclusión que llevaba dándole vueltas desde la noche anterior. Una conclusión sencilla. Lógica. Irrefutable... al menos para un niño de ocho años.

—Entonces Alex no puede ser mi padre.

Claire lo miró inmediatamente.

—¿Por qué?

—Porque los padres tienen hijos.

—Correcto.

—Y antes son novios.

Claire negó despacio.

—No siempre.

—Pero casi siempre.

—Connor...

—Y Alex nunca fue novio de mamá.

Silencio.

Caso cerrado. Al menos para él.

Bajó la vista hacia la libreta. Y, por primera vez desde que había empezado a hablar, se quedó callado.

Claire fue la primera en notarlo.

—Te has puesto triste.

—No.

—Sí.

—No.

—Muchísimo.

—Claire...

—Connor.

Chloe asintió con energía.

—Está triste.

—Muchísimo.

—Vosotras sois insoportables.

—Y tú estás triste.

Connor dejó escapar un largo suspiro. Era imposible ganar aquella discusión.

—Me habría gustado.

La frase salió mucho más bajita de lo que esperaba. Sus amigos dejaron de bromear.

—¿Porque buscas un padre? —preguntó Dylan con cuidado.

Connor negó despacio. Y tardó varios segundos en responder.

—No.

Porque ya no era eso. Quizá unas semanas antes sí. Ahora no.

Miró el mar.

—Es que… —respiró hondo. —Me gusta estar con él —los demás permanecieron en silencio. —Me gusta cuando me lleva a navegar.

—Normal —dijo Chloe.

—Y cuando me enseña cosas.

—Normal.

—Y cuando me cuenta historias.

—Normal.

—Y cuando me trata como si fuera mayor.

Claire sonrió con ternura. Connor bajó un momento la mirada.

—Pero saber que no es mi padre... no hace que le quiera menos —aquella frase dejó a los tres completamente quietos. —Sigue siendo Alex —nadie respondió. —Y sigue siendo mi persona favorita... después de mamá.

Claire tuvo que apartar la mirada. Porque aquello había sido inesperadamente adorable.

—Connor...

—¿Qué?

—Eres un blandengue.

—Muchísimo.

—Lo sé.

Se hizo un pequeño silencio. Y entonces llegó la segunda confesión. La importante de verdad.

Connor jugueteó con el bolígrafo.

—Además...

Claire sonrió.

—Ahí viene algo.

—Lo noto.

—Yo también.

Connor los ignoró.

—Todavía quiero que sea novio de mi madre.

Silencio.

Después Chloe empezó a reír. Luego Dylan. Y, finalmente, Claire.

—Connor... —consiguió decir entre carcajadas—. Eso lo sabe todo North Harbour.




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