Operación AJM
El mural de North Harbour se había convertido oficialmente en el cuartel general de la investigación.
Connor había tomado la decisión aquella misma mañana. Su razonamiento había sido tan simple que ninguno de los demás había conseguido discutirlo.
—Si vamos a investigar a Fuego y Hielo, deberíamos hacerlo aquí.
—¿Por qué? —preguntó Dylan.
Connor señaló el enorme mural que cubría una de las paredes cercanas al puerto.
—Porque lo pintaron ellos.
La explicación parecía suficiente. Y en cierto modo lo era.
Años atrás, Alex y Hannah habían sido castigados juntos por una de sus interminables discusiones adolescentes. El castigo había terminado convirtiéndose en aquel mural.
Ahora era uno de los rincones más fotografiados de North Harbour. Las parejas se hacían fotos allí. Los turistas se detenían a contemplarlo. Y al atardecer era habitual ver enamorados sentados cerca observando el mar.
Por algún motivo, aquello hizo que Connor lo considerara perfecto para una investigación secreta.
—Además —añadió—, las parejas vienen aquí porque nadie las molesta.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? —preguntó Chloe.
—Que si sirve para enamorados también sirve para detectives.
Claire soltó una carcajada.
—Tiene sentido.
—¿Verdad?
—No.
—Pues a mí sí me lo parece.
Y así quedó establecido oficialmente el cuartel general de Operación AJM.
Los cuatro ocuparon su banco habitual frente al mural. Connor abrió una libreta. Claire cruzó las piernas. Chloe sacó una bolsa de galletas. Y Dylan adoptó una expresión solemne que no engañaba absolutamente a nadie.
—Bien —anunció Connor—. Tengo información nueva.
Los otros tres se inclinaron hacia delante inmediatamente. Aquello siempre era buena señal.
—¿Sobre el Señor Misterioso?
—Sobre Alex.
Claire levantó una ceja.
—Eso siempre es mejor.
Connor ignoró el comentario.
—Le pregunté directamente.
—¿Directamente? —repitió Chloe.
—Directamente.
—¿Y no te dio vergüenza?
—Muchísima.
—Continúa.
Connor respiró hondo.
—Le pregunté si había sido novio de mi madre.
Silencio.
Dylan parpadeó. Chloe dejó de comer. Claire pareció genuinamente impresionada.
—Connor Jones —dijo finalmente—. Eres un genio o un suicida.
—Todavía no lo sé.
—¿Y qué dijo?
Connor se encogió de hombros.
—Que no.
Los otros tres se quedaron quietos.
—¿No? —preguntó Dylan.
—No.
—¿Seguro?
—Seguro.
—¿Completamente seguro?
—Dylan.
—Vale.
Claire frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Claro que tiene sentido.
—No.
—Sí.
—Connor, se comportan como una pareja.
—Lo sé.
—Discuten como una pareja.
—Lo sé.
—Se miran como una pareja.
—También lo sé.
—Entonces explícame cómo es posible que nunca fueran pareja.
Connor abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir. Y terminó señalando a Chloe.
—Explícaselo tú.
—Ni idea.
—Gracias.
—De nada.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Entonces Connor llegó a una conclusión que llevaba dándole vueltas desde la noche anterior. Una conclusión lógica. Sencilla. Irrefutable.
—Entonces Alex no puede ser mi padre.
Claire lo observó inmediatamente.
—¿Por qué?
—Porque los padres tienen hijos.
—Correcto.
—Y antes son novios.
—No siempre.
—Pero casi siempre.
—Connor...
—Y Alex nunca fue novio de mamá.
Silencio.
Caso cerrado. Al menos para él. Bajó la vista hacia la libreta. Y por primera vez desde que había empezado a hablar se quedó callado.
Claire fue la primera en notarlo.
—Te has puesto triste.
—No.
—Sí.
—No.
—Muchísimo.
—Claire...
—Connor.
Chloe asintió.
—Está triste.
—Muchísimo.
—Vosotros sois insoportables.
—Y tú estás triste.
Connor suspiró. Porque era imposible ganar aquella discusión.
—Me habría gustado.
La frase salió mucho más bajita de lo que esperaba.
Sus amigos dejaron de bromear.
—¿Porque buscas un padre? —preguntó Dylan.
Connor negó con la cabeza. Y tardó varios segundos en responder.
—No.
Porque no era eso. Ya no. Hacía unas semanas quizás sí. Ahora no.
—Es que...
Miró el mar.
—Me gusta estar con él.
Los demás escucharon en silencio.
—Me gusta cuando me lleva a navegar.
—Normal.
—Y cuando me enseña cosas.
—Normal.
—Y cuando me cuenta historias.
—Normal.
—Y cuando me trata como si fuera mayor.
Claire sonrió ligeramente. Connor respiró hondo.
—Pero saber que no es mi padre no significa que le quiera menos.
Aquello hizo que los otros tres se quedaran completamente quietos.
—Sigue siendo Alex.
Nadie dijo nada.
—Y sigue siendo mi persona favorita después de mamá.
Claire tuvo que apartar la mirada. Porque aquello había sido inesperadamente adorable.
—Connor...
—¿Qué?
—Eres un blandengue.
—Muchísimo.
—Lo sé.
Y entonces llegó la segunda confesión. La realmente importante.
Connor se removió en el banco.
—Además...
—Ahí viene algo.
—Lo noto.
—Yo también.
Connor los ignoró.
—Todavía quiero que sea novio de mi madre.
Silencio.
Luego Chloe empezó a reír. Después Dylan. Y finalmente Claire.
—Connor —dijo Claire entre carcajadas—. Eso lo sabe todo North Harbour.
—Pues mejor.
—No estás siendo sutil.
—Nunca he sido sutil.
—Eso también es verdad.
Connor cruzó los brazos.
—Y si se hacen novios...
Los otros tres esperaron.
—¿Sí?
—A lo mejor algún día puede ser mi papá igualmente.
Esta vez nadie se rió. Porque la lógica infantil era tan absurda como perfecta. Y porque, de alguna manera, todos entendían exactamente lo que quería decir. No estaba intentando encontrar un padre. Estaba intentando conservar a alguien importante.