Fuego y Hielo

Capítulo 8: Parte 4

Antes de Nosotros

Connor decidió que la Operación AJM se estaba volviendo cada vez más extraña.

Habían empezado buscando a un padre. Ahora estaban revisando álbumes familiares.

Pero, sinceramente, después de pasar varios días investigando la vida sentimental de su madre, aquello tampoco le parecía tan raro.

—Esto sigue siendo trabajo policial —declaró muy serio.

—Claro que sí —respondió Chloe.

—Totalmente profesional como tu madre —añadió Allison.

—Tan profesional como un mapache robando basura —murmuró Stu.

Allison le lanzó una servilleta. La esquivó sin levantar la vista de su plato.

Connor observó los álbumes apilados sobre la mesa. Había tantos que parecían capaces de contener la historia completa de North Harbour.

—¿De verdad guardas todo esto?

—Por supuesto.

—¿Por qué?

—Porque alguien tiene que conservar las pruebas de que tu madre era adorable antes de convertirse en inspectora jefe.

—Nunca fue adorable.

—Lo era.

—No.

—Connor, tengo fotografías.

Connor se quedó callado. Aquello era un argumento difícil de combatir.

La primera foto que sacó Allison correspondía a su boda.

Connor reconoció inmediatamente a casi todo el mundo. Allison y Stu, muy jóvenes. Eddie, con quince años. Sus abuelos. Los Mallory. Y entre todos ellos... Alex, Hannah y Eddie. Los tres juntos. Eddie tenía un brazo rodeando los hombros de Alex y otro alrededor de su hermana. Unos jovencísimos Hannah y Alex con veinte años. Eddie parecía hermano de ambos.

Pero no fue eso lo que llamó la atención de Connor.

—¿Por qué no miran a la cámara?

Allison sonrió.

—Porque nunca miraban a la cámara.

Connor acercó más la fotografía. Era verdad. Mientras todos sonreían al fotógrafo, Alex y Hannah parecían estar hablando entre ellos. Sonreían. Pero no al objetivo. Se sonreían mutuamente.

Como si hubiera ocurrido algo gracioso justo antes de hacer la foto. Algo que solo ellos entendían.

—Es raro.

—Lo eran.

—Mucho.

—Muchísimo.

Connor siguió pasando páginas. Y entonces empezó a notar algo.

Al principio no le dio importancia. Pero después resultó imposible ignorarlo.

—Espera.

Allison levantó la vista.

—¿Qué pasa?

Connor señaló una fotografía.

—Aquí sale Alex.

—Sí.

Pasó otra página.

—Aquí también.

—Correcto.

Otra.

—Y aquí.

—Ajá.

Otra.

—Y aquí.

—Vas pillándolo.

Connor frunció el ceño. Cumpleaños, Navidades, excursiones, barbacoas en familia, veranos. Fiestas escolares.

Alex aparecía en todas ellas. Llegó un momento en que empezó a resultar inquietante.

—¿Por qué sale en todas?

Allison pareció sinceramente confundida.

—Porque es Alex.

—Eso no responde a nada.

—Claro que responde.

—No responde absolutamente a nada.

Stu soltó una carcajada.

—Bienvenido a la familia.

—Estoy empezando a sospechar que todos estáis un poco locos.

—Un poco es quedarse corto.

Connor volvió a mirar las fotos.

—¿Había algún momento importante de la vida de mamá en el que Alex no estuviera?

Allison abrió la boca. Volvió a cerrarla. Miró a Stu. Stu la miró a ella.

—No.

—No.

—¿Ninguno?

—Ninguno que recuerde.

Connor se quedó callado. Porque aquello sí le parecía extraño. Muy extraño.

La comida terminó convirtiéndose en una colección de historias. Historias pequeñas. Historias absurdas. Historias que Connor jamás había escuchado.

Descubrió que Hannah y Alex habían construido una fortaleza en la playa con ocho años y habían intentado cobrar entrada. Que habían organizado una carrera de bicicletas ilegal. Que una vez desaparecieron durante cuatro horas para construir una casa del árbol. Que competían por absolutamente todo. Incluso por cosas que no tenían sentido.

—¿Es verdad que compitieron para ver quién tardaba más en parpadear?

—Sí.

—¿Quién ganó?

—Nadie.

—¿Por qué?

—Porque ambos acabaron llorando.

Chloe empezó a reír.

—Eso es exactamente algo que harían.

—Ni siquiera habían aprendido a multiplicar y ya eran insoportables —dijo Stu.

—Eran adorables.

—Eran una amenaza para la salud pública.

Allison ignoró el comentario.

—La cuestión es que hasta los siete años eran inseparables.

Connor parpadeó.

—¿Antes de Fuego y Hielo?

—Mucho antes.

—¿No se peleaban?

—Claro que se peleaban.

—Entonces...

—Era diferente.

Allison sonrió mientras observaba una fotografía.

—Antes discutían cinco minutos y luego volvían a jugar juntos.

—Después discutían cinco minutos y convertían aquello en una competición internacional.

Cuando abandonaron la casa de Allison y Stu, Connor llevaba la cabeza llena de información. Y de preguntas. Sobre todo preguntas. Porque acababa de descubrir algo que nadie le había contado. La rivalidad no había sido el principio. Había sido la evolución de algo que ya existía. Algo mucho más antiguo.

La segunda fase de la Operación AJM tuvo lugar aquella misma tarde. En casa de Michael y Eleanor.

—Han venido a investigarnos.

—Lo sé.

—¿Les dejamos?

—Por supuesto.

—Perfecto.

Connor empezaba a sospechar que los adultos de North Harbour disfrutaban demasiado de aquello.

Mientras merendaban, Connor decidió empezar por una cuestión fundamental.

—¿Desde cuándo sois novios?

Michael estuvo a punto de atragantarse.

—Vaya forma de empezar.

—Es información importante.

—Claro que lo es.

Eleanor sonrió.

—Desde los veintiún años.

—¿Los dos?

—Sería raro que no.

—Llevamos nueve años juntos —añadió Michael.

Connor hizo cálculos.

—Eso es muchísimo tiempo.

—Lo es.

—¿Y nunca rompisteis?

Michael negó con la cabeza.




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