Fuego y Hielo

Capítulo 8: Parte 6

El nuevo equipo ❤️🧭⚓👮🏻‍♂️

La sala de reuniones se había convertido en una especie de segundo hogar durante las últimas semanas.

No era especialmente cómoda.

Las sillas resultaban incómodas, la máquina de café del pasillo producía algo que probablemente incumplía varias leyes sanitarias y la pizarra estaba tan llena de fotografías, fechas, mapas y flechas que parecía la obra de alguien con un serio problema para dormir.

Pero allí estaban. Otra vez.

Otra vez los tres. Con las mismas sillas malas, la misma luz amarillenta, pero con otra energía. Alex con la chaqueta colgada del respaldo, como si ya no necesitara irse corriendo. Hannah descalza por debajo de la mesa, porque se sentía en casa. Y Joe con dos cafés delante que esta vez no eran por ansiedad, sino porque quería quedarse.

Hannah revisaba una carpeta mientras hacía anotaciones al margen.

Alex permanecía de pie frente al tablero, con los brazos cruzados, observando las fotografías del caso Bradford.

De vez en cuando miraba a Hannah por encima del hombro. No para ver qué escribía. Para verla a ella. Y ella lo sentía. Se le curvaba un poco la boca cada vez.

Y Joe tecleaba con tanta velocidad sobre el portátil que parecía dispuesto a atravesar el teclado.

Tecleaba rápido porque por fin no le temblaban las manos. Porque por primera vez sentía que lo que encontraba importaba.

Durante varios minutos solo se escuchó el sonido constante de las teclas. Hasta que Joe soltó un pequeño resoplido de sorpresa.

—Vale... eso es raro.

Alex ni siquiera se giró.

—En esta investigación eso no reduce mucho las opciones.

Joe negó con la cabeza.

—No, en serio.

Hannah levantó la vista del expediente.

—Joe tiene razón —hizo una pausa. —Últimamente nuestro estándar ha pasado de "preocupante" a "potencialmente aterrador".

Alex asintió con absoluta seriedad.

Mirando a Hannah mientras lo decía. Con esa sonrisa contenida que solo le salía con ella. Joe lo vio. Lo anotó mentalmente. Segundo roce del día.

—Es una clasificación bastante precisa.

Joe giró la pantalla del portátil hacia ellos.

—He vuelto a revisar los registros digitales.

Alex arqueó una ceja.

—¿Otra vez?

—La primera vez estaba demasiado ocupado pensando que era el principal sospechoso.

Hannah sonrió.

—Punto para Brown.

Y le rozó el antebrazo al pasarle la carpeta. Un gesto corto, maternal, orgulloso. Joe se puso rojo hasta las orejas. No estaba acostumbrado a que el contacto no fuera para corregirlo.

Joe le devolvió una sonrisa casi sin darse cuenta. Y aquello seguía resultándole extraño. No sonreír. Sino lo fácil que empezaba a resultarle hacerlo. Le dolían un poco las mejillas de sonreír. Llevaba semanas sin usar esos músculos.

Hacía apenas unas semanas apenas levantaba la vista de la mesa. Ahora discutía con ellos como si llevaran años trabajando juntos.

Y quizá, pensó Hannah, era exactamente lo que necesitaba. Sentirse parte de algo. Y lo pensó con un nudo dulce en la garganta. Porque ella sabía lo que era llegar a un sitio sintiendo que no merecías estar.

—¿Qué has encontrado? —preguntó.

Joe amplió varios documentos.

—Los archivos manipulados llegaron a mi terminal desde una cuenta interna temporal.

Alex se giró de inmediato.

Se acercó. Demasiado cerca de Hannah. Su brazo rozó su hombro. Hannah no se apartó. Al contrario, se inclinó un poco más hacia él para ver la pantalla. Joe vio el roce. Vio cómo Hannah contenía la respiración medio segundo.

—¿Temporal?

—Creada pocos días antes de la muerte de Bradford.

—¿Y después?

Joe respiró hondo.

—Desapareció.

Alex frunció el ceño.

—¿La cerraron?

Joe negó despacio.

—No —miró a ambos. —La eliminaron.

La sala quedó completamente en silencio.

—¿Eliminada? —repitió Hannah.

—No archivada. No desactivada —Joe señaló la pantalla. —Eliminada.

Alex dio un paso hacia el portátil. Y al hacerlo apoyó una mano en el respaldo de la silla de Hannah, sin darse cuenta. O dándose cuenta perfectamente. Sus dedos quedaron a dos centímetros de su nuca. Hannah sintió el calor de su mano y se mordió el labio.

—¿Puedes recuperarla?

—No del todo.

—Pero… —Joe asintió. —Puedo demostrar que existió.

Hannah dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—Alguien creó una cuenta fantasma.

—Sí.

—Manipuló información.

—Sí.

—Se aseguró de que esos archivos terminaran en tu ordenador.

—Sí.

—Y después borró cualquier rastro.

Joe volvió a asentir.

—Exactamente.

Alex soltó lentamente el aire. Aquello era incluso peor de lo que imaginaban. Porque significaba que Joe jamás había sido el problema. Alguien había construido todo un escenario para convertirlo en el culpable perfecto.

—Te utilizaron.

La voz de Hannah fue tranquila. Pero por dentro se le revolvió todo. Porque sabía lo que era que te usaran por ser joven y tener ganas de demostrar.

Joe bajó la mirada.

Aquellas dos palabras le hicieron más daño del que esperaba.

Porque durante semanas se había repetido exactamente lo contrario. Que había fallado, que no había sido suficientemente cuidadoso, que había decepcionado a Bradford, que había decepcionado a todo el equipo.

Se le encogió el pecho. Se miró las manos. Las tenía sudadas. Las escondió debajo de la mesa, avergonzado.

—No lo sé...

Alex lo observó unos segundos. Con esa mezcla de dureza y cariño que solo Alex tenía. Queriendo decirle "no fue culpa tuya" sin sonar blando.

—Claro que lo sabes.

Joe levantó la vista.

—Alex...

—Si creyera que eres culpable, ya estarías esposado.

Silencio. Brutalmente directo. Muy Alex.

Joe parpadeó. Con los ojos brillantes. Con la boca entreabierta, como si no supiera si reír o llorar.

Y Hannah tuvo que esconder una sonrisa. Porque aquella era, probablemente, la forma más sincera que tenía Alex de ofrecer apoyo. Sonaba a amenaza. Pero era cariño.




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