Fuego y Hielo

Capítulo 8: Parte 6

El Nuevo Equipo

La sala de reuniones se había convertido en una especie de segundo hogar durante las últimas semanas.

No era especialmente cómoda. Las sillas eran incómodas, la máquina de café del pasillo producía algo que probablemente incumplía varias leyes sanitarias y la pizarra estaba tan llena de fotografías, fechas y flechas que parecía la obra de alguien con serios problemas para dormir.

Pero allí estaban. Otra vez.

Hannah revisaba una carpeta mientras tomaba notas al margen. Alex estaba de pie frente al tablero, observando las fotografías del caso Bradford con los brazos cruzados. Y Joe tecleaba tan rápido en su portátil que parecía dispuesto a atravesar el teclado.

Durante varios minutos solo se escuchó el sonido de las teclas. Hasta que Joe soltó un pequeño ruido de sorpresa.

—Vale... eso es raro.

Alex ni siquiera se giró.

—En esta investigación eso no reduce mucho las opciones.

—No, en serio.

—Joe lleva razón —intervino Hannah alzando los ojos—. Últimamente el estándar es "potencialmente aterrador".

Joe giró la pantalla hacia ellos.

—He estado revisando otra vez los registros digitales.

—Otra vez —repitió Alex.

—Porque la primera vez estaba ocupado pensando que era un posible sospechoso.

—Punto para Brown —dijo Hannah.

Joe sonrió. Aquello seguía resultando extraño. No la sonrisa. La facilidad con la que aparecía.

Semanas atrás apenas levantaba la vista de la mesa. Ahora discutía con ellos como si llevaran años trabajando juntos. Y quizás, pensó Hannah, era exactamente lo que necesitaba. Sentirse parte de algo.

—¿Qué has encontrado? —preguntó.

Joe señaló varios archivos.

—Los documentos manipulados llegaron a mi terminal desde una cuenta interna temporal.

Alex se giró inmediatamente.

—¿Temporal?

—Creada pocos días antes de la muerte de Bradford.

—¿Y después?

—Eliminada.

La sala quedó en silencio. Joe respiró hondo.

—No archivada. No cerrada. Eliminada.

Alex se acercó a la pantalla.

—¿Puedes recuperarla?

—No completamente.

—Pero...

—Pero puedo demostrar que existió.

Hannah dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—Alguien creó una cuenta fantasma.

—Sí.

—Manipuló información.

—Sí.

—La hizo llegar hasta ti.

—Sí.

—Y después borró sus huellas.

Joe asintió.

—Exactamente.

Alex soltó un largo suspiro. Aquello era peor de lo que esperaban. Porque significaba que Joe nunca había sido el problema. Alguien había preparado el escenario para que pareciera culpable.

—Te utilizaron —dijo Hannah suavemente.

Joe bajó la mirada. Aquella frase le golpeó más de lo que esperaba. Porque durante semanas se había repetido exactamente lo contrario. Que había fallado. Que no había sido suficientemente cuidadoso. Que había decepcionado a Bradford. Que había decepcionado a todos.

—No lo sé —murmuró.

Alex lo observó unos segundos.

—Claro que lo sabes.

Joe levantó la vista.

—Alex...

—Si creyera que eres culpable, ya estarías esposado.

Silencio.

Brutalmente directo. Muy Alex. Joe parpadeó. Y Hannah tuvo que esconder una sonrisa. Porque era exactamente el tipo de apoyo emocional que Alex era capaz de ofrecer. Parecía una amenaza. Pero era cariño.

—Vaya forma tan bonita de demostrar confianza —comentó ella.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Joe soltó una risa inesperada. Y después otra. Y de pronto los tres estaban sonriendo. Por primera vez desde que comenzó el caso. No porque el caso hubiera mejorado. Sino porque ellos sí lo habían hecho.

La siguiente hora pasó entre teorías, fechas y conexiones.

Y poco a poco algo empezó a resultar evidente. Funcionaban bien juntos. Sorprendentemente bien.

Cuando Hannah planteaba una hipótesis, Alex encontraba los puntos débiles. Cuando Alex se obsesionaba con una línea de investigación, Hannah detectaba lo que estaba pasando por alto. Y Joe encontraba conexiones digitales que ninguno de los dos habría visto jamás.

No competían. Se complementaban.

—Si la cuenta se creó desde dentro —dijo Hannah—, entonces quien la abrió conocía los protocolos.

—Y sabía exactamente qué documentos necesitaba alterar —añadió Alex.

—Y tuvo acceso a información que no debería haber tenido —completó Joe.

Los tres se quedaron callados. Luego se miraron. Y hablaron exactamente al mismo tiempo.

—Alguien sigue dentro.

Silencio.

Joe los observó.

—Vale.

—¿Qué? —preguntó Alex.

—Eso.

—¿Eso qué?

—Habéis dicho exactamente la misma frase.

—Casualidad.

—Claro.

—Fue casualidad —añadió Hannah.

Joe señaló a ambos.

—Y acabáis de hacerlo otra vez.

Hannah soltó una carcajada. Alex se llevó una mano a la cara.

—No empieces.

—Yo no he dicho nada.

—Brown.

—Solo estoy observando.

—Deja de observar.

—Soy policía. Literalmente es mi trabajo.

Hannah ya estaba riéndose abiertamente. Y Joe decidió que había llegado el momento.

—Escuchad.

—No.

—Ni siquiera sabes qué voy a decir.

—Lo sé perfectamente.

—No puedes saberlo.

—Brown.

Joe apoyó los codos sobre la mesa.

—Solo digo que cuando os caséis...

Alex le lanzó una mirada asesina.

—...yo debería ser el padrino.

Hannah casi se atragantó de la risa. Alex cerró los ojos. Como un hombre que acaba de perder la voluntad de vivir.

—¿Perdón? —consiguió decir Hannah.

—Creo que es razonable.

—¿Razonable?

—Muchísimo.

—Brown.

—Además, he sufrido todo este proceso emocional con vosotros.

—¿Qué proceso emocional?

—El vuestro.

Alex cogió una carpeta. Joe levantó ambas manos.

—Violencia policial.

—Todavía no.

—He oído una amenaza implícita.




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