Fuego y Hielo

Capítulo 9: Parte 2

La llegada

El mejor restaurante de North Harbour no era especialmente grande. Precisamente por eso, gustaba tanto. No tenía la elegancia artificial de los locales diseñados para impresionar a turistas ni el lujo exagerado de los restaurantes de las grandes ciudades. Tenía algo mejor: personalidad. Las ventanas daban directamente al puerto. Desde algunas mesas podía verse el reflejo del sol sobre el agua. Desde otras, los barcos de pesca, entrando y saliendo lentamente. Y desde prácticamente cualquier rincón podía olerse el mar.

Ian Sullivan llegó primero. Como siempre. Puntual. Impecablemente vestido. Perfectamente peinado, afeitado y calculado.

Amanda llegó apenas unos minutos después. El vestido azul marino que llevaba parecía sacado de una revista de moda. Elegante, sobrio y costoso.

Ian se levantó para apartarle la silla. Amanda sonrió. Una sonrisa agradable, educada, pero no especialmente íntima. Porque aquella diferencia seguía existiendo. Amanda miraba a Ian como una posibilidad. Ian miraba a Amanda como una comodidad. Y ambos lo sabían.

-Bonito sitio -comentó Amanda mientras observaba el puerto a través del ventanal.

-Hannah siempre tuvo gustos peculiares -respondió Ian acomodándose en la silla.

Amanda arqueó una ceja.

-¿Peculiares?

-Si me hubieras preguntado hace diez años dónde se sentiría feliz, jamás habría dicho que en un pueblo pequeño del norte.

Amanda no respondió. Porque llevaba tiempo sospechando que Ian entendía mucho menos a Hannah de lo que creía.

Antes de que pudiera decir nada más, la puerta principal volvió a abrirse. Y apareció Hannah Jones.

Ian tardó apenas un segundo en darse cuenta de algo. Ella lo había hecho a propósito. El vestido que llevaba con estampado floral con colores suaves. El pelo parcialmente recogido. Todo. Absolutamente todo.

Durante años había insistido en que aquel tipo de ropa le parecía demasiado informal, demasiado poco elegante y juvenil. Y Hannah acababa de presentarse exactamente así. Como una declaración de guerra silenciosa.

Connor entró detrás de ella. Y apenas vio a Ian puso una sonrisa educada que duró exactamente tres segundos. Después desapareció.

Hannah lo notó. Ian y Amanda, también. Connor parecía incapaz de ocultar nada.

-Hola -saludó Hannah acercándose a la mesa.

-Hola -respondió Amanda con una sonrisa sincera.

Ian se levantó para darle dos besos. Hannah ofreció uno. Y dio medio paso atrás antes de que pudiera acercarse más. La diferencia fue tan pequeña que cualquier otra persona podría no haberla percibido. Pero Ian sí. Y aquello no le gustó.

Connor tomó asiento junto a su madre.

Y apenas habían pasado dos minutos cuando volvió a abrirse la puerta.

Esta vez fue Hannah quien se quedó inmóvil. Porque Alex acababa de entrar. Y por alguna razón completamente injusta, el hombre había decidido arreglarse. Mucho, demasiado. La camisa verde oscura resaltaba sus ojos. La americana clara le daba un aspecto más adulto, elegante y peligroso. Y el pelo, normalmente despeinado por pura pereza, parecía haberse encontrado accidentalmente con un peine.

Alex levantó la vista. Buscando la mesa. Y en cuanto encontró a Hannah sonrió. Naturalmente. Sin esfuerzo. Como si verla fuera lo mejor que le había pasado aquella mañana. El corazón de Hannah dio un pequeño salto traicionero.

-Oh, no... -murmuró Connor.

-¿Qué pasa? -preguntó Hannah sin apartar la vista.

-Nada.

Connor sonrió.

-Solo que esto va a ser divertidísimo.

-Connor.

-Nada, nada.

Alex se acercó. Y entonces Amanda se puso de pie de golpe.

-¡Alex!

Alex parpadeó. Se detuvo. Frunció ligeramente el ceño. Y de pronto la reconoció.

-¿Amanda?

La sonrisa que apareció en su rostro fue inmediata. Genuina. Los dos se abrazaron. Un abrazo rápido, cariñoso y natural. Como dos personas que se alegraban sinceramente de volver a verse.

Y Hannah sintió algo muy desagradable. Muy concreto. Muy reconocible. Celos.

-¿Por qué lo abraza? -pensó.

Un segundo después llegó otro pensamiento.

-¿Y por qué él se deja?

Y después otro peor.

-¿Y por qué sonríe así?

Hannah tomó un sorbo de agua. Con demasiada fuerza. Connor la observó. Estaba encantado con su reacción.

-Mamá.

-¿Qué?

-Nada.

-Connor.

-Solo estoy observando.

-No observes.

-Demasiado tarde.

Al otro lado de la mesa, Alex seguía hablando con Amanda.

-No me puedo creer que estés aquí -decía ella riendo.

-Yo tampoco.

-La última vez que te vi estabas discutiendo con un profesor.

-Era un imbécil.

-Era el director.

-Sigo manteniendo mi postura.

Amanda soltó una carcajada. Hannah apretó la mandíbula. Alex la hacía reír demasiado. Amanda se dio cuenta. Y eso solo empeoró las cosas.

Porque también vio cómo Alex lanzaba pequeñas miradas hacia Hannah entre frase y frase. Como si comprobara constantemente que seguía allí. Como si no pudiera evitarlo.

Ian también empezó a notarlo. Y aquello le resultó bastante menos divertido.

-Parece que os conocéis bien -comentó.

Amanda asintió.

-Bastante.

-Boston es más pequeño de lo que parece -añadió Alex tomando asiento.

-Especialmente cuando tienes amigos en común.

Amanda sonrió.

-Y especialmente cuando eres imposible de olvidar.

Alex resopló.

-Ya estamos.

-¿Qué?

-Esa mirada significa problemas.

-Porque te conozco.

-Precisamente por eso.

Amanda volvió a reírse. Y Hannah volvió a sentir una punzada absurda, ridícula, irracional pero muy real.

Alex giró la cabeza. Y la sorprendió observándolo. Durante apenas un segundo. Los ojos de ambos se encontraron. Y Hannah apartó la mirada inmediatamente. Demasiado tarde. Porque Alex había visto perfectamente el rubor. Y porque Alex, para su desgracia, también estaba teniendo exactamente el mismo problema.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.