El mejor equipo
La mañana siguiente amaneció cubierta por una niebla ligera que se aferraba al puerto de North Harbour como un recuerdo que se negaba a marcharse.
La comisaría estaba tranquila. Demasiado tranquila.
Y Hannah sabía perfectamente por qué ella no lo estaba. Amanda. Otra vez.
La imagen de Amanda abrazando a Alex seguía apareciendo en su cabeza de forma completamente inoportuna. Lo peor era que ni siquiera existía un motivo racional. Amanda no había hecho nada. Alex tampoco. Pero aquello no impedía que le molestara. Y eso la irritaba todavía más.
Cuando entró en la sala de investigación, Alex ya estaba allí. Sentado frente al ordenador. Una taza de café humeaba junto a una montaña de carpetas. Llevaba las mangas remangadas y el ceño ligeramente fruncido mientras revisaba documentos.
Al escuchar la puerta levantó la cabeza. Y sonrió. Inmediatamente, como siempre.
—Buenos días, Inspectora Jones.
Aquella sonrisa seguía teniendo el mismo efecto que cuando tenían diez años. Y Hannah lo odiaba.
—Buenos días.
Alex la observó durante unos segundos.
—¿Has dormido mal?
—No.
—Mentirosa.
—No soy una mentirosa.
—Has tardado exactamente tres segundos en responder. Eso te delata.
—Eres insoportable.
—Y tú has dormido mal.
Antes de que pudiera seguir insistiendo, la puerta volvió a abrirse. Joe apareció con tres cafés y una caja de bollos.
—Buenos días, Jefes. ¿Ya estamos discutiendo?
—No. —Respondieron ambos al mismo tiempo.
Joe se quedó inmóvil. Luego suspiró.
—Perfecto. Empezamos fuerte.
El Equipo Bradford vuelve a funcionar
Una hora después la sala parecía una guerra entre carpetas y documentos.
Registros bancarios, informes antiguos, listados de llamadas, movimientos del casino, notas personales de Bradford. La investigación avanzaba lentamente pero avanzaba.
Joe trabajaba en el ordenador; Hannah organizaba cronologías; y Alex revisaba por enésima vez las anotaciones personales de Bradford.
Y entonces volvió a ocurrir. Lo que siempre ocurría.
—Joe. ¿Puedes buscar todos los movimientos asociados a esta empresa? —preguntó Hannah.
—Ya lo estoy haciendo. —respondió Alex.
Hannah levantó la vista.
—Todavía no había dicho cuál era.
—Harbour Trading Group. —añadió él.
Silencio.
Joe giró lentamente la cabeza.
—Vale. Eso empieza a dar miedo.
—¿El qué? —preguntó Hannah.
—Acabas de pedir algo. Y él ya sabía exactamente qué ibas a pedir.
—No es para tanto. —dijo Alex.
—Alex.
—¿Sí?
—Es muchísimo.
Los celos de Hannah
Durante varios minutos consiguieron trabajar en paz. Hasta que apareció una referencia a Boston.
Fue un gran error.
—Este registro viene de Massachusetts. —comentó Joe.
Alex asintió distraídamente.
—Conozco la zona.
Hannah levantó la cabeza.
—Claro.
Alex reconoció inmediatamente aquel tono.
—Oh, no.
—¿Qué?
—Ese "claro".
Joe dejó de teclear.
—¿Qué significa ese "claro"?
—Nada. —respondió Hannah.
—Mentira. —dijeron Alex y Joe al mismo tiempo.
Hannah los fulminó con la mirada.
—Amanda también vivía por allí, ¿no? —preguntó.
Alex tuvo que esconder una sonrisa.
—Sí.
—Interesante.
—No especialmente.
—¿Y cuánto tiempo fuisteis amigos?
—Unos años. Mientras duró su relación con mi amigo David.
—¿Y no volvisteis a veros?
—No.
—¿Y antes hablabais mucho?
—Hannah…
—¿Qué?
—¿Estás interrogándome?
—No te estoy interrogando.
—Llevas siete preguntas seguidas.
Joe ya no intentaba ocultar la risa.
—Ocho. Contando esa.
Hannah cogió una carpeta. Joe decidió que era prudente volver a mirar el ordenador.
La revancha de Alex
Veinte minutos después llegó la respuesta.
—Por cierto. —dijo Alex.
Hannah levantó la vista.
—¿Qué?
—¿Ian te llamó anoche?
Joe cerró los ojos. Perfecto.
—Sí. Estuvimos hablando.
—¿Hablasteis mucho tiempo?
—Lo normal.
—¿Y qué es normal?
—Alex…
—Solo pregunto.
—No.
—¿No?
—No. Estás haciendo exactamente lo mismo que hice yo.
Joe empezó a reírse.
—Gracias. Por fin alguien lo ha dicho.
Alex intentó parecer inocente. Fracasó miserablemente.
—¿Va a quedarse mucho tiempo en North Harbour? —preguntó.
—No lo sé.
—¿Y te lo ha dicho?
—Alex…
—¿Qué?
—Para.
—No sé de qué hablas.
Joe levantó una mano.
—Yo sí. Y es divertidísimo.
Joe los descubre
Finalmente Joe dejó caer el bolígrafo.
—Vale.
Silencio.
—¿Os pasa algo?
—No. —La respuesta volvió a salir exactamente al mismo tiempo.
Joe señaló con el dedo.
—Eso.
—¿Qué? —preguntó Hannah.
—Eso que hacéis.
—No hacemos nada. —dijo Alex.
—Exacto.
Joe se dejó caer sobre la silla.
—Lleváis media hora interrogándoos mutuamente sobre esa Amanda y ese Ian.
Silencio.
—Y ninguno de los dos es especialmente sutil.
Hannah se puso roja y Alex miró los documentos. Joe sonrió.
—Eso pensaba.
La pista
La diversión terminó diez minutos después. Porque Joe encontró algo. Algo importante.
—Esperad.
La sala quedó en silencio. Joe giró la pantalla.
—Creo que estamos haciendo la pregunta equivocada sobre el caso.
Alex levantó la vista.
—¿Cómo?
Joe señaló las notas de Bradford.
—Llevamos días investigando quién quería incriminarme.
—Sí.
—Pero Bradford no estaba investigando eso.
Silencio.
—Entonces ¿qué investigaba? —preguntó Hannah.
Joe abrió varios documentos.
—Harbour Trading Group aparece diecisiete veces en sus notas.