Fuego y Hielo

Capítulo 9: Parte 6

La Primera Mano NegraSiguiendo el hilo

La lluvia había empezado unas horas antes. No era una tormenta. Ni siquiera una lluvia especialmente intensa. Solo esa llovizna persistente que parecía formar parte del ADN de North Harbour. Las gotas resbalaban por las ventanas de la comisaría mientras el cielo gris envolvía el puerto en una neblina suave.

Dentro, sin embargo, el ambiente era muy distinto. Porque nadie estaba pensando en el tiempo. Ni en el café, ni en la hora, ni siquiera en volver a casa.

La nota de Bradford seguía abierta en la pantalla principal. La misma frase, la misma maldita frase, la que había conseguido que el silencio se apoderara de la sala durante la mañana.

"No puedo confiar en nadie dentro del sistema."

Alex llevaba varios minutos observándola. Sin hablar, ni moverse apenas. Solo mirando.

Joe lo observó de reojo. Conocía aquella expresión. Había empezado a reconocerla durante los últimos días. Era la cara que ponía Alex cuando dejaba de mirar pruebas y empezaba a reconstruir personas. Porque eso era lo que hacía mejor que nadie. No investigaba documentos. Investigaba seres humanos.

—Sigues pensando en Bradford. —dijo Joe finalmente.

Alex no apartó la vista de la pantalla.

—Sí.

—¿En qué exactamente?

Esta vez tardó unos segundos en responder.

—Estoy intentando entender cuándo empezó a tener miedo.

El sonido de un teclado se detuvo. Hannah levantó la cabeza.

—¿Miedo?

Alex asintió lentamente.

—Mira las notas. Las primeras son normales.

Se acercó a una de las carpetas.

—Organizadas y metódicas. Son las notas de un policía investigando. —pasó varias páginas.—Pero aquí cambia. —Otra página. —Y aquí también.

Hannah se levantó de su silla. Se colocó a su lado. Joe hizo lo mismo. Los tres observaron las hojas. Y ahora era imposible no verlo. La letra, las palabras, la presión del bolígrafo. Todo era distinto. Las últimas anotaciones parecían escritas por alguien que intentaba atrapar algo antes de que desapareciera.

—Tenía prisa. —murmuró Hannah.

Alex asintió: —Sí.

—Y cada vez más prisa. —añadió ella.

Joe frunció el ceño.

—Eso no significa necesariamente que estuviera asustado.

—No. —respondió Alex. —Pero significa que sabía que se estaba quedando sin tiempo.

La sala volvió a quedarse en silencio. Porque los tres entendieron lo mismo. Bradford estaba siguiendo algo. Y en algún momento había comprendido que aquello podía alcanzarlo antes de que él encontrara las respuestas.

Tobías levantó la cabeza desde su rincón junto a la pared. Observó brevemente a Alex. Y volvió a apoyar el hocico sobre las patas.

Hannah regresó a su mesa.

—Voy a revisar todos los accesos posteriores a la muerte.

—Yo los movimientos relacionados con Harbour Trading Group. —dijo Alex.

—Y yo intentaré reconstruir la actividad de la cuenta fantasma. —añadió Joe.

Durante la siguiente hora apenas hablaron. El único sonido era el de los teclados. Las páginas pasando. La lluvia golpeando suavemente las ventanas.

Pero entonces ocurrió algo. Algo que Joe empezaba a considerar inquietantemente habitual.

—Alex. —dijo Hannah de repente.

—Ya lo estoy viendo. —respondió él.

Joe levantó la cabeza.

—¿Qué estás viendo?

—Los accesos. —respondieron ambos al mismo tiempo.

Joe parpadeó.

—Vale. Eso ya no es normal.

Hannah ni siquiera pareció escucharlo. Se levantó. Caminó hasta la mesa de Alex.

—Los registros modificados aparecen después de cada consulta de Bradford al casino.

Alex ya estaba revisando exactamente la misma línea temporal.

—Y siempre dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes.

—Exacto.

Joe observó alternativamente a uno y otro. No habían compartido la teoría. No habían hablado. Simplemente habían llegado al mismo punto. Otra vez. Y lo más extraño era que ninguno parecía sorprenderse. Como si aquello fuera completamente normal. Como si llevaran haciéndolo toda la vida. Y quizá era exactamente eso.

Alex empezó a escribir algo en una libreta. Una vieja costumbre que se negaba a abandonar. Hannah se inclinó para mirar por encima de su hombro.

—¿Qué haces?

—Intento ordenar la cabeza de Bradford.

Ella observó las palabras, fechas, flechas, conexiones, nombres. No era una cronología. Era un mapa mental. La forma en que Alex veía las investigaciones. La forma en que veía a las personas.

—Ya no estás leyendo sus notas —dijo Hannah en voz baja.

Alex levantó la vista. Y durante un instante sus ojos se encontraron.

—No. —Su voz sonó extrañamente tranquila. —Estoy intentando pensar como él.

El silencio que siguió fue distinto. Porque Hannah comprendió exactamente lo que significaba. Alex estaba empezando a ocupar el lugar que Bradford había dejado vacío. No como sustituto. Como heredero de la investigación. Y por primera vez desde la reapertura del caso, una sensación incómoda comenzó a abrirse paso en su interior.

Una sensación que no tenía nada que ver con Amanda, ni con Ian, ni con los celos. Tenía que ver con algo mucho peor. Si alguien había seguido manipulando pruebas después de la muerte de Bradford… Si alguien seguía teniendo acceso a los archivos… Si alguien había protegido aquella mentira durante años… Entonces también sabía que ellos estaban investigando.

La idea apareció de repente nítida e inquietante. Y por primera vez Hannah no vio el caso Bradford como un misterio. Lo vio como una amenaza. Una amenaza que seguía respirando. En algún lugar de North Harbour. 🔎🧭🌧️

Las indirectas continúan

La tensión provocada por la nota de Bradford tardó bastante en desaparecer. Durante casi una hora nadie habló de nada que no estuviera relacionado con la investigación. Ni siquiera Joe se atrevió a romper aquella concentración.

Y precisamente por eso fue tan evidente cuando ocurrió.




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