Fuego y Hielo

Capítulo 10: Parte 2

La llamada de Ian

El murmullo constante de la comisaría llegaba amortiguado hasta el despacho de Hannah.

Sobre la mesa se acumulaban informes relacionados con el caso Bradford. Había pasado la última media hora revisando las declaraciones de varios trabajadores del puerto cuando el teléfono móvil vibró junto al teclado del ordenador.

La pantalla mostró un nombre que, unas semanas antes, le habría provocado un nudo en el estómago.

Ian Sullivan.

Hannah permaneció unos segundos observándolo. No sintió ansiedad. No sintió culpa. Ni esa necesidad de preparar mentalmente cada palabra antes de responder.

Simplemente respiró hondo y descolgó.

-Hola, Ian.

-Hola, Hannah.

La voz de Ian sonó tranquila. Educada. Tan medida como siempre.

-¿Te pillo trabajando?

Hannah sonrió levemente.

-En la comisaría siempre estamos trabajando.

Él dejó escapar una risa suave.

-Supongo que esa respuesta era previsible.

Durante unos segundos ninguno habló.No era un silencio incómodo. Era más bien el de dos personas que buscaban la mejor forma de comenzar una conversación importante.

Finalmente fue Ian quien rompió el silencio.

-He estado pensando mucho estos días.

Hannah permaneció callada.

-Creo que las últimas conversaciones que hemos tenido no han sido precisamente... sencillas.

-No.

-Y tampoco creo que ninguno de los dos haya dicho realmente todo lo que necesitaba decir.

Ella apoyó la espalda en el respaldo de la silla. Escuchaba con atención. Sin tensión. Sin necesidad de adivinar hacia dónde quería conducir la conversación.

Ian continuó con el mismo tono pausado.

-No te llamo para discutir. Ni para convencerte de nada. Solo me gustaría que pudiéramos hablar con tranquilidad. Como dos personas que compartieron una parte importante de su vida.

Hannah cerró lentamente la carpeta que tenía abierta.

-Te escucho.

-Preferiría que no fuera por teléfono.

Ella guardó silencio unos segundos.

-¿Qué propones?

-Comer juntos. Solo eso. Una conversación sin reproches, sin prisas, sin intentar cambiar lo que ya ha pasado.

Hannah notó que sus palabras no despertaban ninguna tormenta interior. Aquello fue, quizá, lo que más la sorprendió. Meses atrás habría analizado cada matiz. Se habría preguntado si Ian seguía enamorado de ella. Si todavía existía una posibilidad. Si debía darle otra oportunidad.

Ahora no. Ahora solo escuchaba a un hombre que necesitaba cerrar una historia. Y comprendía perfectamente ese sentimiento. Porque ella también necesitaba cerrarla.

-¿Cuándo? -preguntó con calma.

Ian pareció agradecer que no hubiera rechazado la conversación de inmediato.

-Mañana. Si te viene bien.

Hannah abrió la agenda que descansaba junto al ordenador. Revisó mentalmente el horario de la investigación. Tenían varias entrevistas durante la mañana. La tarde estaba más despejada.

-Podría ser a la una y media.

-Perfecto.

Se produjo un nuevo silencio. Esta vez algo más breve.

Ian habló de nuevo.

-Gracias por aceptar escucharme.

Hannah respondió con absoluta sinceridad.

-Creo que algunas conversaciones merecen terminarse cara a cara.

Al otro lado de la línea, Ian sonrió.

-Me alegra oírte decir eso.

Ella también sonrió. Pero por un motivo completamente distinto. Ya no hablaba movida por la culpa. Ni por la incertidumbre. Lo hacía porque había comprendido que cerrar una historia con honestidad también era una forma de respetar a la otra persona.

No quería desaparecer de la vida de Ian dejando preguntas sin responder.

Porque ella sabía mejor que nadie lo que podía hacer una despedida incompleta. Nueve años atrás había cometido ese mismo error con Alex. Y jamás volvería a repetirlo.

-Entonces... mañana -dijo Ian.

-Mañana.

Se sorprendió al descubrir que su corazón seguía latiendo exactamente al mismo ritmo. No había nervios. No había dudas. No había esperanza de recuperar lo perdido. Solo una certeza serena.

Aquella llamada no era el comienzo de nada. Era, simplemente, la oportunidad de cerrar la última puerta que todavía permanecía entreabierta antes de seguir caminando hacia el futuro que, por fin, había decidido construir.

El lugar cambia todo

Hannah todavía sostenía el teléfono junto al oído cuando Ian añadió, casi como si fuera un detalle sin importancia:

-He reservado mesa en el restaurante del Hotel Casino.

Aquellas palabras hicieron que su mente cambiara inmediatamente de dirección.

No porque el lugar tuviera ningún significado sentimental. Todo lo contrario.

Sus ojos dejaron de fijarse en la ventana del despacho y descendieron instintivamente hasta el tablero de corcho situado frente a su mesa. En él había fotografías, mapas, nombres, fechas.

Y, en una esquina, una imagen aérea del Hotel Casino North Harbour. El restaurante ocupaba la última planta del edificio. Con vistas a la Playa Norte, al Faro y al embarcadero. Y con acceso directo a varias zonas privadas del complejo.

Mientras Ian continuaba hablando al otro lado del teléfono, Hannah apenas escuchaba ya la mitad de sus palabras. Su cerebro había empezado a trabajar como el de una inspectora.

¿Quién suele comer allí entre semana?

¿Coincidirá algún directivo de Harbour Trading Group?

¿Habrá reuniones relacionadas con el casino?

Su mirada se desvió hacia otra fotografía clavada con una chincheta roja. La de Eliah Bradford. El inspector asesinado. Debajo de la imagen había varias anotaciones manuscritas.

Hotel Casino.

Harbour Trading Group.

Transferencias pendientes.

Personal aún sin identificar.

No podía ignorar aquella coincidencia.

-...dicen que tienen el mejor arroz del pueblo.

La voz de Ian la devolvió al presente.

-Perdona. ¿Decías?

Ian rió con suavidad.




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