Camino al instituto
El timbre que anunciaba el final de las clases de verano resonó por todo el colegio.
Connor salió el primero por la puerta principal con la mochila colgada de un solo hombro. Tobías apareció detrás moviendo la cola con tanta energía que casi hizo tropezar a Dylan.
-¡Eh! -protestó él entre risas-. Tu perro está intentando sabotear la operación.
Connor sonrió mientras sujetaba el collar.
-No está saboteando nada. Solo tiene hambre.
-Como siempre -añadió Chloe.
Claire sacó del bolsillo una pequeña libreta de tapas azules. La misma donde habían ido apuntando todas las conclusiones de la Operación Fuego y Hielo.
Desde hacía varios días, aquella investigación se había convertido en la aventura favorita del grupo.
Connor miró a sus amigos.
-Bueno... ¿Seguimos?
Los cuatro respondieron casi al mismo tiempo.
-¡Sí!
Comenzaron a caminar por las calles de North Harbour en dirección al instituto.
El sol de mediodía iluminaba el puerto y el aire olía a sal.
Durante unos minutos nadie habló. Parecía que todos estaban esperando a que Connor retomara la conversación.
Finalmente fue Dylan quien rompió el silencio.
-Entonces... ¿Cómo terminó la comida de tu madre con Ian?
Connor sonrió con tranquilidad.
-Todavía no ha sido.
-¿Y no estás preocupado?
Connor negó con la cabeza.
-Antes sí. Ahora ya no.
Chloe lo miró con curiosidad.
-¿Por qué has cambiado de idea?
Connor tardó unos segundos en responder. Mientras caminaba, recordó la conversación que había mantenido con su madre aquella mañana. La serenidad con la que había hablado de Ian. La forma en que había pronunciado el nombre de Alex. Todo era distinto.
-Porque ya sé que mi madre no quiere volver con Ian.
Los tres amigos intercambiaron una rápida mirada.
Claire fue la primera en hablar.
-¿Te lo ha dicho?
Connor sonrió.
-No exactamente. Pero ya no hace falta que lo diga. Se nota.
-¿Cómo que se nota? -preguntó Dylan.
Connor se encogió de hombros.
-Está feliz. Muchísimo. Sonríe todo el tiempo. Tararea canciones mientras prepara el desayuno. Y... -bajó un poco la voz, como si fuera un secreto. -Creo que hasta sonríe cuando nadie la está mirando.
Chloe sonrió con ternura.
-Eso es bastante buena señal.
Connor asintió convencido.
-Sí. Además... -hizo una pequeña pausa. -Hoy he visto cómo miraba a Alex.
Los tres esperaron en silencio.
-Y no miras así a alguien si quieres volver con otra persona.
Claire cerró despacio la libreta.
-Entonces... ¿La Operación Fuego y Hielo ha terminado?
Connor negó inmediatamente.
-No. Creo que acaba de cambiar.
Los demás fruncieron el ceño.
-¿Cómo que cambiar?
Connor respiró hondo.
Hasta hacía unos días estaba convencido de que necesitaba entrevistar a todos los antiguos novios de su madre. Pensaba que alguno de ellos tendría la respuesta. Ahora ya no.
-Antes quería saber quién había sido el mejor novio de mi madre. O por qué rompía con todos. Pero creo que esa no era la pregunta correcta.
Los demás permanecieron completamente atentos.
Connor continuó.
-Miles dijo que, cuando aparecía Alex, todo cambiaba.
Hubo un breve silencio.
-Y mamá me contó que nunca dejó de querer a Alex -bajó la vista unos segundos antes de añadir: -Creo que ahora necesito entender otra cosa.
-¿Cuál? -preguntó Chloe.
Connor levantó la cabeza.
-Qué pasó para que dos personas que se querían tanto acabaran separándose y dejaran de hablarse durante 9 años.
Aquella pregunta dejó pensativos a los cuatro. Incluso Dylan, que normalmente era el primero en hacer una broma, permaneció callado.
Claire volvió a abrir la libreta. En la última página escribió un nuevo título.
Nuevo objetivo.
Después levantó la vista.
-Entonces ya no estamos buscando antiguos novios.
Connor negó lentamente.
-No. Estamos reconstruyendo la historia. La historia de mamá y de Alex.
Aquellas palabras sonaron mucho más maduras de lo que él mismo esperaba.
Y, por primera vez desde que habían iniciado la Operación Fuego y Hielo, sintió que ya no estaba jugando a ser detective.
Estaba intentando comprender a dos personas. Comprender por qué el amor, a veces, no bastaba para evitar que dos caminos se separaran.
Dylan rompió el silencio.
-¿Y quién es el siguiente?
Connor sacó del bolsillo el papel doblado donde había anotado los nombres que Eleanor le había dado. Lo desplegó con cuidado. Solo quedaban dos.
Sonrió.
-Justin Martin.
Claire levantó una ceja.
-¿Quién es?
-Profesor de Filosofía en el instituto.
-¿Creéis que nos recibirá?
Connor dobló de nuevo el papel.
-No lo sé. Pero si habla igual de bien de mi madre que Miles...
Hizo una pequeña pausa.
-Creo que estamos a punto de descubrir algo muy importante.
Los cuatro reanudaron la marcha.
A lo lejos ya podía verse el edificio del instituto de North Harbour.
Connor levantó la vista hacia él. Por alguna razón, tenía la sensación de que aquella visita sería diferente a las anteriores. Ya no buscaba culpables. Ni pruebas. Ni siquiera respuestas fáciles. Buscaba entender.
Y, aunque todavía no lo sabía, estaba a punto de escuchar un testimonio que cambiaría por completo la forma en que entendía la historia de Alex y Hannah.
El edificio del Instituto North Harbour permanecía casi vacío.
Con las vacaciones de verano ya comenzadas, los pasillos habían perdido el bullicio habitual de los alumnos. Solo algún profesor terminaba papeleo antes de marcharse definitivamente hasta septiembre y un par de conserjes aprovechaban aquellos días para revisar las aulas.
Connor empujó la puerta principal con cierta timidez.