Connor en la comisaría
La mañana en la comisaría transcurría con la calma engañosa de los días en los que parecía no ocurrir nada.
Alex revisaba varios informes del caso Bradford apoyado sobre el escritorio de Hannah mientras ella comparaba unas anotaciones con las declaraciones recogidas durante la última semana.
Joe Brown trabajaba frente a tres monitores distintos, escribiendo líneas de código a una velocidad que hacía imposible seguir el movimiento de sus dedos.
El silencio solo se rompía por el sonido de los teclados y el murmullo de la cafetera del pasillo.
Hasta que la puerta principal se abrió de golpe.
—¡Buenos días!
La voz infantil resonó por toda la comisaría.
Connor apareció con una enorme sonrisa, la mochila colgada de un hombro y Tobías caminando orgulloso a su lado.
Varias cabezas se levantaron al mismo tiempo.
—¡Hombre! —exclamó la agente Sarah entre risas—. Ya está aquí nuestro inspector más joven.
Connor saludó llevándose dos dedos a la frente.
—Buenos días, agente.
Sarah negó divertida.
—Cada día saludas con un protocolo distinto.
—Estoy probando cuál queda mejor.
Las risas se extendieron por la sala.
Connor continuó avanzando. Saludó al recepcionista. Preguntó a uno de los agentes si habían conseguido identificar unas huellas de un caso antiguo. Le dio un trozo de galleta a Tobías. Y terminó deteniéndose frente al escritorio de Hannah.
—Hola, mamá.
Ella levantó la vista de los documentos y sonrió inmediatamente.
—Hola, campeón.
Se inclinó para darle un beso en la frente.
—¿Qué haces aquí tan pronto?
—Hoy salíamos antes. Y como Eleanor tenía que ir a hacer unas compras… Pensé que podía venir un rato.
Alex sonrió desde el otro lado del despacho.
—Creo que la verdadera razón era comprobar que seguimos haciendo bien nuestro trabajo.
Connor se giró hacia él.
—Eso también.
Alex soltó una carcajada.
—Menos mal que tenemos supervisión.
Connor caminó hasta su mesa.
—¿Habéis descubierto ya quién mató al inspector Bradford?
Hannah levantó una ceja.
—¿Así, sin más?
—Había que intentarlo.
Alex cruzó los brazos.
—Lamentablemente seguimos trabajando en ello.
Connor suspiró exageradamente.
—Pues vais un poco lentos.
—¿Ah, sí? —preguntó Hannah.
—En las películas lo resuelven en hora y media.
Joe, que llevaba varios minutos escuchando la conversación sin apartar la vista de las pantallas, no pudo contener la risa.
—Eso es porque no tienen que rellenar informes.
Connor caminó inmediatamente hacia él.
Los tres monitores llamaban demasiado la atención como para ignorarlos.
—¿Qué estás haciendo?
Joe giró ligeramente la silla.
—Intentando recuperar unos archivos borrados.
Connor abrió mucho los ojos.
—¿Con recuperación por sectores?
Joe parpadeó sorprendido.
—¿Sabes lo que es eso?
Connor se encogió de hombros.
—Vi varios vídeos. Y desmonté un ordenador viejo de Eleanor.
Alex levantó la vista con curiosidad.
—Eso no lo sabía.
Connor sonrió orgulloso.
—Luego conseguí volver a montarlo.
Joe arqueó una ceja.
—¿Y funcionó?
Connor guardó silencio un segundo.
—Bueno… Encendía.
Joe soltó una carcajada.
—Eso ya es un buen comienzo.
Durante los siguientes minutos ambos comenzaron a hablar como si se conocieran desde hacía años.
Joe le enseñó algunos programas de análisis forense.
Connor le hizo preguntas sobre seguridad informática, videojuegos y cómo recuperaban información de teléfonos móviles.
Cada explicación despertaba dos preguntas nuevas.
Alex observaba la escena apoyado en el marco de la puerta.
—Creo que acabamos de perder a Joe.
Hannah sonrió sin apartar la vista de Connor.
—¿Por qué?
—Porque ya tiene aprendiz.
Joe levantó un dedo sin girarse.
—No descarto contratarlo dentro de diez años.
Connor negó inmediatamente.
—Ocho.
Toda la oficina volvió a estallar en carcajadas. Incluso Joe tuvo que admitir la derrota.
—Vale. Ocho. Pero tendrás que aprender a hacer café.
—Trato hecho.
Mientras seguían hablando, Hannah contempló la escena con una sonrisa imposible de ocultar.
Connor parecía completamente integrado allí. Se movía entre los agentes con una naturalidad sorprendente. Todos lo saludaban por su nombre. Todos le respondían con cariño. No era el hijo de la inspectora.,Era simplemente Connor. Y eso la hacía inmensamente feliz.
Alex se acercó despacio hasta colocarse a su lado. Sin dejar de mirar al niño, murmuró:
—Tiene un don para hacer sentir cómodos a los demás.
Hannah asintió con orgullo.
—Siempre ha sido así.
Alex sonrió mientras veía a Connor discutir con Joe sobre qué consola tenía mejores juegos.
—Creo que acaba de ganarse otro amigo.
Hannah giró ligeramente la cabeza hacia él.
—¿Sabes qué es lo mejor?
—¿Qué?
—Que nunca intenta caer bien. Simplemente... es él.
Alex permaneció unos segundos observando al niño. Después sonrió con esa mezcla de ternura y admiración que últimamente aparecía cada vez que Connor estaba cerca.
—Ojalá nunca deje de serlo.
Hannah siguió su mirada. Sintió un nudo cálido en el pecho. Ver a Alex sonreír mientras observaba a Connor se había convertido, sin que ninguno de los dos lo supiera, en uno de sus momentos favoritos del día.
Y esa certeza hizo que el secreto que todavía guardaba resultara, una vez más, un poco más difícil de sostener.
La conversación entre Connor y Joe se alargó casi media hora.
Sobre la mesa del informático ya había un portátil abierto, un disco duro desmontado y una pequeña placa electrónica que Joe utilizaba para explicarle cómo recuperaban información borrada.