De vuelta a la comisaría
El trayecto de regreso desde el puerto transcurrió en un agradable silencio.
No era uno de esos silencios incómodos que obligaban a buscar cualquier tema de conversación. Era un silencio compartido, tranquilo, el de dos personas que ya no necesitaban llenar cada instante con palabras para sentirse cerca.
La camioneta de Alex recorrió lentamente las calles de North Harbour mientras la radio sonaba muy baja de fondo.
Hannah apoyaba un brazo sobre la ventanilla abierta. El viento desordenaba algunos mechones que habían escapado de su coleta.
Alex la observó de reojo apenas un instante. Sonreía. Y él volvió a sonreír también.
Apenas unos minutos antes habían estado bailando en el puerto como dos adolescentes.
Ahora regresaban a la comisaría para enfrentarse a un asesinato, un topo infiltrado y una investigación cada vez más compleja.
Y, sin embargo, ninguno sentía que ambas cosas fueran incompatibles. Todo lo contrario. Los dos parecían más fuertes desde que habían dejado de esconderse lo que sentían.
La fachada de la comisaría apareció al final de la calle.
Alex aparcó en su plaza habitual. Apagó el motor.
Durante un instante permanecieron sentados, disfrutando del último segundo de tranquilidad antes de volver al trabajo.
Fue Hannah quien rompió el silencio.
-¿Preparado?
Alex sonrió.
-Siempre.
Ella abrió la puerta.
-Mentiroso.
Él soltó una pequeña risa.
-Vale... preparado en un setenta por ciento.
-Eso ya me cuadra más.
Los dos bajaron del vehículo.
En cuanto cruzaron la puerta principal de la comisaría, ocurrió algo que ninguno de los dos necesitó decidir conscientemente.
La sonrisa relajada dio paso a una expresión concentrada. Los gestos se volvieron más precisos. Las conversaciones personales quedaron aparcadas. No porque quisieran esconderlas. Simplemente porque sabían separar perfectamente una cosa de la otra.
Dentro de aquellas paredes eran, ante todo, inspectores.
-Buenas tardes, jefa.
-Buenas, Mallory.
Varios agentes los saludaron mientras atravesaban la sala principal.
Ellos respondieron con la misma naturalidad antes de dirigirse directamente hacia la zona de investigación.
Joe ya los esperaba. Estaba sentado frente a sus tres monitores, completamente absorto en una maraña de ventanas abiertas, gráficos y líneas de código. Ni siquiera levantó la vista cuando oyó acercarse unos pasos.
-Habéis tardado exactamente una hora y treinta y siete minutos.
Alex arqueó una ceja.
-¿Nos estabas cronometrando?
-No.
Miró por fin hacia ellos con media sonrisa.
-Pero cuando llevo mucho rato delante del ordenador necesito cualquier excusa para descansar la vista.
Hannah dejó una carpeta sobre la mesa.
-¿Has encontrado algo?
Joe respiró hondo.
-Creo que sí.
Y cuanto más miro... menos me gusta.
Aquella frase bastó para cambiar por completo el ambiente.
Alex dejó de apoyarse relajadamente sobre el escritorio.
Hannah cogió una libreta.
Los tres formaban ya, casi sin darse cuenta, el mismo triángulo de trabajo que había empezado a consolidarse durante los últimos días.
Joe giró uno de los monitores hacia ellos.
-He seguido intentando recuperar los archivos dañados del servidor antiguo. No ha sido fácil. Alguien sabía bastante bien lo que hacía.
Alex cruzó los brazos.
-¿Has conseguido recuperar algo útil?
Joe asintió lentamente.
-Más de lo que esperaba. Pero también he descubierto algo que no esperaba encontrar.
Hannah se acercó un paso más a la pantalla.
-¿El qué?
Joe abrió una nueva carpeta llena de documentos parcialmente reconstruidos. Había informes incompletos, fotografías deterioradas, registros con páginas enteras desaparecidas. Algunos documentos aparecían llenos de espacios en blanco donde antes debía de haber información. Otros conservaban únicamente los encabezados.
Alex observó la pantalla durante unos segundos. Después habló casi para sí mismo.
-Esto no parece un fallo informático.
Joe negó.
-Porque no lo es. Alguien dedicó mucho tiempo a borrar información concreta. No intentó destruir la base de datos. Intentó hacer desaparecer determinadas piezas.
Hannah permanecía inmóvil. Su mente ya empezaba a trabajar.
-Entonces... No debemos preguntarnos qué falta. Debemos preguntarnos por qué precisamente falta eso.
Joe sonrió.
-Exactamente.
Alex levantó la vista hacia Hannah.
Los dos pensaban lo mismo. La comida en el puerto había quedado atrás. También el baile, la canción. En aquel instante solo existía una pregunta.
¿Qué estaba intentando ocultar el topo?
Joe apoyó ambas manos sobre la mesa.
-Creo que hemos encontrado la primera grieta.
Alex y Hannah intercambiaron una rápida mirada.
La investigación acababa de entrar en una nueva fase. Y los tres tuvieron exactamente la misma sensación.
Por primera vez desde la muerte del inspector Bradford... La verdad empezaba a defenderse.
Joe deslizó el teclado hacia el centro de la mesa.
Las tres pantallas mostraban ventanas distintas del servidor antiguo de la comisaría. En una aparecían registros parcialmente recuperados. En otra, un programa de reconstrucción de archivos seguía trabajando sobre cientos de fragmentos dañados. La tercera mostraba un complejo historial de accesos al sistema.
Alex y Hannah se situaron uno a cada lado de Joe, casi de manera automática. Ya ni siquiera parecía que cada uno tuviera un papel distinto. Funcionaban como una única unidad.
Joe señaló la pantalla principal.
-He conseguido reconstruir aproximadamente un treinta por ciento de los documentos que habían sido eliminados.
Alex silbó por lo bajo.
-Mucho más de lo que esperaba.