Fuego y Hielo

Capítulo 10: Parte 8

Las compras

La tensión de la persecución parecía haber quedado atrás junto con el uniforme.

Poco antes de las seis de la tarde, Alex llegó al punto de encuentro frente al pequeño mercado del puerto. Había cambiado la camiseta negra que había llevado durante la operación por una camiseta azul marino de manga corta y unos vaqueros. El reloj deportivo seguía en su muñeca y los tatuajes de sus antebrazos quedaban completamente al descubierto bajo la luz cálida del atardecer.

Apoyado contra su camioneta, sonrió al ver acercarse a Hannah y Connor.

Ella también se había cambiado. Había dejado atrás la ropa de servicio para ponerse unos vaqueros claros, unas zapatillas blancas y una sencilla camiseta de manga corta en color crema. El cabello seguía recogido en una coleta alta que se balanceaba ligeramente con cada paso.

Connor caminaba entre los dos mundos. Una pequeña mochila colgada a la espalda. Una gorra azul. Y una libreta en la mano que no había soltado en toda la tarde.

Nada más llegar, la abrió con absoluta solemnidad.

-He hecho la lista definitiva.

Alex arqueó una ceja, divertido.

-¿Definitiva? Pensaba que llevábamos tres listas definitivas.

-Esta sí es la buena.

-Eso dijiste de las otras dos.

-Porque todavía no había pensado en todo.

Hannah soltó una carcajada.

-No le lleves la contraria. Lleva desde que salió del casa organizando la excursión.

Connor comenzó a pasar páginas.

-A ver... Comida, bebidas, hielo, protector solar, gorras, toallas.,Un botiquín.

Alex asintió con exagerada seriedad.

-Bien. Muy profesional.

Connor sonrió satisfecho.

-Y también prismáticos.

-¿Para qué?

-Por si vemos delfines.

Alex fingió reflexionar unos segundos.

-Argumento aceptado.

-Y una red.

-¿Una red?

-Para coger cangrejos.

-También aceptado.

-Y...

Hannah levantó una mano.

-Connor.

El niño la miró.

-No vamos a vaciar toda la tienda.

Él frunció el ceño con gesto pensativo.

-Es verdad...

Hizo una pausa.

-Entonces quitamos las galletas.

Alex abrió mucho los ojos.

-¿Cómo que quitamos las galletas?

Connor sonrió con picardía.

-Era una prueba. Quería ver si estabas atento.

Alex se llevó una mano al pecho.

-Menos mal. Ya pensaba que habías perdido el juicio.

Los tres estallaron en una risa que hizo girarse a varias personas que paseaban por el puerto.

Entraron juntos en el supermercado.

Connor avanzaba unos pasos por delante, consultando su libreta como si dirigiera una expedición científica.

-Primero los bocadillos. Después la fruta. Luego las bebidas. Y al final las patatas.

Alex se inclinó hacia Hannah mientras el niño se detenía frente a la sección de zumos.

-Creo que mañana no navegamos.

Ella lo miró divertida.

-¿No?

-No. Creo que Connor pretende abastecer una vuelta al mundo.

Hannah tuvo que contener la risa.

-Lleva toda la tarde diciéndome que en alta mar hay que estar preparado para cualquier emergencia.

Alex observó al niño elegir cuidadosamente varias botellas de agua.

-Tiene espíritu de capitán.

-Lo ha heredado de alguien.

Alex sonrió de lado.

-Espero que no de tí.

-¿Por qué?

-Porque entonces mañana acabaremos perdidos en mitad del océano.

-Conociéndote...

-¿Sí?

-Probablemente terminarías encontrando una isla donde hacer una barbacoa.

Alex soltó una carcajada.

-Eso suena bastante bien.

Fueron llenando poco a poco el carrito.

Connor discutía con absoluta seriedad qué tipo de fruta resistía mejor un día entero en el barco.

Alex defendía las tortillas de patatas preparadas.

Hannah insistía en añadir algo de verdura "por responsabilidad maternal".

-Mamá...

-¿Qué?

-No puedes llevar zanahorias a una excursión en barco.

-¿Y por qué no?

Connor la miró como si la respuesta fuera evidente.

-Porque nadie ha vivido una gran aventura comiendo zanahorias.

Alex apoyó ambas manos en el carro.

-Tengo que darle la razón.

Hannah negó con la cabeza.

-Los dos sois imposibles.

-No -corrigió Connor muy serio. -Somos exploradores.

Alex levantó una mano.

-Exactamente.

Ella los observó durante unos segundos. Los dos discutían ahora sobre si era imprescindible llevar una baraja de cartas "por si cambiaba el tiempo".

Connor hablaba. Alex lo escuchaba con una atención absoluta.,Le respondía con la misma importancia con la que habría hablado con un adulto.,Nunca lo trataba como si sus ideas fueran tonterías. Y Connor florecía bajo esa forma de mirarlo.

Hannah sintió un calor agradable en el pecho. No había nada extraordinario ocurriendo. Solo tres personas haciendo la compra para pasar un día en el mar.

Y, sin embargo, aquella escena le parecía una de las más bonitas que había vivido en muchísimo tiempo.

No porque estuvieran enamorados. No porque existiera un secreto que todavía debía revelar. Sino porque, por primera vez desde que había regresado a North Harbour, todo resultaba sorprendentemente sencillo.

Sin proponérselo. Sin ponerle nombre. Sin hacer promesas.

Ella, Alex y Connor empezaban a construir algo que se parecía muchísimo a un hogar.

Cuando terminaron de guardar las últimas bolsas en la parte trasera de la camioneta de Alex, Connor dio un par de pasos hacia el paseo marítimo y se volvió hacia ellos con una expresión de absoluta seriedad.

-Falta una cosa.

Alex y Hannah intercambiaron una mirada.

-¿El qué? -preguntó Hannah.

Connor suspiró como si la respuesta fuera evidente.

-Celebrarlo.

Alex arqueó una ceja.

-¿Celebrar una compra?

-No.

Celebrar que mañana empieza la aventura.

Hannah sonrió.

-¿Y cómo propones celebrarlo, capitán?




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