Confía en mí
El amanecer llegaba despacio a North Harbour.
El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y rosados mientras los primeros rayos de sol se reflejaban sobre la superficie tranquila del mar. El puerto deportivo despertaba poco a poco. Algunos pescadores preparaban sus embarcaciones para salir a faenar, las gaviotas sobrevolaban los pantalanes lanzando sus característicos graznidos y una ligera brisa movía las banderas instaladas junto al club náutico.
Alex llevaba allí desde hacía más de media hora. Vestía una camiseta negra de manga corta que dejaba al descubierto los tatuajes de sus antebrazos, unos pantalones cortos deportivos azul marino y unas zapatillas cómodas. Mientras comprobaba por última vez el estado del velero, revisaba con calma cada detalle: los cabos, las defensas, el depósito de combustible, la radio, el botiquín. La nevera portátil que habían preparado la tarde anterior.
No era porque dudara de haberlo dejado todo listo. Simplemente le gustaba hacerlo así. Navegar le enseñó hacía años que el mar siempre premiaba la preparación.
Tobías, sentado en la cubierta, observaba cada movimiento de su dueño moviendo la cola con impaciencia, como si también supiera que aquel iba a ser un día especial.
Alex terminó de asegurar una cuerda y sonrió al perro.
-¿Preparado, compañero?
Tobías respondió con un breve ladrido.
-Yo también.
No recordaba la última vez que había esperado un día con tanta ilusión.
Ni siquiera cuando había compuesto alguna canción importante. Ni cuando consiguió ascender dentro de la policía.
Aquella sensación era distinta.Mucho más sencilla y más profunda.
Escuchó unos pasos acercándose por el pantalán.
Levantó la vista.
Hannah caminaba hacia el barco acompañada por Connor.
Ella llevaba unos vaqueros claros, unas zapatillas blancas y una camiseta azul marino de manga corta. El cabello oscuro lo recogía en una coleta alta que se balanceaba con cada paso. Sin uniforme, sin placa y sin la tensión permanente de los últimos días, parecía varios años más joven.
Connor, en cambio, parecía incapaz de caminar. Saltaba. Se adelantaba. Volvía atrás. Llevaba una pequeña mochila azul a la espalda, una gorra y una sonrisa tan enorme que resultaba imposible no contagiarse.
-¡Alex! -gritó desde varios metros antes.
Alex levantó una mano saludándolo.
-Buenos días, capitán.
-¡He traído la lista!
-¿Qué lista?
Connor abrió la mochila mientras seguía caminando.
-La lista de comprobación.
Alex soltó una carcajada.
-¿También tenemos inspección?
-Claro -sacó varias hojas dobladas cuidadosamente. -He apuntado todo.
Alex las cogió divertido.
-Protector solar... Agua... Bocadillos... Fruta... Botiquín...Toallas...Gorras... Prismáticos... Equipo de pesca...,Juegos de cartas...,Linterna... Incluso había añadido una última línea escrita con una letra algo más grande.
"Pasarlo muy bien."
Alex levantó la vista hacia Connor.
-Creo que esta es la parte más importante de toda la lista.
Connor sonrió orgulloso.
-Lo sabía.
Hannah observaba la escena unos pasos más atrás. No intervenía. Simplemente los miraba.
Cada vez le resultaba más natural ver a Connor hablando con Alex como si llevaran haciéndolo toda la vida.
Y cada vez le costaba más imaginar que aquello pudiera desaparecer algún día.
Connor guardó rápidamente las hojas otra vez. Después miró hacia Tobías.
-¡Tobi!
El pastor alemán movió la cola con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio.
Connor no esperó un segundo más. Subió la pasarela prácticamente corriendo.
-¡Voy a ayudar!
-Despacio -advirtió Hannah automáticamente.
-¡No corro!
-Connor...
-¡Solo camino muy rápido!
Alex soltó una risa.
-Déjalo. Tengo un marinero de primera.
Connor desapareció enseguida por cubierta siguiendo a Tobías, que parecía encantado de enseñarle cada rincón del barco.
En apenas unos segundos dejaron de oírse sus voces. Solo llegaban risas, ladridos y el ruido de algún compartimento abriéndose.
Alex negó con la cabeza sonriendo.
-Va a inspeccionar el velero entero.
-Y si encuentra algo fuera de su sitio, hará otra lista.
-No tengo ninguna duda.
Los dos rieron. Después el silencio volvió a instalarse entre ellos. No era un silencio incómodo. Todo lo contrario. Era uno de esos silencios tranquilos que solo existen entre personas que ya no sienten la necesidad de llenar cada segundo con palabras.
El mar golpeaba suavemente contra el casco. Una gaviota cruzó el cielo. A lo lejos, otro velero comenzaba a abandonar el puerto.
Alex apoyó una mano sobre la barandilla.
Hannah permaneció a su lado.
Ninguno parecía tener prisa. Sabían que, dentro de unos minutos, el día los llevaría por caminos distintos. Él navegaría con Connor. Ella tendría que afrontar la conversación pendiente con Ian.
Pero, por primera vez en mucho tiempo, esa separación no generaba incertidumbre. Solo era una pausa.
Porque ambos tenían la certeza de que, al final del día, seguirían caminando hacia el mismo lugar.
Connor asomó de pronto la cabeza desde cubierta.
-¡Alex!
-¿Sí?
-¡Creo que Tobías me ha nombrado segundo capitán!
Alex fingió sorpresa.
-¿Ah, sí?
-Bueno... todavía no ha ladrado dos veces. Pero creo que está pensándoselo.
Alex y Hannah rompieron a reír al mismo tiempo.
El niño volvió a desaparecer escaleras abajo convencido de que la promoción estaba a punto de hacerse oficial.
Cuando las risas se apagaron, Alex volvió lentamente la mirada hacia Hannah. Ella hizo lo mismo.
El mundo pareció detenerse durante unos segundos. Solo estaban ellos dos. Y el suave balanceo del mar anunciando que una nueva travesía estaba a punto de comenzar.