Fuego y Hielo

Capítulo 11: Parte 7

Flashback (2008)

Alex y Hannah 12 años

El concurso

La primera semana de enero siempre tenía algo extraño.

Las vacaciones de Navidad acababan de terminar y el instituto volvía a llenarse del ruido de cientos de alumnos que intentaban adaptarse otra vez a la rutina. Mochilas golpeando las taquillas, profesores llamando al orden y conversaciones que se cruzaban por los pasillos formaban una banda sonora tan habitual que casi nadie reparaba en ella.

Alex Mallory caminaba junto a Hannah Jones, Michael, Eleanor y Garreth hacia su aula.

Con doce años, los cinco se movían por el instituto con la confianza de quien llevaba toda la vida creciendo en el mismo pueblo.

—Os digo que este trimestre voy a sacar mejor nota en Matemáticas que Alex —proclamó Michael con una seguridad completamente injustificada.

Alex soltó una risa.

—Eso sí que sería noticia.

—¿No confías en mí?

—Confío en las matemáticas.

Garreth estalló en carcajadas.

—Ha durado poco tu ilusión.

—No os riáis tanto —protestó Michael—. Ya veréis.

Eleanor negó con la cabeza mientras sonreía.

—Lo que pasa es que estudias el día antes.

—Eso son detalles técnicos.

Hannah observaba la discusión divertida, aunque apenas intervenía. Llevaba un cuaderno sujeto contra el pecho y el pelo oscuro recogido en una coleta alta que no tardaría en deshacerse con el viento que entraba por las ventanas abiertas del edificio.

Cuando llegaron al vestíbulo principal, un grupo de alumnos se había detenido frente al tablón de anuncios.

—¿Qué pasa ahí? —preguntó Garreth.

Michael se abrió paso entre la gente con la curiosidad de siempre.

—Apartaos, que llega la prensa.

Alex levantó una ceja.

—Qué miedo.

Los cinco terminaron frente al tablón.

En el centro destacaba un cartel nuevo, impreso sobre cartulina azul marino.

CONCURSO DE SAN VALENTÍN

¿Escribes canciones?

Presenta una composición original.

La canción ganadora será interpretada durante el baile del 14 de febrero por el grupo del instituto:

NORTH HARBOUR

El autor podrá elegir permanecer en el anonimato si así lo desea.

Fecha límite de entrega: 31 de enero.

—Qué buena idea... —comentó Eleanor.

—Yo no sé escribir ni la lista de la compra —admitió Michael.

Garreth señaló el cartel.

—Lo mejor es que canta North Harbour.

—Cada vez suenan mejor —añadió Hannah con una sonrisa.

—El cantante tiene una voz increíble.

Michael fingió indignación.

—¿Y nadie habla del batería?

—Porque eres tú el que habla del batería todos los días.

Las risas volvieron a estallar.

Alex, sin embargo, permanecía completamente callado. Volvió a leer una frase del cartel.

"El autor podrá elegir permanecer en el anonimato."

No sabía exactamente por qué, pero aquellas palabras se quedaron flotando en su cabeza.

Hannah ya había empezado a caminar hacia clase.

—¿Vienes o piensas quedarte leyendo todo el tablón?

Alex tardó un segundo en reaccionar.

—Sí... ya voy.

Mientras recorrían el pasillo, la conversación cambió rápidamente hacia los exámenes y el entrenamiento de judo y taekwondo del fin de semana.

Solo Alex seguía pensando en el concurso. No porque quisiera ganar. Ni porque imaginara un escenario o unos aplausos. Lo que realmente ocupaba su cabeza era otra cosa.

Llevaba meses escribiendo frases sueltas en un cuaderno. Pequeños versos. Ideas que aparecían mientras navegaba con su padre, paseaba o regresaba andando a casa después del instituto.

Nunca había enseñado aquellos textos a nadie. Ni siquiera estaba seguro de que fueran canciones.,Simplemente... las escribía. Le ayudaban a ordenar pensamientos que todavía no sabía explicar.

Aquella misma tarde, después de terminar los deberes, Alex subió al pequeño altillo de la casa de los Mallory.

Era su rincón favorito.

Una ventana inclinada dejaba entrar la luz del atardecer y, desde allí, podía verse el puerto de North Harbour.

Abrió un cajón de madera. Sacó un cuaderno de tapas negras. Estaba casi lleno. No había dibujos, ni relatos. Solo frases. Versos incompletos. Ideas escritas con una letra todavía infantil.

Pasó lentamente las páginas. Había una que siempre terminaba leyendo.

"Hay personas que hacen que un lugar parezca casa."

Sonrió sin saber muy bien por qué.

Pensó en Hannah. En la facilidad con la que conseguía discutir con él durante cinco minutos y hacerle reír al sexto. En cómo siempre acababan uno al lado del otro, aunque hubieran empezado el día enfadados por cualquier tontería.

Nunca se había preguntado qué significaba exactamente todo aquello.

Solo sabía que cuando Hannah sonreía… Él también lo hacía.

Cogió un lápiz. Abrió una página en blanco. Escribió una única frase.

"Me hace feliz verte feliz."

Se quedó observándola durante varios segundos. No sabía de dónde había salido. Solo sabía que era verdad.

Y, por primera vez, pensó que quizá aquellas palabras podían convertirse en algo más.

Miró de nuevo por la ventana.

En el puerto, el faro comenzaba a encender su luz mientras el sol desaparecía lentamente en el horizonte.

Sin ser consciente de ello, acababa de dar el primer paso hacia la creación de algo que cambiaría su vida para siempre.

Todavía no existía Jay Fisher. Todavía no había una canción. Solo un niño de doce años que había descubierto que algunas emociones resultaban mucho más fáciles de escribir que de pronunciar.

Y sin saberlo, aquella tarde empezó a componer la primera página de la banda sonora de toda su historia junto a Hannah.

Las siguientes semanas transcurrieron con la rapidez propia de enero. Clases, entrenamientos de taekwondo. Deberes. Paseos por el puerto.




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