La sala de investigación había recuperado el silencio.
Las bromas del gimnasio parecían haber quedado muy lejos. Sobre la gran pizarra del Equipo Bradford seguían colgadas las fotografías del inspector Eliah Bradford, los planos del puerto, los movimientos bancarios de Harbour Trading Group y las imágenes del Casino Hotel que Hannah había reconstruido de memoria.
La luz blanca del flexo iluminaba el tablero mientras el resto de la comisaría iba apagándose poco a poco.
Joe terminó de escribir una última línea en su ordenador y giró la pantalla hacia sus compañeros.
—Creo que ya lo tengo.
Alex y Hannah se acercaron al mismo tiempo.
En la pantalla aparecía un esquema del puerto con varios muelles marcados en distintos colores.
Joe señaló uno de ellos.
—El North Star lleva atracado aquí doce días.
—¿Doce? —preguntó Hannah, frunciendo el ceño—. Es demasiado tiempo para un carguero de ese tamaño.
—Exacto.
Joe amplió la información.
—Según los registros oficiales, solo está realizando tareas de mantenimiento antes de zarpar hacia Canadá.
Alex permanecía en silencio. No miraba el ordenador. Miraba el tablero. Como si intentara encajar una pieza invisible.
—¿Qué pasa? —preguntó Hannah al darse cuenta de aquella expresión.
Él tardó unos segundos en responder.
—Que nada de esto tiene sentido.
Los dos esperaron. Sabían que, cuando Alex hablaba así, estaba construyendo una hipótesis. Se acercó a la pizarra y tomó un rotulador. Trazó una línea entre Harbour Trading Group y el North Star. Después otra hacia el Casino Hotel. Finalmente unió ambos puntos con la fotografía de Bradford.
—Hasta ahora hemos estado investigando personas —golpeó suavemente el tablero con el rotulador. —Pero creo que Bradford dejó de seguir a las personas hace tiempo.
Joe arqueó una ceja.
—¿Entonces qué seguía?
Alex dibujó un pequeño círculo alrededor del nombre de Harbour Trading Group.
—La infraestructura.
El silencio volvió a instalarse en la sala.
Hannah fue la primera en comprenderlo.
—No buscaba al responsable...
—Buscaba cómo funcionaba todo —terminó Alex.
Joe observó de nuevo el mapa del puerto.
—¿Crees que el barco forma parte de esa infraestructura?
Alex asintió despacio.
—Demasiadas casualidades. Harbour Trading Group aparece en las transferencias. El Casino Hotel sirve como punto de encuentro y ahora tenemos un carguero que permanece casi dos semanas inmovilizado sin una explicación lógica.
Hannah apoyó las manos sobre la mesa.
—No transporta solo mercancías.
Alex la miró.
—Eso pienso yo.
Ella terminó la idea.
—Transporta operaciones, documentación, dinero… Quizá incluso cambia la identidad de la carga antes de que salga del puerto.
Joe volvió a revisar los datos.
—Hay otra cosa —tecleó un par de veces y apareció un listado de contenedores.
—Los manifiestos de carga se han modificado tres veces en cuarenta y ocho horas.
Hannah levantó la vista.
—Eso no es normal.
—No —confirmó Joe. —Cada modificación sustituye un contenedor por otro, pero el peso total del barco nunca cambia.
Alex sonrió muy despacio.
—Porque no están cambiando mercancías. Están cambiando la documentación.
Joe asintió.
—Exactamente.
Durante unos segundos ninguno habló. La sensación era la misma que habían experimentado aquella mañana. Estaban cerca. Mucho más cerca de lo que les habría gustado admitir.
Alex respiró hondo.
—Tenemos que subir a ese barco.
Joe levantó inmediatamente la vista.
—¿Con una orden judicial?
Hannah negó lentamente.
—Cuando llegue la orden, no quedará nada.
Joe sabía que tenía razón. Si el North Star era realmente una pieza clave de la organización, cualquier movimiento oficial les daría tiempo suficiente para hacerlo desaparecer.
Alex desplegó un plano detallado del puerto sobre la mesa.
—Entraremos esta noche.
Joe suspiró.
—Ya imaginaba que ibais a decir eso.
Los tres comenzaron a rodear el plano. Durante casi media hora no hubo discusiones. Solo ideas que se completaban unas a otras.
—Aquí hay una cámara.
—La cubre un contenedor.
—Entonces entramos por este muelle.
—Demasiado visible.
—¿Y aprovechando el cambio de turno del vigilante?
—Mejor
Alex marcó una ruta con el rotulador azul. Hannah añadió una alternativa en rojo. Joe señaló una salida secundaria por la popa. Ninguno imponía su criterio. Cada propuesta mejoraba la anterior.
Aquello era exactamente lo que Bradford siempre había intentado construir. Un equipo donde cada capacidad potenciara la del resto.
—Entrada por el muelle siete.
—Salida principal por estribor.
—Salida alternativa por la cubierta superior.
—Punto de encuentro aquí.
—Cinco minutos máximos en cada zona.
—Nada de improvisar.
Joe levantó la cabeza al escuchar aquella última frase. Sonrió.
—¿Os dais cuenta de que acabáis de planificar una infiltración sin levantar la voz ni una sola vez?
Alex intercambió una mirada con Hannah. Ella se encogió ligeramente de hombros.
—Es más rápido así.
Joe negó con una sonrisa.
—No. Es que os entendéis demasiado bien.
Hannah fue a responder, pero terminó guardando silencio. Porque sabía que tenía razón. Ya no necesitaban discutir cada movimiento. Ni repartirse constantemente las tareas. Con una mirada bastaba para saber qué estaba pensando el otro.
Alex dobló cuidadosamente el plano.
—Entraremos, recogeremos toda la información posible y saldremos antes de que alguien note nuestra presencia.
Joe cruzó los brazos.
—Y si algo sale mal...
—Nos retiramos —respondieron Alex y Hannah al unísono.
Los tres se quedaron unos segundos en silencio. Joe soltó una carcajada.