El golpe metálico volvió a resonar sobre sus cabezas. Esta vez, más cerca.
Alex levantó una mano. Quietos. Los dos permanecieron inmóviles, conteniendo incluso la respiración.
El silencio regresó durante apenas unos segundos. Entonces llegó otro sonido. Voces muy amortiguadas y pasos. Más de uno.
Hannah dirigió la mirada hacia el techo.
—Cubierta superior —susurró.
Alex asintió casi imperceptiblemente. No eran marineros haciendo una ronda rutinaria. El ritmo de aquellos pasos era distinto, rápido, coordinado… Buscaban algo. O a alguien.
Un chasquido eléctrico rompió la oscuridad. Las luces de emergencia pasaron del tenue color rojizo a una iluminación blanca mucho más intensa. Toda la bodega quedó bañada por una claridad fría y artificial.
Alex maldijo entre dientes.
—Nos han localizado.
No había miedo en su voz. Solo una conclusión.
Hannah guardó la memoria externa y el cuaderno negro dentro de la bolsa estanca que llevaba cruzada al pecho. Después comprobó instintivamente que la cremallera estuviera completamente cerrada. Aquellas pruebas valían más que cualquier detención.
Alex ya estaba observando la estancia. No buscaba esconderse. Buscaba salir. Su mirada recorrió las dos puertas de acceso, las escaleras metálicas del fondo y una estrecha pasarela que comunicaba con otro compartimento. En su cabeza el barco comenzaba a convertirse en un plano tridimensional.
—Por la pasarela —murmuró.
Hannah ni siquiera preguntó por qué. Confiaba en que ya hubiera visto algo que ella aún no había percibido.
Salieron de la bodega justo cuando una alarma silenciosa empezó a parpadear en las esquinas del techo. No emitía sonido. Solo una luz ámbar intermitente.
—Qué detalle —comentó Alex mientras echaban a correr. —Así no despiertan a medio puerto.
Hannah soltó una breve risa.
—Muy considerados.
Doblaron el primer pasillo. Al fondo apareció una figura uniformada. El hombre tardó apenas un segundo en comprender que aquellos dos no pertenecían a la tripulación.
—¡Eh!
Alex reaccionó antes de que terminara de hablar. Agarró una pesada puerta cortafuegos y la empujó con todas sus fuerzas. La hoja metálica giró violentamente sobre sus bisagras.
El vigilante tuvo que apartarse para no recibir el impacto.
—Cinco segundos —dijo Alex.
Hannah ya estaba corriendo. No necesitaba preguntar para qué. Cinco segundos eran exactamente el tiempo que aquella puerta mantendría bloqueado el paso.
Cuando el vigilante consiguió volver a abrirla, ellos ya habían desaparecido.
Los pasillos del North Star parecían un laberinto. Escaleras estrechas, conductos, puertas idénticas, cruces que se repetían una y otra vez.
Sin embargo, Alex seguía avanzando con decisión.
—¿Estás improvisando? —preguntó Hannah mientras descendían otro tramo de escaleras.
—Jamás admitiría algo así.
Ella sonrió.
—Entonces tienes un plan.
—Más o menos.
—Eso no tranquiliza.
—A mí tampoco.
Las palabras apenas habían abandonado sus labios cuando escucharon otro grupo de pasos. Esta vez venían desde abajo.
Alex frenó en seco. Hannah también. Sin necesidad de hablar, ambos comprendieron la situación. Les estaban cerrando las salidas.
—Nos quieren llevar hacia popa —cijo Hannah.
Alex la miró sorprendido. Ella señaló el plano mental que ambos compartían.
—Allí solo hay una salida.
Él sonrió.
—Y es demasiado evidente.
—Exacto.
Los dos giraron al mismo tiempo hacia un corredor lateral. Ni una explicación, ni una orden. Solo confianza.
Atravesaron una pequeña sala de máquinas. El ruido de los motores auxiliares era ensordecedor. Las vibraciones recorrían el suelo metálico bajo sus pies.
Alex hizo un gesto señalándose el oído. No podían hablar. Hannah levantó el pulgar.Había entendido.
Al salir al siguiente compartimento, el silencio volvió de golpe. Y con él… Las voces.
—¡Han bajado!
—¡Revisad la sala de máquinas!
—¡No dejéis que lleguen a cubierta!
Alex y Hannah intercambiaron una mirada. Ya no cabía ninguna duda. No estaban intentando expulsarlos del barco. Intentaban impedir que salieran con lo que habían encontrado.
Eso significaba una sola cosa. Las pruebas eran auténticas.
Corrieron por un estrecho pasillo iluminado únicamente por tubos fluorescentes. Al llegar a una bifurcación, Hannah agarró suavemente la manga de Alex. Él se detuvo. Ella señaló una pequeña placa oxidada.
Cubierta de mantenimiento.
Después recordó uno de los planos que Joe había conseguido.
—Si esa señal sigue siendo correcta… —le susurró. "...nos lleva debajo del puente."
Alex comprendió inmediatamente. Era una zona llena de conductos. Estrecha, difícil de recorrer y perfecta para reducir la ventaja numérica de sus perseguidores.
—Buena vista —dijo con una sonrisa.
—No empieces.
—¿Qué?
—A decir que soy la mejor observadora.
—¿Y si es verdad?
Ella negó con la cabeza mientras seguía avanzando.
—Te estás volviendo muy pesado.
—Eso es porque paso demasiado tiempo contigo.
—Entonces el problema eres tú.
—Probablemente.
Las pullas continuaban apareciendo incluso mientras corrían. Y, contra toda lógica, aquello conseguía mantenerlos serenos.
Subieron por una escalera de mantenimiento tan estrecha que apenas podían avanzar uno detrás del otro. Alex fue primero. Al llegar arriba, abrió lentamente la trampilla. Asomó apenas unos centímetros. Cubierta despejada. Le hizo una señal. Hannah comenzó a subir. En ese mismo instante, una linterna apareció al otro extremo de la cubierta.
—¡Allí! —la voz resonó con fuerza.
Ya no había posibilidad de esconderse.
Alex agarró la mano de Hannah y tiró de ella para ayudarla a salir de la trampilla. Los dos echaron a correr.
El viento del puerto golpeaba con fuerza la cubierta superior. A un lado, el agua negra. Al otro, una hilera interminable de contenedores. Detrás de ellos empezaban a escucharse cada vez más pasos.