Fuego y Hielo

Capítulo 12: Parte 7.1

A un beso de distancia

Las puertas automáticas de Urgencias se abrieron con un suave zumbido.

El aire fresco de la noche recibió a Alex y Hannah cuando abandonaron el hospital.

Habían pasado varias horas desde el atentado.

Las radiografías, el TAC y el resto de las pruebas habían descartado cualquier lesión interna de gravedad. El diagnóstico era mucho mejor de lo que ambos habían temido: una profunda contusión en el costado y la espalda, numerosos hematomas y un corte en la frente que había necesitado varios puntos de sutura.

Dolía mucho pero estaba vivo. Y eso era lo único que realmente importaba.

Alex caminaba despacio, con una mano metida en el bolsillo del pantalón y la otra sujetando la pequeña bolsa con la medicación que le habían entregado al darle el alta.

Cada paso le recordaba el golpe. Hacía un esfuerzo evidente por disimularlo.

—Si sigues andando así...

Hannah rompió el silencio mientras avanzaban hacia el aparcamiento del hospital.

—...¿cómo?

—Como si fueras un anciano de ochenta años.

Alex soltó una risa que terminó convirtiéndose en una mueca.

—Eso ha sido cruel.

—Ha sido sincero.

Ella lo observó de reojo.

—Te duele.

—Un poco —le dedicó una mirada que dejaba claro que no se creía aquella respuesta.

—Alex...

Él levantó ambas manos en señal de rendición.

—Vale. Me duele bastante.

Ella negó despacio con la cabeza.

—Eso suena mucho más a ti.

Alex sonrió. Había algo tranquilizador en verla recuperar poco a poco aquella mezcla de firmeza y sentido del humor. Significaba que el miedo empezaba, por fin, a dejar espacio a la calma.

Llegaron hasta el coche de Hannah. Antes de abrir la puerta, ella sacó el teléfono móvil del bolsillo. Miró la pantalla unos segundos.

—Tengo que llamar a Connor.

Alex asintió inmediatamente.

—Claro.

Hannah marcó el número de Allison. La llamada apenas tardó unos segundos en establecerse.

—¿Hannah?

La voz de Allison sonó tranquila al otro lado.

—¿Cómo está Alex?

Hannah miró un instante al hombre que tenía delante. Él respondió con una pequeña sonrisa, como si quisiera tranquilizarla incluso desde la distancia.

—Está bien. Solo tiene golpes y algunos puntos en la frente. Le han dado el alta.

Escuchó un suspiro de alivio.

—Menos mal… —después la voz de Allison bajó ligeramente. —Connor está bastante preocupado. No ha dejado de preguntar por él.

Hannah sintió un pequeño nudo en la garganta.

—¿Está despierto?

—Sí. Quiere hablar contigo.

Unos segundos después escuchó la voz de su hijo.

—¿Mamá?

—Hola, campeón. ¿Cómo estás?

—¿Alex está bien?

No hubo ni un "hola" ni un "¿cómo estás tú?". La primera preocupación de Connor fue Alex. Hannah sonrió con ternura.

—Sí. Está conmigo. Le duele un poco el golpe, pero los médicos dicen que se pondrá bien.

Se hizo un pequeño silencio. Cuando Connor volvió a hablar, su voz sonaba mucho más baja.

—He tenido miedo.

Aquellas tres palabras atravesaron a Hannah. Cerró los ojos un instante.

—Yo también. Pero ya ha pasado. Todo va a salir bien.

Connor guardó silencio unos segundos más.

—¿Puedo hablar con él?

Hannah levantó la vista hacia Alex. Él ya estaba sonriendo antes incluso de recibir el teléfono.

—Claro que puedes.

Le entregó el móvil. Alex se lo acercó al oído.

—Hola, Primer Oficial.

Al otro lado se escuchó un inmediato:

—¡Alex!

Una sonrisa sincera apareció en su rostro.

—Vaya recibimiento...

—¿Te duele mucho?

Alex miró de reojo a Hannah antes de responder.

—He sobrevivido a cosas peores.

—¿Seguro?

—Segurísimo. Además… —bajó un poco la voz con tono confidencial. —Tu madre lleva toda la tarde regañándome.

Hannah abrió mucho los ojos.

—¡Te estoy oyendo!

Connor soltó una carcajada.

—Se lo merecía.

Alex fingió indignación.

—¿Tú también?

—Un poco. Porque casi te atropellan.

—Eso no ha sido culpa mía.

—Ya… Pero sigue siendo un lío.

Alex no pudo evitar reír. Aquella espontaneidad de Connor tenía el extraño poder de aliviar incluso los días más difíciles.

—¿Cuándo vuelves? —preguntó el niño.

—Ahora mismo vamos para casa.

—Quiero verte.

Aquellas palabras salieron con una naturalidad que emocionó a ambos adultos.

Alex tragó saliva antes de responder.

—Y yo a ti. Muchísimo.

Connor guardó unos segundos de silencio.

—Entonces te espero.

—Hecho.

Alex devolvió el teléfono a Hannah. Ella terminó la conversación con Allison.

—Gracias por quedarte con él. No sé qué habría hecho hoy sin ti.

—Para eso estamos. No os preocupéis por nada. En media hora estaremos allí.

—Conduce con cuidado.

—Lo haré —la llamada terminó.

Durante unos segundos ninguno habló. Alex seguía mirando la pantalla ya apagada del teléfono.

—Me estaba esperando —murmuró.

Hannah guardó el móvil en el bolso.

—Claro que te estaba esperando.

Él levantó la vista. Había algo nuevo en la expresión de Hannah. Una serenidad distinta.

—Se ha llevado un susto enorme —continuó ella. —Cuando le dije que te habían atropellado se quedó completamente blanco.

Alex desvió la mirada hacia el suelo. Aquel pensamiento le dolía más que cualquiera de los hematomas.

—No quería preocuparlo.

—Lo sé.

Ella dio un pequeño paso hacia él.

—Pero también necesitaba saber que estabas bien.

Sus ojos se encontraron. No hacía falta decir nada más. Los dos entendían perfectamente lo que aquello significaba. Connor ya no veía a Alex como un simple amigo de su madre. Su preocupación había nacido de un cariño mucho más profundo.

Y, de alguna manera, los dos empezaban a tomar todas sus decisiones pensando también en él. Sin necesidad de hablarlo. Simplemente ocurría.




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