Fuego y Hielo

Capítulo 12: Parte 9.1

Como en los cuentos

Veintiún años antes

Año 2004

El reloj del salón acababa de marcar las nueve de la noche cuando el timbre sonó por tercera vez en menos de diez minutos.

—¡Ya voy! —gritó la pequeña Hannah mientras cruzaba el pasillo a toda velocidad con unos calcetines de rayas que resbalaban peligrosamente sobre el suelo de madera.

Su madre apareció detrás riéndose.

—¡Más despacio! Como te caigas antes de abrir la puerta, la fiesta de pijamas se acaba antes de empezar.

—¡No me voy a caer! —y, por supuesto, estuvo a punto de hacerlo al tomar la última curva. Consiguió recuperar el equilibrio justo a tiempo.

Abrió la puerta de golpe. Al otro lado aparecieron Alex y Garreth. Los dos llevaban enormes mochilas a la espalda y un saco de dormir enrollado bajo el brazo.

Garreth levantó ambos brazos.

—¡Hemos llegado!

Alex sonrió con esa mezcla de entusiasmo y tranquilidad que parecía acompañarlo desde siempre.

—Hola.

Hannah cruzó los brazos.

—Llegáis tarde.

Alex miró exageradamente el reloj de plástico que llevaba en la muñeca.

—Llegamos exactamente dos minutos antes de la hora.

—Un minuto y cincuenta y ocho segundos —corrigió ella.

—Eso sigue siendo antes.

Ella fingió pensarlo.

—Mmm… Aceptable.

Garreth soltó una carcajada.

—Ya estáis compitiendo otra vez.

—No estamos compitiendo —respondieron Alex y Hannah exactamente al mismo tiempo.

Los dos se miraron. Después estallaron en una risa imposible de contener.

La madre de Hannah negó divertida con la cabeza.

—Entrad antes de que acabéis discutiendo sobre quién cruza primero la puerta.

Alex dio un paso atrás inmediatamente.

—Las damas primero.

Hannah arqueó una ceja.

—Qué raro.

—¿Qué?

—Que hoy no quieras ganar.

Alex sonrió con picardía.

—Ya ganaré después.

Ella le dio un pequeño empujón en el hombro al pasar junto a él.

—Soñar es gratis.

Él fingió llevarse una mano al pecho.

—Eso ha dolido.

—Pues imagínate cuando te gane mañana en la carrera hasta el puerto.

—Eso no va a pasar.

—Ya veremos.

Garreth observó el intercambio mientras entraba en la casa.

—Os lo pasáis demasiado bien llevando la contraria al otro.

Alex y Hannah se encogieron de hombros al mismo tiempo. Ninguno supo qué responder. Porque, en realidad, Garreth tenía razón. Aquellas pequeñas competiciones eran casi un idioma secreto entre ellos. Nunca existía mala intención. Solo el deseo constante de provocar una sonrisa, una carcajada o un nuevo desafío.

Cinco minutos después volvió a sonar el timbre. Esta vez eran Eleanor y Michael. Eleanor entró abrazando un enorme peluche blanco que casi era más grande que ella. Michael cargaba con una bolsa llena de videojuegos, cómics y una linterna.

—Traigo provisiones —anunció muy serio.

—¿Cuáles? —preguntó Alex.

Michael abrió la mochila como si estuviera mostrando un tesoro.

—Tres bolsas de patatas, dos de palomitas, regalices, nubes, chocolate. Y… —sacó triunfalmente un paquete de galletas. —Las de doble chocolate.

Garreth abrió mucho los ojos.

—¡Eres un héroe!

—Lo sé —respondió Michael con absoluta solemnidad.

Los cinco rompieron a reír.

La habitación de Hannah estaba completamente transformada.

Habían apartado parte de los muebles para dejar el mayor espacio posible. El suelo estaba cubierto de colchones, mantas de colores y cojines enormes. Había una montaña de sacos de dormir junto a la ventana. Sobre el escritorio descansaban varios juegos de mesa. Una lámpara proyectaba una luz cálida que hacía que toda la habitación pareciera un pequeño refugio.En una esquina esperaba el televisor con el reproductor de vídeo ya preparado. Y sobre la alfombra, la madre de Hannah había colocado una bandeja enorme llena de golosinas, refrescos y palomitas recién hechas.

Garreth silbó admirado.

—Esto es mejor que un campamento.

Michael dejó caer la mochila.

—Muchísimo mejor. Aquí hay comida.

Alex giró lentamente sobre sí mismo observando toda la habitación.

—Creo que no vamos a dormir nada.

Hannah soltó una carcajada.

—Ese es exactamente el plan.

Eleanor dejó el peluche sobre uno de los colchones.

—He traído a Copito porque nunca duerme fuera de casa.

Garreth miró al peluche.

—Creo que tampoco duerme dentro.

Eleanor le sacó la lengua.

—Pues duerme mejor que tú.

Alex cogió uno de los cojines y lo lanzó suavemente contra Michael.

—Empieza la guerra.

Michael lo atrapó al vuelo.

—Eso ha sido un grave error.

Cinco segundos después, toda la habitación era un caos. Los cojines volaban de un lado a otro. Garreth corría alrededor de los colchones intentando esquivar los proyectiles. Eleanor gritaba entre risas mientras protegía a Copito bajo una manta. Michael había construido una improvisada barricada con los sacos de dormir.,Y Alex...Alex seguía apuntando únicamente a Hannah. Ella lo descubrió enseguida.

—¡Eh! ¿Por qué solo me los tiras a mí?

Él sonrió.

—Porque eres la rival más difícil.

Hannah recogió dos cojines del suelo.

—Entonces prepárate.

Alex apenas tuvo tiempo de reaccionar. Los dos cojines impactaron casi al mismo tiempo.

Garreth levantó ambos brazos.

—¡Punto para Hannah!

—¡Eso ha sido suerte! —protestó Alex.

—No. Es talento —respondió ella con una sonrisa orgullosa.

Los dos volvieron a mirarse y volvieron a sonreír. Como si aquella competición fuera mucho más divertida que ganarla.

Desde el pasillo, la madre de Hannah asomó la cabeza.

—¡Nada de romper la lámpara!

Los cinco se quedaron completamente quietos.

—¡Vale! —respondieron al unísono.

Esperaron tres segundos. La puerta volvió a cerrarse.

Garreth susurró:

—¿Seguimos?




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