Fuego y Hielo

Capítulo 13: Parte 3

Los están vigilando

La comisaría olía exactamente igual que siempre a café recién hecho, papel y tinta.

El leve zumbido de las impresoras. Las conversaciones apagadas que llegaban desde la oficina principal.

Sin embargo, para Alex todo parecía distinto. Había cruzado aquellas puertas cientos de veces a lo largo de su carrera con prisa, sueño y la adrenalina de un aviso urgente o con el cansancio de una guardia interminable.

Aquella mañana caminaba más despacio. No solo porque las magulladuras del costado todavía tiraban cada vez que daba un paso demasiado largo. También porque, después del atentado, era incapaz de volver a mirar aquel edificio con la misma confianza de antes.

Sin decirlo, los dos sabían que algo había cambiado.

Hannah caminaba a su lado. No lo sujetaba. No hacía falta. Pero adaptaba inconscientemente el ritmo de sus pasos al de él.

Alex se dio cuenta enseguida. Sonrió de medio lado.

—Puedes caminar normal, ¿sabes?

Ella siguió mirando al frente.

—Lo estoy haciendo.

—No. Vas exactamente a mi velocidad.

—Ha sido casualidad.

Él soltó una pequeña risa.

—Claro, casualidad.

Hannah fingió no escucharlo. Pero la sonrisa que apareció en la comisura de sus labios la delató.

Al atravesar la sala principal, varias miradas se dirigieron hacia ellos. Algunos compañeros levantaron la mano a modo de saludo. Otros simplemente sonrieron con alivio al ver de nuevo a Alex allí.

—Mallory. Me alegro de verte en pie —comentó uno de los agentes.

—Yo también —respondió Alex. —Aunque mi médico no esté tan convencido.

Las risas relajaron el ambiente durante unos segundos.

Hannah respondió a un par de saludos antes de continuar caminando hacia la sala que utilizaban para las reuniones del equipo de investigación.

La puerta permanecía abierta. Joe ya estaba dentro. Había convertido la mesa en un pequeño caos perfectamente organizado: ordenadores abiertos, carpetas, fotografías, mapas del puerto, extractos bancarios. Y, ocupando toda la pared principal, el enorme tablero de investigación.

Joe levantó la cabeza al oír los pasos. Una sonrisa sincera apareció en su rostro.

—Ya era hora.

Alex abrió los brazos exageradamente.

—No sabía que me echarías tanto de menos.

—A ti no —respondió Joe con total tranquilidad. —Echo de menos que alguien entienda mis diagramas.

Alex llevó una mano al pecho.

—Eso ha sido cruel.

—Pero cierto.

Hannah negó divertida mientras dejaba una carpeta sobre la mesa.

—Buenos días para ti también, Joe.

—Buenos días, jefa.

Los tres intercambiaron una mirada.Era la primera vez que volvían a reunirse desde el hospital. Durante unos segundos nadie habló. No hacía falta. Cada uno recordaba perfectamente cómo había terminado la última reunión con un todoterreno acelerando hacia ellos y Alex sobre el asfalto.

Joe carraspeó suavemente.

—¿Cómo estás? —la pregunta iba dirigida a Alex. Esta vez no sonaba protocolaria era personal.

Alex sonrió.

—Lo bastante bien como para que Hannah haya dejado de intentar encerrarme en su casa.

—Eso no es verdad —respondió ella inmediatamente. —Solo intenté convencerte.

—Durante dos días.

—Porque te había atropellado un coche.

Joe levantó ambas manos.

—Creo que no voy a intervenir en esa discusión.

Alex sonrió.

—Buena decisión.

Mientras hablaban, Hannah se acercó discretamente a una de las sillas. La desplazó unos centímetros hacia atrás, dejando más espacio para que Alex pudiera sentarse sin forzar el costado. Lo hizo con tanta naturalidad que probablemente nadie más lo habría considerado un gesto importante.

Alex sí. La miró apenas un instante. Ella no dijo nada. Solo inclinó ligeramente la cabeza hacia la silla. Él comprendió el mensaje. Y, por primera vez en mucho tiempo, no respondió con una broma ni con un "estoy bien". Simplemente se sentó. Sin discutir.

Joe observó aquella escena en silencio. No comentó nada. Pero le llamó la atención la facilidad con la que ambos parecían entenderse. No había dramatismo ni sobreprotección. Solo pequeños gestos que parecían formar parte de una conversación silenciosa.

Hannah dejó una carpeta sobre la mesa.

—Empecemos.

Joe asintió. Apagó la pantalla donde estaba revisando unos registros financieros y se giró hacia el tablero.

La pared estaba cubierta por decenas de fotografías, documentos y notas manuscritas. En el centro seguía destacando la imagen de Eliah Bradford. A un lado aparecía el North Star.

Más abajo, varias empresas conectadas mediante líneas rojas.

Harbour Trading Group.

Blue Coast Imports.

Atlantic Freight.

Northern Cargo.

Y, separado del resto, el informe del atentado.

Durante unos segundos los tres contemplaron el tablero sin hablar.

Alex fue el primero en romper el silencio.

—Hay que cambiar esto.

Joe frunció el ceño.

—¿El qué?

Alex señaló la pared.

—La forma en que estamos mirando el caso.

Hannah siguió la dirección de su dedo. Comprendió inmediatamente lo que quería decir. Se levantó despacio. Caminó hasta el tablero. Con cuidado, descolgó la fotografía del vehículo que había intentado atropellarlos y la colocó justo debajo de la de Bradford. Después movió varias líneas de conexión. El atentado dejó de aparecer aislado. Ahora quedaba unido directamente al asesinato.

Joe observó el cambio.

—Tiene sentido —murmuró.

—Mucho más —Hannah dio un paso atrás para contemplar el conjunto. Respiró hondo. —Desde hoy… —su voz rompió el silencio de la sala. —...dejamos de investigar dos casos distintos.

Alex levantó la vista hacia ella. Sabía exactamente cómo iba a terminar la frase. Ella sostuvo la mirada de ambos.

—Investigamos al mismo enemigo.

Nadie respondió. Porque ninguno de los tres tenía ya dudas al respecto. El asesinato de Bradford, rl North Star, el atropello, la llamada de Ian… Ya no eran piezas independientes. Eran respuestas distintas de una misma organización.




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