Fuego y Hielo

Capítulo 13: Parte 5.1

Bradford y el Casino

La sala de investigación había recuperado la calma después de la intensa planificación de la Operación Gala.

Las risas provocadas por Joe apenas unos minutos antes parecían ya un recuerdo lejano. El tablero volvía a dominar la estancia con decenas de fotografías, mapas, documentos y líneas rojas que unían nombres aparentemente inconexos.

Fuera, el bullicio habitual de la comisaría continuaba su curso. Teléfonos sonando, agentes cruzando el pasillo, puertas que se abrían y cerraban.

Dentro, en cambio, solo existían tres personas y una única pregunta.

¿Qué descubrió Eliah Bradford antes de morir?

Hannah fue la primera en romper el silencio.

—Olvidemos por un momento todo lo que creemos saber.

Alex levantó la vista desde el cuaderno donde acababa de anotar varias observaciones.

Ella se acercó al tablero y retiró con cuidado dos fotografías que ya no consideraba relevantes. Después movió otras tres hasta dejarlas alrededor del retrato de Bradford.

—Empecemos otra vez.

Joe dejó de escribir en el portátil.

—¿Desde el principio?

—No.

Hannah negó despacio.

—Desde Bradford.

Alex comprendió inmediatamente a qué se refería. Hasta entonces habían investigado el asesinato intentando descubrir quién había disparado, quién había manipulado la escena o quién había ordenado eliminar al inspector.

Pero aquella ya no era la pregunta correcta. La verdadera cuestión era otra. ¿Qué estaba investigando Bradford para que alguien decidiera matarlo?

Alex cerró lentamente el cuaderno.

—Tiene sentido.

Joe abrió una nueva carpeta en el ordenador. En la pantalla apareció un título sencillo.

RECONSTRUCCIÓN BRADFORD

—Vale. Empezamos de cero.

Durante los siguientes minutos la sala volvió a llenarse únicamente del sonido de teclas, hojas pasando y rotuladores escribiendo sobre la pizarra.

Joe fue colocando en una enorme línea temporal todos los datos que habían reunido desde el inicio del caso. Todo ocupó poco a poco un lugar concreto.

Alex y Hannah revisaban mientras tanto las notas tomadas durante los últimos interrogatorios. Cada uno leía en silencio. De vez en cuando alguno señalaba un detalle.

Joe lo incorporaba inmediatamente.

No discutían. No competían. Simplemente iban construyendo una imagen cada vez más completa.

Hannah pasó una página de su libreta. Frunció ligeramente el ceño.

—Aquí hay algo.

Alex levantó la cabeza. Ella buscó una segunda anotación. Después una tercera.

—Mira esto —le tendió el cuaderno.

Alex comenzó a leer.

—El propietario del restaurante recuerda haber visto a Bradford varias veces durante los últimos meses… —pasó la página. —El taxista dice exactamente lo mismo —otra página. —Y el recepcionista del hotel… —se quedó pensativo. —También.

Hannah apoyó una mano sobre la mesa.

—Todos recuerdan haberlo visto. Pero ninguno recuerda que estuviera con las mismas personas.

Joe dejó de escribir.

—¿Qué significa eso?

Alex no respondió enseguida. Seguía repasando las declaraciones. Cada testimonio era ligeramente distinto. Sin embargo, todos coincidían en un aspecto. Bradford siempre parecía estar observando. Nunca permanecía demasiado tiempo en el mismo sitio. Nunca daba la sensación de estar descansando. Era como si cada desplazamiento tuviera un propósito.

—No seguía a personas —murmuró Alex. Hannah lo miró. Él todavía continuaba leyendo. —Seguía otra cosa.

Ella sintió un leve escalofrío. Porque era exactamente la impresión que llevaba horas intentando poner en palabras.

Joe comenzó a introducir nuevas etiquetas en la línea temporal.

—Voy a separar las entrevistas por lugares. Quizá así aparezca algún patrón.

Alex levantó la vista.

—Hazlo.

Durante casi veinte minutos nadie volvió a hablar.

Joe reorganizaba la información con la rapidez de quien llevaba toda la vida ordenando enormes cantidades de datos. El programa iba agrupando automáticamente documentos, fechas y nombres.

Poco a poco comenzaron a formarse pequeños bloques: puerto, ayuntamiento, empresas, casino, hoteles y zona industrial.

Joe observó el resultado. Después amplió uno de los grupos.

—Curioso...

Hannah dejó el bolígrafo.

—¿Qué pasa?

Él giró la pantalla hacia ellos.

—Mirad esto.

Las visitas de Bradford aparecían distribuidas sobre un calendario. A simple vista parecían completamente aleatorias. Pero Joe activó un segundo filtro. Los desplazamientos comenzaron a reorganizarse. Ahora se agrupaban según el lugar.

Alex dio un paso hacia delante. El resultado era mucho más revelador. Había varios puntos repetidos: el puerto, la antigua nave de Harbour Trading, una cafetería cercana al ayuntamiento. Y… —su mirada se detuvo en la última columna. El Casino del Pueblo. Joe apoyó un dedo sobre la pantalla. —Este lugar aparece demasiadas veces.

Hannah cruzó los brazos.

—¿Cuántas?

—Diecisiete visitas confirmadas en menos de ocho meses.

Alex frunció el ceño.

—Demasiadas para ser casualidad.

Joe continuó revisando.

—Y probablemente hubo más. Solo contamos las que hemos podido verificar mediante testimonios, cámaras y registros.

La sala quedó en silencio.

Hannah caminó lentamente hasta el tablero. Descolgó la fotografía del Casino del Pueblo. La sostuvo unos segundos entre las manos. Hasta aquel momento había representado únicamente uno de los muchos lugares relacionados con la investigación. Ahora empezaba a adquirir otro significado. La colocó nuevamente en el panel. Esta vez más cerca del retrato de Bradford.

Alex observó el gesto. No dijo nada. No hacía falta. Él mismo habría hecho exactamente lo mismo.

Joe continuó hablando mientras seguía consultando la documentación.

—Hay otra cosa.

Los dos lo miraron.

—Las fechas no son aleatorias.




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