Fuego y Hielo

Capítulo 13: Parte 7.2

Las risas fueron apagándose poco a poco. Claire aprovechó aquel momento para recuperar el tono profesional.

—Muy bien. Ya tenemos el aspecto. Ahora asegurémonos de que la elegancia no interfiera con vuestro trabajo.

Aquellas palabras bastaron para que el ambiente cambiara de inmediato.

Alex dejó de observar a Hannah. Joe cerró la revista que tenía entre las manos. Y Hannah volvió a convertirse, casi sin darse cuenta, en la inspectora jefe que dirigía el operativo.

Claire los condujo hasta una mesa de trabajo situada al fondo de la boutique. Sobre ella había varios accesorios que, a simple vista, parecían completamente normales: un bolso de mano, una cartera de piel, un reloj, un pequeño broche, u n pañuelo de bolsillo y un cinturón. Solo cuando comenzó a abrir compartimentos ocultos comprendieron que nada de aquello era casual.

—Llevamos muchos años colaborando con distintas unidades policiales —explicó Claire mientras levantaba el forro interior de un bolso—. Cada prenda está pensada para ocultar equipamiento sin alterar la silueta.

Joe observó el interior con interés.

—Muy ingenioso.

—La discreción siempre es más importante que la capacidad.

Alex cogió la cartera.

—¿Aquí cabe la documentación falsa?

—Exactamente.

Claire abrió un compartimento apenas visible.

—Identificaciones, tarjetas y dinero. Todo separado para que podáis acceder rápidamente sin parecer nerviosos.

Hannah tomó nota mentalmente de cada detalle. No era solo ropa. Era parte del operativo. Joe desplegó una pequeña hoja con la lista de comprobaciones.

—Vamos repasando.

Alex asintió.

—Auriculares de conducción ósea.

Claire sacó dos pequeños dispositivos.

—Quedan completamente ocultos detrás de la oreja. Con el peinado adecuado nadie los verá.

Hannah los observó con atención.

—Perfecto.

Joe anotó otra casilla.

—Micrófonos.

Claire señaló un diminuto transmisor.

—Lo mejor será ocultarlo aquí —se acercó al esmoquin de Alex y señaló el interior de la solapa. —No modifica la caída de la chaqueta y queda protegido —después miró a Hannah. —En su caso, irá cosido discretamente en la parte interior del escote.

Ella asintió.

—¿Interferencias?

Joe negó con seguridad.

—He comprobado la frecuencia esta mañana. Funcionarán perfectamente dentro del edificio —continuó leyendo. —Dispositivos de grabación.

Alex levantó un pequeño bolígrafo.

—¿Este?

Joe sonrió.

—Parece normal, pero graba audio de alta calidad durante seis horas.

—Cada día dais más miedo los informáticos.

Joe soltó una risa.

—Es un cumplido.

Claire continuó.

—El reloj incorpora una microcámara frontal.

Alex arqueó una ceja.

—Eso sí que no lo esperaba.

—La tecnología ayuda mucho cuando se utiliza con prudencia.

Joe marcó otra casilla.

—Documentación falsa —sacó dos sobres. —Ya está preparada. Alex Mallory y Hannah Jones desaparecerán esa noche.

Hannah lo miró con curiosidad.

—¿Y quiénes seremos?

Joe sonrió con satisfacción.

—El señor y la señora Blackwood.

Alex soltó una carcajada.

—¿Blackwood?

—¿No te gusta?

—Suena a gente que invierte en bodegas francesas.

Joe se encogió de hombros.

—Precisamente. La cobertura dice que vivís entre Londres y Edimburgo y que habéis hecho fortuna en inversiones marítimas.

Alex levantó una mano.

—Eso al menos tiene algo de sentido.

Hannah hojeó rápidamente la documentación. Todo estaba perfectamente preparado : direcciones, tarjetas de visita, historial empresarial y incluso fotografías de supuestos actos benéficos.

—Impresionante —murmuró.

Joe sonrió con cierta timidez.

—He tenido unos cuantos días para prepararlo.

Claire volvió a intervenir.

—Queda una cuestión importante. El arma.

La expresión de los tres cambió inmediatamente. Alex dejó la cartera sobre la mesa.

—No podemos permitir que se note.

Claire señaló el costado del esmoquin.

—Utilizaremos una funda interior de perfil bajo. No resulta cómoda para largas jornadas. Pero para una gala funcionará —después observó el vestido de Hannah. —En su caso tendremos que adaptar una funda específica para la pierna.

La inspectora asintió.

—Mientras pueda moverme con normalidad.

—Podrá.

Joe repasó el resto de la lista.

—Palabras clave.

Alex respondió automáticamente.

—Postre. Peligro inmediato.

Hannah continuó.

—Café. Abandonar inmediatamente la operación.

—Frecuencia de comprobación.

—Cada diez minutos —respondieron los dos al mismo tiempo.

Joe sonrió.

—Ya me imaginaba que contestaríais juntos.

Alex miró a Hannah y ambos rieron brevemente. Después recuperaron enseguida la concentración. Joe siguió leyendo.

—Comunicación obligatoria tras cualquier cambio de ubicación.

—Correcto —dijo Hannah. —Nadie entra solo en una zona restringida.

—Nadie persigue objetivos fuera del edificio sin coordinación —añadió Alex.

—Y si perdemos contacto… —Joe terminó la frase.

—Se activa inmediatamente el protocolo de búsqueda —Hannah apoyó ambas manos sobre la mesa. Recorrió con la mirada a sus dos compañeros. —Hay una cosa más —los dos la miraron. Su voz se volvió firme. —No olvidemos cuál es nuestra prioridad.

El silencio llenó la estancia. Alex respondió primero.

—Volver todos.

Joe asintió lentamente.

—Aunque tengamos que dejar escapar pruebas.

—Exacto —confirmó Hannah. —Ningún documento, ninguna fotografía y ninguna conversación justifican que uno de nosotros no regrese.

Alex sostuvo su mirada unos segundos. Sabía perfectamente que aquellas palabras nacían también del atentado. De la imagen de él tendido en el asfalto. De la posibilidad que ambos habían estado a punto de vivir.

Sin decir nada, le dedicó una pequeña sonrisa. Una de esas sonrisas discretas que solo ella sabía interpretar. Hannah respondió con otra igual.




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