Fuego y Hielo

Capítulo 13: Parte 9.1

Un día casi normal

El sábado amaneció con uno de esos cielos completamente despejados que parecían anunciar un día perfecto para olvidar, aunque solo fuera durante unas horas, todo lo que estaba ocurriendo alrededor del Caso Bradford.

El aire olía a sal.

El puerto comenzaba a llenarse de vecinos que aprovechaban el buen tiempo para pasear junto al mar, mientras las terrazas abrían sus puertas y las gaviotas sobrevolaban los primeros barcos que salían a navegar.

Por primera vez en muchos días, ninguno de ellos tenía intención de hablar de empresas pantalla, infiltrados o atentados. Solo querían disfrutar de un día entre amigos. Un día casi normal.

El punto de encuentro era el aparcamiento situado junto al paseo marítimo.

Connor fue el primero en bajar del coche de Hannah. Nada más abrir la puerta salió corriendo hacia Michael, Eleanor, Garreth, Elisabeth y los niños.

—¡Buenos días!

Los saludó levantando una mano. Michael le revolvió el pelo con una sonrisa.

—Vaya... alguien viene con energía.

—¡Hoy nos vamos a la ciudad! —respondió Connor como si estuviera anunciando la expedición más importante del mundo.

Garreth soltó una carcajada.

—Creo que ninguno tiene tantas ganas como tú.

—Porque hoy no hay deberes. Ni colegio de verano. Ni entrenamientos. Solo divertirnos.

El entusiasmo del niño resultaba contagioso. Incluso Hannah sonrió mientras cerraba el coche.

Alex apareció a su lado apenas unos segundos después. Llevaba unas gafas de sol, unos vaqueros claros y una camiseta azul marino que Connor ya asociaba automáticamente con los días de navegación. Tobías, tumbado junto al velero unos metros más allá, levantó la cabeza al verlo. Movió la cola con entusiasmo.

Alex se acercó para rascarle detrás de las orejas.

—Hoy te quedas vigilando el barco, compañero.

El pastor alemán respondió con un pequeño ladrido, como si hubiera entendido perfectamente la misión. Connor sonrió.

—Seguro que no deja pasar a nadie.

—Eso espero —contestó Alex guiñándole un ojo.

Cuando todo el grupo estuvo reunido, Michael dio una palmada.

—Bueno… ¿Nos ponemos en marcha?

—Sí —respondieron casi todos al mismo tiempo.

Fue entonces cuando surgió el primer problema.

—Podemos ir en mi camioneta —propuso Alex señalando su vieja pickup roja.

—Cabemos perfectamente.

Hannah levantó una ceja.

—¿Perdón?

Alex la miró con fingida inocencia.

—¿Qué?

—Vamos con mi coche.

Él frunció ligeramente el ceño.

—¿Y por qué?

—Porque consume bastante menos. Es más cómodo para un viaje largo. Y tiene mejor aire acondicionado.

Alex cruzó los brazos.

—Mi camioneta también tiene aire acondicionado.

—Sí —respondió Hannah conteniendo una sonrisa. —Cuando decide funcionar.

Michael bajó la cabeza para ocultar una carcajada. Garreth carraspeó discretamente. Elisabeth intercambió una mirada divertida con Eleanor. Todos conocían demasiado bien aquella discusión.

Connor observaba la escena con una enorme sonrisa. Le encantaba. No porque discutieran. Sino porque aquellas pequeñas pullas formaban parte de ellos desde que tenía memoria.

Incluso cuando parecían enfadarse… Nunca dejaban de sonreír con los ojos.

Alex señaló la camioneta.

—Además… Tiene mucho más espacio.

Hannah negó despacio.

—Solo porque nunca la ordenas.

—Eso no es desorden. Es organización marinera.

—Claro —contestó ella con ironía. —Por eso tardas diez minutos en encontrar unas gafas de sol.

Alex se llevó automáticamente una mano al bolsillo donde precisamente llevaba las gafas.

Michael soltó una carcajada.

—Ha sido un golpe bajo.

—Muy bajo —confirmó Garreth.

Alex fingió indignarse.

—Esto es una conspiración. Todos estáis de su parte.

—Porque tiene razón —respondieron Michael y Eleanor exactamente al mismo tiempo.

Connor ya no podía contener la risa. Miraba alternativamente a uno y a otro como si estuviera viendo su película favorita.

Aquello sí era normalidad. Aquello sí era hogar.

Alex lanzó un suspiro exageradamente dramático. Después levantó ambas manos en señal de rendición.

—Está bien. Me rindo.

Hannah sonrió satisfecha.

—Sabia decisión.

Él hizo una pequeña reverencia.

—Sí, inspectora.

Ella intentó mantener la compostura. Duró exactamente dos segundos. Acabó riéndose. Una risa limpia y natural. De esas que Alex llevaba demasiados años echando de menos.

Connor los observó con una sonrisa imposible de ocultar.

Alex estaba sujetándole la puerta del coche a Hannah con absoluta naturalidad. Como si fuera el gesto más sencillo del mundo.

Connor sonrió para sí.La Operación Fuego y Hielo seguía avanzando.Quizá más despacio de lo que él habría querido.Pero avanzaba.

Y, mientras veía a Alex y a Hannah bromear por una tontería tan simple como decidir qué coche utilizar, tuvo la sensación de que, durante unas horas, el Caso Bradford, la organización criminal y todos los peligros que los rodeaban podían quedarse atrás.

Solo por un día. Solo durante aquel pequeño respiro.

Porque, sin que ninguno quisiera decirlo en voz alta, todos sabían que la calma no duraría para siempre. Pronto tendrían que volver a ponerse el uniforme y enfrentarse al corazón de la organización criminal.

Pero esa mañana no. Esa mañana solo eran un grupo de amigos dispuesto a disfrutar de un día juntos.

Finalmente, tal y como Hannah había decidido, Alex, ella y Connor viajaron juntos en el coche de la inspectora.

Detrás de ellos circulaban el vehículo de Michael y Eleanor, y unos metros más atrás el de Garreth y Elisabeth con los niños.

La pequeña caravana abandonó North Harbour mientras el puerto iba quedando poco a poco atrás.

Connor ocupaba el asiento trasero. Con la mochila a un lado y la libreta del Primer Oficial sobre las rodillas. Apenas habían recorrido unos kilómetros cuando comenzó a hablar con el entusiasmo de quien llevaba demasiado tiempo esperando aquella excursión.




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