Fuego y Hielo

Capítulo 13: Parte 12.1

Siempre vuelves a casa

(Flashback — Otoño de 2009)

Alex y Hannah 14 años

El olor a tierra húmeda y a pino llenaba el aire.

El bosque que rodeaba North Harbour lucía los primeros colores del otoño. Las hojas comenzaban a teñirse de tonos dorados y rojizos, formando una alfombra crujiente bajo las botas de los alumnos del instituto, que avanzaban por el sendero entre conversaciones, risas y alguna que otra protesta por la caminata.

—¡No os separéis del grupo! —advirtió el profesor de Ciencias mientras levantaba el brazo para llamar la atención de todos—. El recorrido está señalizado, pero es fácil desorientarse si os alejáis.

La mayoría respondió con un distraído «sí» antes de seguir hablando entre ellos.

Alex Mallory caminaba unos metros por detrás del grupo principal con las manos metidas en los bolsillos de su cazadora vaquera. A su lado, Hannah Jones avanzaba con los brazos cruzados y una expresión tan obstinada como divertida.

—Te digo que el mirador está hacia el este —insistió Alex, señalando entre los árboles.

Hannah soltó una risa incrédula.

—¿Y desde cuándo eres explorador?

—Desde que tengo mejor orientación que tú.

Ella arqueó una ceja.

—Eso te lo acabas de inventar.

—¿Ah, sí? ¿Quién encontró el camino cuando nos perdimos en el camping de verano?

—Nos encontró el monitor, Alex.

—Porque yo ya casi lo tenía.

Hannah negó despacio con una sonrisa.

—Eres incapaz de admitir que te equivocas.

—Eso lo dices porque todavía no has aceptado que tengo razón.

Ella lo empujó suavemente con el hombro.

—Qué pesado eres.

Alex le devolvió el empujón con la misma suavidad.

—Y tú una cabezota.

—Orgulloso.

—Muchísimo.

Los dos rompieron a reír.

Aquellas discusiones formaban parte de su rutina desde que tenían memoria. Nunca duraban más de unos minutos y, aunque parecían competir por cualquier tontería, quienes los conocían sabían que ninguno disfrutaba tanto de aquellas batallas verbales como ellos mismos.

Mientras seguían debatiendo cuál era el camino correcto hacia el supuesto mirador, continuaron andando sin prestar demasiada atención al resto de la clase.

Un sendero secundario apareció entre los árboles.

Alex lo señaló inmediatamente.

—¿Ves? Es por aquí.

Hannah observó el camino unos segundos.

—No. El sendero principal sigue recto.

—Eso es un rodeo.

—Eso es el camino marcado.

—Confía un poco en mí.

Ella sonrió con desafío.

—Cuando me des motivos.

—Te los estoy dando.

—No, me estás dando una opinión.

Alex soltó una carcajada.

—Hannah Jones, siempre tan desconfiada.

—Y tú, siempre improvisando.

—Gracias a eso la vida es divertida.

Sin darse cuenta, tomaron el sendero estrecho mientras seguían discutiendo. Los árboles comenzaron a cerrarse a su alrededor. Las voces de sus compañeros fueron apagándose poco a poco.

Durante varios minutos ninguno pareció darle importancia. Seguían bromeando. Recogiendo hojas curiosas. Lanzándose pequeñas piñas al pasar.

Hasta que Hannah se detuvo de repente. Frunció ligeramente el ceño.

—Alex...

Él siguió caminando un par de pasos antes de girarse.

—¿Qué?

Ella miró lentamente a su alrededor. El sendero prácticamente había desaparecido. Solo quedaban árboles, arbustos y un silencio extraño.

—¿No oyes nada?

Alex escuchó con atención. No había risas. Ni conversaciones. Ni la voz de los profesores.Solo el viento moviendo las copas de los pinos.

La sonrisa fue desapareciendo poco a poco de su rostro.

—Es raro...

Hannah respiró hondo.

—Creo que hace bastante que no oímos al grupo.

Alex miró hacia atrás. Después hacia adelante. Todo parecía exactamente igual.Intentó disimular la inquietud que comenzaba a crecer en su pecho.

—No pasa nada. Volvemos sobre nuestros pasos y listo.

Hannah asintió, aunque una pequeña sombra de preocupación apareció en su mirada. Empezaron a caminar en dirección contraria. Cinco minutos. Diez. Quince.

El bosque seguía siendo el mismo.Cada árbol parecía idéntico al anterior. Cada bifurcación resultaba desconocida.

El sol comenzaba a descender lentamente hacia el horizonte. La luz adquiría un tono anaranjado que anunciaba el final de la tarde.

Hannah se detuvo otra vez. Esta vez no intentó ocultar la preocupación.

—Alex...

Él levantó la vista.

—¿Sí?

—Creo que...

No terminó la frase. No hacía falta. Los dos comprendieron al mismo tiempo lo que estaba ocurriendo. Estaban perdidos.

Alex inspiró despacio. Por dentro sentía un nudo en el estómago, pero no pensaba permitir que Hannah lo notara. Así que hizo lo que siempre hacía cuando algo lo inquietaba. Sonrió.

—Bueno...

Ella lo miró con incredulidad.

—¿"Bueno"?

—Podría ser peor.

—¿Ah, sí?

—Sí. Podríamos habernos perdido el lunes con el examen de Matemáticas.

Hannah lo observó unos segundos. Después, incapaz de contenerse, soltó una pequeña risa.

—Eres idiota.

—Lo sé. Pero reconoce que te ha hecho gracia.

Ella negó con la cabeza.

—Un poco.

Alex levantó un dedo con gesto triunfal.

—Entonces mi plan está funcionando.

—¿Qué plan?

—Evitar que entres en pánico.

Hannah lo miró fijamente. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Él también tenía miedo. Solo que estaba intentando cargar con el de los dos. Su expresión se suavizó.

—Gracias.

Alex se encogió de hombros como si no tuviera importancia.

—Primera norma cuando pasa algo complicado.

Ella arqueó una ceja.

—¿Cuál?

Él sonrió.

—Que uno de los dos conserve el sentido del humor.

Hannah soltó el aire lentamente. Miró cómo los últimos rayos de sol atravesaban las ramas. Después volvió a mirarlo a él.

—Entonces será mejor que no te canses.




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