Fuego y Hielo

Capítulo 14: Parte 1.1

Comienza la Operación

La tarde caía lentamente sobre North Harbour.

A través de los grandes ventanales de la comisaría, el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y violáceos mientras las primeras luces del puerto se reflejaban sobre el mar. Fuera, la ciudad parecía prepararse para otra noche cualquiera. Dentro, en cambio, todo estaba a punto de cambiar.

La sala de investigación permanecía en un silencio poco habitual. No era un silencio incómodo. Era el de quienes ya habían hablado de todo lo importante. El de quienes solo necesitaban comprobar, una última vez, que cada pieza ocupaba exactamente el lugar que le correspondía.

Sobre la mesa central no quedaba ni un solo espacio libre. Los planos del Casino del Pueblo aparecían desplegados junto a los del hotel anexo, marcados con distintos colores que identificaban accesos públicos, salidas de emergencia, zonas restringidas y recorridos del personal.

Al lado descansaban varias carpetas perfectamente ordenadas, fotografías aéreas, e imágenes de las cámaras exteriores, horarios de empleados, turnos de seguridad, relación de invitados confirmados para la gala benéfica, invitaciones originales, copias falsificadas, documentación a nombre de Daniel y Victoria Blackwood, un matrimonio de empresarios aparentemente interesado en invertir en el complejo turístico de North Harbour.

Nada de aquello parecía improvisado. Cada documento tenía una finalidad. Cada anotación respondía a una hipótesis. Cada detalle había sido revisado una y otra vez durante los últimos días.

En otro extremo de la mesa descansaba el material técnico. Tres auriculares de conducción ósea. Micrófonos diminutos ocultos en botones y joyas. Dos relojes aparentemente elegantes que escondían microcámaras de alta definición, bolígrafos grabadores, un pequeño inhibidor portátil reservado únicamente para situaciones de emergencia, baterías de repuesto y varias bolsas numeradas con el resto del equipamiento necesario para la infiltración.

Joe Brown terminó de colocar la última carpeta y dio un paso atrás para contemplar el conjunto. No pudo evitar sentir una pequeña satisfacción. Todo estaba exactamente donde debía estar.

Alex entró en la sala con una taza de café en la mano. Vestía todavía de paisano, aunque su expresión había abandonado hacía rato el tono relajado del fin de semana. Ahora volvía a ser el subinspector Mallory. Se acercó a la mesa sin decir nada y recorrió el despliegue con una mirada lenta.

—Si Bradford pudiera verlo... —murmuró finalmente.

Joe levantó la vista.

—Diría que tenemos demasiados papeles.

Alex soltó una breve risa.

—Y luego revisaría todos uno por uno.

—Dos veces —añadió Joe.

Una tercera voz completó la conversación.

—Tres.

Los dos giraron la cabeza al mismo tiempo.

Hannah acababa de entrar. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta y una carpeta azul bajo el brazo. Su expresión era serena, concentrada, muy distinta de la mujer que apenas unas horas antes había reído con Alex en el dojo. Sin embargo, cuando sus ojos se encontraron apenas un instante, una pequeña sonrisa apareció en ambos rostros antes de desaparecer con la misma rapidez.

No hacía falta nada más. Aquello bastaba para recordarles por qué estaban allí.

Hannah dejó la carpeta sobre la mesa.

—¿Está todo preparado?

Joe asintió.

—He revisado el material dos veces.

Alex arqueó una ceja.

—¿Solo dos?

Joe sonrió de lado.

—La tercera la hacemos juntos.

Era una costumbre que ninguno cuestionaba ya. No porque desconfiaran. Todo lo contrario. Precisamente porque confiaban plenamente los unos en los otros. Las revisiones finales ya no consistían en buscar errores ajenos. Consistían en impedir que cualquiera de ellos tuviera que afrontar solo las consecuencias de un descuido.

Hannah abrió la carpeta. Dentro aparecía la lista definitiva del operativo. Fue leyendo despacio mientras Alex y Joe seguían cada punto.

—Planos.

Joe hizo una marca con el bolígrafo.

—Completos.

—Identidades falsas.

—Verificadas.

—Invitaciones.

—Preparadas.

—Comunicaciones.

—Pendientes de la última prueba —Hannah continuó avanzando con calma.

Nadie tenía prisa. La infiltración empezaría dentro de unas horas. Pero, en realidad, la operación llevaba días en marcha.

Había comenzado cuando decidieron dejar de perseguir sospechosos para empezar a comprender cómo funcionaba realmente la organización. Cuando aceptaron que observar era mucho más importante que actuar demasiado pronto. Cuando decidieron trabajar exactamente igual que Bradford les había enseñado.

Alex apoyó ambas manos sobre la mesa. Sus ojos recorrieron de nuevo el plano principal del casino.

—Cuesta creer que hace apenas unas semanas trabajábamos cada uno por nuestra cuenta.

Joe sonrió.

—Y discutíamos por todo.

—Seguimos discutiendo por todo —corrigió Hannah con una media sonrisa.

—Sí… —Alex la miró divertido. —Pero ahora solemos terminar dándonos la razón.

Ella negó lentamente con la cabeza.

—No exactamente.

—¿Ah, no?

—Ahora solemos comprobar quién la tiene.

Durante un segundo los tres permanecieron en silencio. Después Joe dejó escapar una carcajada.

—Eso es lo más Bradford que os he oído decir nunca.

La risa fue breve. Pero suficiente para aliviar la tensión que empezaba a instalarse en la sala.

Fuera, el sol terminaba de ocultarse detrás de los edificios del puerto. La luz anaranjada desapareció lentamente de los ventanales. La noche empezaba a envolver North Harbour.

Y con ella… Comenzaba oficialmente la fase más delicada de toda la investigación.

Sobre la mesa seguían descansando los planos, los dispositivos y las identidades falsas. Pero los tres sabían que el verdadero éxito de aquella operación no dependía de ninguno de aquellos objetos. Dependía de algo mucho más difícil de construir. La confianza absoluta que existía entre ellos.




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