La gala había alcanzado su punto de mayor actividad.
El salón principal estaba lleno de conversaciones superpuestas, copas que chocaban suavemente y risas que se mezclaban con la música de la orquesta. Los invitados se desplazaban de una zona a otra sin ningún patrón aparente, formando pequeños grupos que se deshacían y volvían a reunirse unos minutos después.
Desde fuera, aquello era exactamente lo que debía ser una noche de gala.
Para el Equipo Bradford, sin embargo, el casino empezaba a parecerse cada vez menos a una simple celebración.
Había demasiadas puertas. Demasiados controles. Demasiadas personas que parecían moverse con un propósito concreto y demasiadas zonas a las que los invitados normales no podían acceder.
Alex permanecía junto a Hannah cerca de una de las columnas del salón, sosteniendo una copa que apenas había probado.
—¿Qué ves? —preguntó ella con una sonrisa dirigida a un matrimonio que acababa de pasar frente a ellos.
Alex siguió mirando al frente.
—Dos vigilantes en la escalera. Uno en la entrada del corredor. El hombre de negro sigue en el mismo sector.
Hannah hizo girar lentamente la copa entre los dedos.
—¿El mismo?
—Sí.
—¿Y el otro?
—Ha desaparecido.
Ella no respondió inmediatamente. Sus ojos recorrieron el salón sin detenerse demasiado en ningún punto.
—Hay tres camareros que no están haciendo de camareros.
Alex arqueó una ceja.
—¿Los tres?
—Dos llevan bandejas vacías desde hace diez minutos. El tercero no ha servido una sola copa.
Alex esbozó una sonrisa.
—Me encanta cuando empiezas a contar cosas.
—No estoy contando.
—Estás contando.
Hannah le lanzó una mirada divertida.
—Estoy observando.
La voz de Joe llegó por el auricular.
—Confirmo lo de los camareros.
Alex sonrió.
—¿Nos estás espiando?
—Estoy haciendo mi trabajo.
—Eso suena exactamente a lo que diría alguien que nos está espiando.
—Mallory...
Hannah tuvo que esconder una sonrisa detrás de la copa.
—Déjalo, Joe. Se pone insoportable cuando está nervioso.
—No estoy nervioso.
—Claro que no —respondió Joe.
Alex miró a Hannah.
—¿Nervioso?
—Un poco.
—¿Por qué?
Ella sostuvo su mirada durante un segundo.
—Porque estás aquí —el comentario habría podido parecer una simple muestra de amor entre marido y mujer. Y, en realidad, lo era.
Alex sonrió.
—Eso ha sonado peligrosamente sincero.
—Es parte de la cobertura.
—Por supuesto.
Joe carraspeó al otro lado del canal.
—¿Habéis terminado?
—No —respondieron los dos al mismo tiempo.
Hubo un silencio. Después Joe soltó una risa.
—Sois imposibles.
Alex y Hannah continuaron caminando. No permanecían demasiado tiempo en el mismo lugar. Ya habían aprendido que la mejor forma de observar sin levantar sospechas era moverse como cualquier otra pareja de invitados. Una conversación aquí, una copa allá, un saludo, un comentario sobre la música, una sonrisa… Y, entre todo aquello, información.
Hannah se detuvo frente a una vitrina decorativa. Dentro había una maqueta del complejo turístico.
—Mira.
Alex se colocó a su lado. La observó durante unos segundos.
—El hotel está conectado directamente con el casino.
—Por un pasillo interior.
—Que no aparece en el plano que nos dieron.
Hannah acercó ligeramente el rostro al cristal.
—Sí aparece.
Alex la miró.
—¿Dónde?
Ella señaló discretamente una zona inferior de la maqueta.
—Aquí. Una pequeña puerta lateral. Casi escondida.
Alex entrecerró los ojos.
—Eso no estaba en las fotografías exteriores.
—Porque desde fuera no se ve.
Joe intervino.
—Esperad —unos segundos después, su voz volvió a llegar. —Estoy revisando el plano.
Alex y Hannah permanecieron inmóviles.
—La conexión existe —confirmó Joe finalmente—. Pero en el plano oficial aparece como acceso interno de servicio.
Hannah se apartó ligeramente de la vitrina.
—¿Quién puede utilizarlo?
—No lo sé.
—¿Hay controles?
—No tengo información suficiente.
Alex sonrió.
—Entonces tendremos que observar.
—Exactamente —respondió Joe.
Hannah miró a Alex.
—¿Qué opinas?
Él no respondió inmediatamente. Sus ojos recorrieron el salón, la escalera, los vigilantes, las puertas, los empleados, la zona donde había desaparecido Ian, la entrada al corredor… Después volvió a mirarla.
—Que todavía no sabemos qué significa.
Hannah sonrió.
—Respuesta correcta.
Alex hizo una pequeña reverencia exagerada.
—Estoy progresando.
Ella le dio un suave golpe con el hombro.
—Muchísimo.
Continuaron caminando. Al pasar cerca de la escalera, Hannah percibió algo. Uno de los vigilantes había cambiado de posición. Antes permanecía junto al primer tramo. Ahora se encontraba dos metros más atrás, desde donde podía controlar simultáneamente la escalera y la entrada al salón.
Hannah no giró la cabeza. Solo apoyó una mano sobre el brazo de Alex, un gesto afectuoso. Una esposa que llamaba la atención de su marido.
Alex entendió inmediatamente.
—¿Quieres subir? —preguntó.
—Todavía no.
La presión de sus dedos aumentó ligeramente. Vigilante. Alex respondió con una leve inclinación de cabeza. Lo veo. Siguieron avanzando.
Aquella era una de las ventajas de conocerse desde hacía tantos años. No necesitaban explicar cada detalle. Una mirada podía ser suficiente, un roce, una presión de dedos, un cambio de dirección.
Habían aprendido a hablar sin palabras mucho antes de saber que algún día necesitarían hacerlo en una operación. Ahora aquel lenguaje formaba parte de su trabajo.
Joe intervino:
—Estoy viendo un patrón.
Alex levantó ligeramente la copa.