La música seguía llenando el salón principal del Casino del Pueblo, pero para Alex y Hannah aquella melodía había dejado de ser el centro de la noche.
Después de todo lo que habían descubierto en las últimas horas, resultaba difícil mirar el edificio como lo habían hecho al principio.
Ya no veían solamente mesas de juego, camareros y grupos de invitados bajo máscaras elegantes.
Veían puertas, accesos, cámaras, corredores, personas que aparecían en un lugar y desaparecían en otro y, sobre todo, veían conexiones.
Hannah permanecía junto a una de las mesas, con una copa en la mano, mientras observaba discretamente el movimiento de los invitados. Alex estaba a su lado, una mano apoyada con naturalidad en su cintura.
Para cualquiera que los mirara, eran simplemente Daniel y Victoria Blackwood disfrutando de la gala. Pero ambos estaban trabajando.
—Hay algo que no me cuadra —murmuró Hannah.
Alex inclinó ligeramente la cabeza hacia ella.
—¿El qué?
Hannah no respondió inmediatamente. Dejó que su mirada recorriera el salón. Volvió a mirar hacia las puertas que conducían al complejo hotelero.
—El hotel.
Alex siguió su mirada.
—¿Qué pasa con él?
—Demasiadas cosas terminan allí.
Él guardó silencio. No porque no entendiera la observación. Precisamente porque la entendía demasiado bien.
—Personas, movimientos, accesos… —dijo.
Alex bajó ligeramente la voz.
—Y la conexión interior.
Hannah asintió. Aquella era la pieza que había empezado a adquirir importancia durante la operación.
El Casino del Pueblo y el Casino Hotel no parecían dos edificios completamente independientes. Pero tampoco podían afirmar todavía que funcionaran como una única infraestructura.
La diferencia era importante. Habían aprendido a no convertir una coincidencia en una conclusión.
—Tenemos un plano antiguo —dijo Hannah.
—Lo recuerdo.
—Muestra una conexión directa entre ambos edificios.
Alex la miró.
—¿Y los planos actuales?
—No aparece de la misma manera —hizo una pausa. —Eso quiero comprobarlo.
Alex sostuvo su mirada. Durante un instante, Hannah pudo ver perfectamente lo que estaba pensando. La curiosidad, la necesidad de saber, el impulso de acercarse a una puerta y descubrir qué había detrás.
Pero no apareció el antiguo Alex. No hubo movimiento inmediato. No hubo una decisión impulsiva. Solo una mirada hacia ella. Después hacia el hotel. Y finalmente hacia el salón. Evaluando la situación.
—¿Qué quieres hacer? —preguntó.
—Comprobar si la conexión sigue existiendo físicamente.
Alex asintió lentamente.
—¿Sin entrar en ninguna zona restringida?
—Sin entrar en ninguna zona restringida.
—¿Sin volver al ala oeste?
—Joe nos mataría.
Alex sonrió.
—No creo que lo hiciera.
—Primero nos daría una conferencia de veinte minutos.
—Eso sí.
Hannah tuvo que contener una sonrisa. Joe los escuchaba.
—Por si os interesa mi opinión...
Alex cerró los ojos un instante.
—Sabía que estabas escuchando.
—Tengo un auricular.
—Cierto.
Hannah intervino:
—Queremos comprobar la conexión con el hotel.
Hubo un breve silencio. Joe no respondió inmediatamente.
—¿La conexión que aparece en el plano antiguo?
—Sí.
—¿Y qué sabemos de ella?
—Que existe en el plano.
—Eso no significa que siga existiendo.
—Por eso queremos comprobarlo.
Joe soltó un suspiro.
—De acuerdo.
Alex arqueó una ceja.
—¿Eso ha sido un permiso?
—Ha sido un permiso para mirar, no para convertiros en exploradores urbanos.
Hannah sonrió.
—Entendido.
—Y una cosa más.
El tono de Joe cambió ligeramente. Alex y Hannah se pusieron atentos.
—Después de lo ocurrido con las comunicaciones, no os separéis.
Hannah miró a Alex. Él asintió.
—No pensábamos hacerlo.
—Bien.
Joe hizo una pausa.
—Y si algo no encaja, os retiráis.
Alex respondió esta vez sin bromear.
—Entendido.
La comunicación quedó en silencio. Hannah dejó la copa sobre una mesa cercana. Alex le ofreció el brazo. Ella lo tomó. Juntos comenzaron a caminar hacia una de las zonas laterales del casino. No tenían prisa. No podían tenerla.
Daniel y Victoria Blackwood no tenían ningún motivo para comportarse como investigadores que acababan de recibir una orden. Solo eran una pareja que se desplazaba por el edificio. Y esa naturalidad volvía a ser su mejor cobertura.
Al pasar junto a un grupo de invitados, Hannah inclinó ligeramente la cabeza hacia Alex.
—¿Lo ves?
—¿El qué?
—La puerta.
Alex miró sin girarse completamente. Al fondo había una puerta doble que comunicaba con una zona de servicio. No tenía ninguna señal evidente que indicara que conducía al hotel. Pero un empleado acababa de atravesarla. Y, apenas unos segundos después, otro apareció por el lado contrario.
Alex lo registró mentalmente.
—Sí.
Hannah presionó ligeramente sus dedos contra el brazo de él.
—Es la tercera vez.
—¿Que la utilizan?
—Sí.
Alex no respondió. Siguieron caminando. Una cámara giró lentamente sobre ellos. Hannah levantó una mano y ajustó el antifaz, aprovechando el gesto para observar el ángulo del dispositivo. Alex entendió inmediatamente. No estaban siendo seguidos. Al menos no de manera evidente.
Continuaron hasta llegar a un pequeño corredor que conducía hacia una zona menos concurrida del complejo. El ruido de la gala comenzó a quedar atrás.
Alex miró a Hannah.
—¿Estás segura?
Ella asintió.
—Sí.
—Entonces comprobamos y volvemos.
—Eso mismo.
Avanzaron unos metros. El corredor terminaba en una puerta de servicio.
Hannah sacó discretamente el teléfono preparado para la operación y abrió la fotografía del plano antiguo. La iluminación era tenue. Alex se acercó. Ella señaló una línea.