La fotografía llevaba varios minutos sobre la mesa cuando Alex volvió a mirarla. No era una imagen especialmente buena. Ian Sullivan aparecía de perfil, saliendo de un edificio del centro de North Harbour, con una mano metida en el bolsillo de la americana y la otra sujetando el teléfono. La habían obtenido de una de las cámaras exteriores durante una de sus primeras apariciones en el pueblo.
Una fotografía corriente, un hombre corriente. Y, precisamente por eso, Alex llevaba demasiado tiempo observándola.
Hannah estaba al otro lado de la mesa, revisando una carpeta con las últimas anotaciones de la Operación Gala. Joe trabajaba con dos pantallas abiertas, comparando fechas y registros. La comisaría había recuperado su ritmo habitual después de la gala, pero en aquella sala todavía quedaban restos de la noche anterior: planos del Casino, fotografías impresas, anotaciones manuscritas y una carpeta con la información recuperada del segundo circuito.
Alex apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Hay algo que no me gusta.
Joe no apartó la mirada de la pantalla.
—¿Algo concreto o tu habitual colección de cosas que no te gustan?
Alex levantó una ceja.
—Esta vez es algo concreto.
Hannah alzó la vista.
—¿Ian Sullivan?
Alex señaló la fotografía con dos dedos.
—Ian.
Hannah dejó lentamente el documento que estaba leyendo. No había sorpresa en su expresión. Desde que Ian había aparecido en North Harbour, ella también había acumulado demasiadas preguntas. Pero había aprendido a no permitir que las preguntas se convirtieran automáticamente en respuestas.
—¿Qué has encontrado?
—Nada.
Hannah esperó. Alex mantuvo los ojos sobre la fotografía.
—Y ese es precisamente el problema.
Joe giró finalmente la silla hacia ellos.
—Eso suena sospechosamente filosófico para alguien que lleva diez minutos mirando una foto.
—No estoy buscando qué hay en la fotografía.
Alex deslizó una carpeta hacia el centro de la mesa.
—Estoy buscando cuándo apareció.
Hannah entendió antes que Joe. Se incorporó ligeramente.
—La cronología.
Alex asintió y abrió la carpeta. Había varias hojas impresas, algunas con fechas subrayadas y otras llenas de pequeñas anotaciones. No eran pruebas contra Ian. Ni siquiera eran documentos relacionados directamente con él. Eran piezas de diferentes momentos de la investigación que Alex había empezado a colocar unas junto a otras.
Hannah se acercó un poco más.
—¿Qué estás pensando?
Alex señaló una fecha.
—Aquí empezamos a revisar de verdad el expediente de Bradford —después señaló otra—. Aquí aparecen las primeras consultas sobre las sociedades —otra—. Aquí encontramos las primeras referencias a las rutas —y finalmente puso el dedo sobre una última fecha—. Y después aparece Ian.
Hannah estudió las anotaciones.
—Eso no demuestra que exista una relación.
—No —la respuesta fue inmediata—. No demuestra absolutamente nada —Alex levantó la mirada hacia ella—. Pero tampoco quiero seguir tratándolo como una coincidencia solo porque todavía no sabemos qué significa.
Hannah sostuvo su mirada durante unos segundos. Hannah sintió una pequeña satisfacción.
—Estás pensando antes de actuar.
Alex sonrió de lado.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Joe soltó una pequeña risa.
—Voy a fingir que no he oído eso.
Alex le lanzó una mirada.
—Hazlo.
Hannah bajó los ojos hacia los documentos para ocultar la sonrisa. Durante un segundo, bajo la mesa, su pie rozó ligeramente la pierna de Alex. Alex tampoco reaccionó de forma visible. Solo movió apenas la pierna hasta devolver el contacto durante un instante. Después ambos volvieron al expediente.
La sala recuperó su silencio. Alex tomó la fotografía.
—Hay otra cosa —la giró hacia Hannah—. Cuando Ian llegó a North Harbour, la investigación ya había empezado a avanzar.
—Sí.
—Pero no hasta donde estamos ahora.
Hannah frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Alex fue colocando las piezas una a una.
—Si alguien le habló de la investigación, no necesariamente tenía que conocer todo lo que nosotros sabemos ahora.
Joe dejó de escribir.
—Explícalo.
—Al principio solo estábamos revisando la muerte de Bradford. Después encontramos las contradicciones. Luego aparecieron las sociedades. Más tarde las rutas. El casino llegó después.
Alex señaló la carpeta de la Operación Gala.
—Y el segundo circuito es todavía más reciente.
Hannah asintió lentamente.
—Por tanto, si Ian recibió información al principio, no tendría por qué saber nada del segundo circuito.
—Exacto.
Alex dejó la fotografía sobre la mesa.
—Podría haber recibido solamente una cosa.
Joe lo miró.
—¿El qué?
Alex respondió sin apartar la vista de Hannah.
—Que estábamos investigando a Bradford otra vez.
La frase quedó suspendida entre los tres. Hannah sintió cómo algo se tensaba en su interior. Porque aquello cambiaba ligeramente la pregunta.
Hasta ese momento, habían observado a Ian como una presencia incómoda que podía tener relación con los Marconi o con la propia vida de Hannah.
Pero si alguien le había contado que el caso Bradford estaba avanzando… Entonces su llegada podía formar parte de algo mucho más amplio.
Hannah cruzó los brazos.
—¿Crees que vino porque sabía que habíamos reabierto el caso?
Alex no respondió inmediatamente. Miró de nuevo la fotografía, después negó con la cabeza.
—Creo que es posible.
Joe asintió.
—Bien.
Alex lo miró.
—¿Bien?
—Sí. Porque has dicho «es posible» y no «lo sabía».
Alex soltó una breve risa.
—Estoy aprendiendo.
—Milagros de la vida.
Hannah intervino antes de que la conversación se desviara.
—Entonces volvamos al principio.