Fuego y Hielo

Capítulo 15: Parte 6

EL REGRESO DE MARY Y JOHN

La tarde había empezado a teñirse de naranja cuando el sonido de un motor se escuchó al otro lado de la calle.

Hannah levantó la mirada casi por instinto. Estaba junto a Alex, cerca de la entrada, mientras Joe y Michael terminaban de revisar unos documentos relacionados con la operación de Nueva York. Durante unos minutos habían conseguido apartar el caso de sus cabezas y centrarse en algo mucho más sencillo: esperar.

Alex fue el primero en reconocer el coche. Su expresión cambió inmediatamente.

—Ya están aquí.

Hannah siguió su mirada hacia la carretera. El coche se acercaba despacio. Y, de repente, toda la seguridad que había mostrado durante las últimas horas pareció desaparecer.

Alex la miró.

—¿Estás nerviosa?

Hannah soltó una pequeña risa.

—No.

Él arqueó una ceja.

—Mientes fatal.

—Soy inspectora jefe. No tengo por qué responder a tus preguntas.

—Eso no ha sonado muy convincente.

Hannah negó con la cabeza, pero sonrió. Después volvió a mirar el coche.

—Los he echado de menos.

La sinceridad de aquellas cuatro palabras hizo que Alex dejara de bromear. Él conocía aquella parte de la historia. Sabía que para Hannah marcharse de North Harbour no había significado únicamente alejarse de él. Había perdido también a Mary y John, sus padres. Había perdido las comidas familiares, las tardes en aquella casa, las conversaciones con Mary, los consejos de John y la sensación de entrar por una puerta que siempre había estado abierta para ella. Nueve años eran demasiado tiempo.

Alex buscó su mano. Sus dedos se encontraron apenas un instante.

—Están aquí ahora.

Hannah lo miró.

—Sí.

El coche se detuvo frente a la casa. La puerta del conductor se abrió. John Mallory salió primero. Seguía teniendo aquella manera tranquila de moverse que Hannah recordaba tan bien. Más canas, algunas arrugas nuevas alrededor de los ojos, pero la misma postura firme.

Después se abrió la puerta del acompañante. Mary apareció con una sonrisa que Hannah reconoció incluso antes de que levantara la cabeza.

Alex no esperó.

—Mamá.

Mary abrió los brazos.

—¡Alex!

Él avanzó hacia ella y quedó atrapado en un abrazo que le arrancó una carcajada.

—Hola, mamá.

—Déjame mirarte.

Mary se separó apenas unos centímetros y le sujetó la cara entre las manos.

—Estás más delgado.

Alex resopló.

—Acabas de llegar y ya estás empezando.

—Porque te conozco.

—Estoy perfectamente.

—Eso dicen todos los hombres que no comen lo suficiente.

John cerró la puerta del coche detrás de ellos.

—Déjalo respirar, Mary.

Ella ni siquiera se giró.

—Tú no te metas.

Alex sonrió. Aquella escena era tan familiar que durante un instante parecía que los últimos años no habían existido.

Hannah observaba en silencio. Y algo dentro de ella se suavizó. Había echado de menos aquello. Muchísimo.

John se acercó finalmente a su hijo. No necesitó decir demasiado.

—Ven aquí.

Alex lo abrazó. John le dio una palmada firme en la espalda antes de apartarse.

—¿Todo bien?

—Todo bien.

—¿Seguro?

—Seguro.

—Bien.

John asintió, satisfecho.

—Entonces ya hablaremos.

Alex soltó una risa.

—Eso significa que tienes muchas preguntas.

—Soy tu padre. Es mi derecho.

—Lo suponía.

Hannah sonrió. Y entonces Mary se giró. La vio. Durante un segundo permaneció inmóvil. No porque no la reconociera. Precisamente porque la reconoció demasiado bien.

—Hannah...

La voz de Mary salió más baja. Hannah sintió un nudo en la garganta. Mary abrió los brazos. No hubo preguntas ni reproches. Solo aquellos brazos abiertos.

Hannah caminó hacia ella.

—Ven aquí, cariño.

El abrazo llegó antes de que pudiera prepararse. Hannah cerró los ojos. Y durante unos segundos volvió a tener veinte años. Volvió a estar en aquella casa, a escuchar a Mary preguntándole si había comido y a sentir que pertenecía allí.

El abrazo se prolongó. Mucho más de lo que cualquiera de las dos había previsto. Mary le acarició el cabello.

—Te he echado tanto de menos, cariño...

Hannah tragó saliva.

—Yo también.

—Mucho.

—Muchísimo.

Mary se separó un poco para mirarla. Sus ojos estaban húmedos.

—Estás preciosa.

Hannah soltó una pequeña risa.

—Tú no has cambiado.

—Eso es mentira y las dos lo sabemos.

—Un poco.

—Muchísimo.

Ambas rieron. John se acercó entonces. Hannah lo miró. Durante un instante no supo si debía abrazarlo o simplemente saludarlo. John resolvió la duda por ella. Abrió los brazos. Hannah se acercó y él la abrazó con una calidez más contenida que la de Mary, pero no menos sincera.

—Me alegra tenerte otra vez por aquí.

Hannah cerró los ojos. Aquella palabra volvió a tocarle algo profundo.No había dicho de visita ni había dicho me alegra que hayas vuelto a North Harbour. Había dicho otra vez. Como si su sitio allí siguiera existiendo. Como si nadie hubiera decidido nunca que había dejado de pertenecer a aquella familia.

—A mí también me alegra haber regresado —respondió.

John se apartó y la observó durante unos segundos.

—Te hemos echado de menos.

Hannah asintió.

—Yo también.

Alex los observaba a los tres. Y por primera vez desde que sus padres habían aparecido, su expresión cambió. Ya no era solo alegría. Había algo más. Algo parecido a la emoción. Porque estaba viendo a Hannah volver a ocupar un espacio que siempre había sido suyo.

Mary se acercó a ella y le tomó un brazo.

—Ahora quiero saberlo todo.

Hannah arqueó una ceja.

—¿Todo?

—Todo.

John soltó una carcajada.

—Eso significa que estás perdida.

—Lo sé.

Mary comenzó a caminar hacia la casa.

—¿Sigues trabajando demasiado?




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