Fuego y Hielo

Capítulo 15: Parte 7

UNA FAMILIA QUE VUELVE A ENCONTRARSE La puerta de la casa de Allison se abrió y la voz de Connor llegó desde el pasillo. -¡Mamá! Hannah sonrió inmediatamente. -Aquí estoy. Unos pasos rápidos se acercaron hasta que Connor apareció en la entrada del salón con la mochila colgada de un hombro. Buscó primero a su madre y, al encontrarla, su rostro se iluminó. -Hola. -Hola, cariño. Hannah se inclinó para recibirlo. Connor la abrazó durante unos segundos y después se separó. -¿Qué tal ha ido? -Bien. -¿Solo bien? Connor se encogió de hombros. -Ha estado bastante bien. Alex soltó una pequeña risa desde el otro lado de la habitación. -Traducción: ha pasado algo interesante. Connor lo señaló. -No empieces. -Yo no he dicho nada. -Pero ibas a decirlo. -Probablemente. Connor sonrió. Era una escena cotidiana. Una de tantas que, poco a poco, se habían convertido en parte de la vida de los tres. Hannah lo observó durante un instante. Después Connor dejó la mochila junto a una silla y se giró hacia el resto de la habitación. Fue entonces cuando vio a Mary y John. Se quedó quieto. No parecía asustado, solo sentía curiosidad. Miró primero a Mary, después a John y finalmente a Hannah. -¿Quiénes son? Hannah sintió que el corazón le daba un vuelco. Había sabido que ese momento llegaría. Sabía que tendría que presentar a Connor a Mary y John. Pero saberlo no hacía que resultara más sencillo. La mujer que estaba delante de ella era la madre de Alex. El hombre que estaba a su lado era su padre. Y el niño que acababa de entrar era su nieto. Ninguno de los tres lo sabía. Hannah respiró despacio. -Connor, quiero presentarte a Mary y John. Connor volvió a mirar a la pareja. Mary fue la primera en sonreír. Se acercó sin prisa y se agachó hasta quedar a la altura del niño. -Así que tú eres Connor. El niño sonrió tímidamente. -Sí. -Me alegro mucho de conocerte. -Yo también. Mary le tendió la mano. Connor la estrechó. Fue un gesto sencillo. Pero algo dentro de Mary se movió. No supo explicar el qué. La expresión del niño, la forma en que la miraba, la ligera inclinación de su cabeza cuando parecía estar pensando. Algo le resultaba familiar. No sabía qué. Y no intentó buscar una explicación. -Tu madre me ha hablado mucho de ti -dijo. Connor miró a Hannah. -¿Mucho? Hannah sonrió. -Lo suficiente. -¿Has contado cosas malas? -No demasiadas. Alex intervino: -Eso significa que se ha guardado las importantes. Connor giró la cabeza hacia él. -Tú tampoco puedes hablar. Alex levantó las manos. -Yo no he dicho nada. -Pero estabas pensando algo. -Eso sí. Connor soltó una carcajada. Mary sonrió. Había algo encantador en aquella manera de hablar. El niño no parecía estar intentando impresionar a nadie. Simplemente era él mismo. Mary se incorporó lentamente. -Me gusta tu sinceridad. Connor sonrió. -Gracias. John se acercó entonces. -Bueno. Creo que ahora me toca a mí. Connor lo miró. -Tú eres John. -Correcto. -El padre de Alex. John miró a su hijo con una sonrisa. -Veo que estás bien informado. -Mi madre me lo ha contado. -Eso está bien. Connor asintió. Durante unos segundos se observaron mutuamente. Hasta que John preguntó: -¿Y qué te gusta hacer? Connor respondió sin dudar: -Navegar. John sonrió. -¿Navegar? -Sí. -Eso es interesante. Connor se animó. -Alex me lleva en su barco. John miró a su hijo. -¿Ah, sí? -Sí -respondió Alex. Connor añadió: -Muchas veces. Alex lo miró. -No exageres. -No exagero. John soltó una carcajada. -Eso también me resulta familiar. Alex negó con la cabeza. -No sé de qué hablas. Connor sonrió. -Siempre dices eso. Hannah observó a los tres. Y durante un instante tuvo que contener una sonrisa. John se había quedado completamente atrapado en la conversación. -¿Y qué sabes de navegación? -preguntó. Connor comenzó a explicárselo. Habló de cómo Alex le había enseñado algunas cosas, de dónde se sentaba en el barco, de las tareas que hacía, de las reglas que tenía que cumplir. John escuchaba con auténtico interés. -¿Y cómo se llama tu puesto? Connor respondió orgulloso: -Soy el primer Oficial. John miró a Alex. -¿Primer Oficial? -Es un cargo muy serio. Connor asintió. -Muchísimo. -¿Y Alex? -Es el Capitán. John sonrió. -Entonces tenéis una tripulación completa. -Sí. Connor hizo una pausa. -Bueno... casi. Alex arqueó una ceja. -¿Casi? -Tobías también cuenta. -Eso es cierto. John se rio. -Me parece que tendré que conocer ese barco algún día. Los ojos de Connor se iluminaron. -¿De verdad? -De verdad. Mary observó a su marido y después al niño. Connor sonreía de una manera que le resultaba extrañamente familiar. Y otra vez apareció aquella sensación. Era simplemente una cercanía inexplicable. Como si acabara de conocer a alguien que, de alguna manera, ya le resultara conocido. Hannah tuvo que apartarse un instante. Necesitaba respirar. Desde donde estaba podía verlos.Mary preguntando a Connor por el colegio. John hablando con él sobre barcos. Alex observándolos con una sonrisa. Connor estaba completamente cómodo con ellos. Demasiado cómodo para alguien que acababa de conocer a dos desconocidos. Hannah sintió que los ojos se le humedecían. Era por la imagen. La que llevaba años evitando imaginar. Su hijo hablando con los padres de Alex. Mary sonriendo a Connor. John prometiéndole una salida en barco. Alex sentado a su lado, sin saber que aquel niño era suyo. Hannah cerró los ojos durante un segundo. No podía cambiar el pasado. No podía devolverles los años perdidos. No se trataba de recuperar. Se trataba de construir. Y quizá algún día aquella misma escena podría repetirse sin secretos. Mary sabría que Connor era su nieto, John sabría que aquel niño era hijo de su hijo, Alex conocería por fin la verdad y Connor descubriría quién era realmente su padre. -¡Mamá! Hannah abrió los ojos. Connor la estaba mirando. -¿Sí? -John sabe mucho de barcos. Ella sonrió. -Eso parece. John levantó una mano. -Y este pequeño sabe más de lo que esperaba. Connor sonrió orgulloso. Alex se acercó a ellos. -Te lo advertí. -No me advertiste nada. -Porque quería que lo descubrieras tú. Connor miró a ambos. -¿Entonces puedo enseñarle mi libreta? John sonrió. -Me encantaría verla. Connor fue inmediatamente a buscarla. Hannah observó cómo salía corriendo. Mary se acercó a ella. -Es un niño estupendo. Hannah tragó saliva. -Sí. Mary le apretó suavemente el brazo. -Ahora entiendo por qué hablas tanto de él. Hannah sonrió. -Es fácil hablar de Connor. Mary miró hacia el pasillo. -Y parece que Alex también lo quiere mucho. Hannah siguió su mirada. Alex estaba esperando a Connor con una sonrisa. -Sí -respondió muy bajito-. Le quiere mucho. Y esa era la verdad. Solo que ninguno de ellos sabía todavía cuánto significaba. Connor regresó al salón con su libreta apretada contra el pecho. John lo esperaba junto a la ventana. -A ver ese cuaderno. Connor se lo entregó con una solemnidad que hizo sonreír a Mary. -Es mi libreta del Primer Oficial. John la tomó con cuidado. -Entonces esto debe de ser importante. -Mucho. Alex se apoyó contra el respaldo del sofá. -No toques la página siete. Connor se giró inmediatamente. -¿Por qué? -Porque es información confidencial. -No es confidencial. -Lo es para mí. Connor entrecerró los ojos. -Solo tienes miedo de que la vea. -Exactamente. John soltó una carcajada. -¿Qué hay en la página siete? Connor miró a Alex. Alex negó con la cabeza. -No pienso ayudarte. -Entonces no te la enseño. -Me parece perfecto. Connor sonrió, satisfecho, y volvió junto a John. -Puedes mirar las demás. John abrió la libreta. Había dibujos de barcos, pequeñas anotaciones, listas, rutas, nombres de lugares y observaciones escritas con la letra todavía infantil de Connor. Algunas páginas estaban llenas de flechas y esquemas. John pasó una hoja. -¿Esto lo has hecho tú? -Sí. -¿Y esto? -También. -¿Sabes leer una carta náutica? Connor asintió. -Un poco. John levantó la vista. -¿Un poco? -Alex me está enseñando. -Entonces tendré que comprobar cuánto sabes. Connor sonrió. -Vale. Alex intervino: -No le hagas un examen. -No es un examen. John cerró la libreta. -Es una conversación entre navegantes. Connor pareció encantado con aquella definición. -Vale. Hannah observaba desde unos pasos de distancia. Mary se había sentado cerca de ella. -Le encanta el mar -comentó. -Muchísimo. -Se le nota. Hannah sonrió. -Siempre ha sido así. Mary miró hacia Connor. -¿Desde pequeño? -Desde que tengo memoria. Mary asintió. -Tiene sentido. -¿Por qué? Mary se encogió ligeramente de hombros. -No sé. Hay niños que parecen pertenecer a determinados lugares. Hannah siguió su mirada. Connor estaba explicándole a John por qué prefería navegar cuando había viento moderado. -Él dice que el mar le ayuda a pensar. Mary sonrió. -Eso también me suena familiar. Hannah supo inmediatamente a quién se refería. -Alex. -Sí. Mary soltó una pequeña risa. -Cuando era pequeño, podía pasarse horas hablando de barcos. Hacía dibujos por todas partes. Hannah sonrió. -Lo recuerdo. -¿Todavía lo recuerdas? -No lo he olvidado. Mary la observó. No había reproche en sus ojos, solo cariño. -Me alegra. Hannah bajó la mirada. -A mí también. Al otro lado de la habitación, John había empezado a hacer preguntas más concretas. -Si vas navegando y cambia el viento, ¿qué haces? Connor respondió después de pensarlo. -Primero aviso al capitán. Alex asintió. -Bien. -Después miro qué está pasando. -Bien. -Y no hago nada sin preguntar. John miró a Alex. -Buen procedimiento. Alex sonrió. -Es el que intento enseñarle. Connor añadió: -Porque el capitán dice que lo más importante es volver a casa. John dejó de sonreír durante un instante. Aquella frase le tocó algo dentro de él. Miró a su hijo, Alex sostuvo su mirada. No hizo falta explicar nada. Era una frase que pertenecía a Alex desde mucho antes de Connor. -Ese es un buen principio -dijo John. Connor asintió. -Siempre. John le devolvió la libreta. -Entonces quizá sí puedas ser Primer Oficial. Connor la abrazó contra el pecho. -Ya lo soy. -Cierto. Mary se acercó. -¿Y qué más haces con esa libreta? Connor volvió a abrirla. -Apunto cosas importantes. -¿Como cuáles? Connor pasó varias páginas. -Lugares. -¿De navegación? -Sí. Y cosas que quiero hacer. Mary señaló una lista. -¿Esto qué es? Connor leyó: -Cosas que quiero aprender. Mary sonrió. -¿Y qué quieres aprender? Connor empezó a enumerarlas con los dedos. -Navegar mejor. Hacer nudos. Pescar. Leer mapas. Y... Se detuvo. -¿Y? Connor miró hacia Alex. -Aprender a conducir el barco algún día. Alex soltó una carcajada. -Eso va a tardar. -Ya soy mayor. -Precisamente porque no lo eres tanto. -Pero algún día podré. -Algún día. Connor sonrió. John intervino: -Cuando llegue ese día, espero estar allí para verlo. Connor lo miró. -¿De verdad? -De verdad. -Entonces tendremos que vernos más a menudo. John sonrió. -Te lo aseguro. Connor pareció satisfecho. Mary observó a su marido, después al niño. Había algo en aquella facilidad con la que Connor había aceptado la idea de volver a verlos que le resultaba conmovedor.Como si ya los hubiera incorporado a su mundo. Y quizá, pensó Mary, los niños tenían una manera especial de reconocer dónde se sentían cómodos. Connor se volvió hacia ella. -¿A ti te gusta el mar? Mary sonrió. -Mucho. Mi padre era marinero. -¿Sabes pescar? -Sé intentarlo. Connor se rio. -Entonces tienes que venir con nosotros. -¿Nosotros? Connor señaló a Alex. -Con Alex y conmigo. Alex levantó una ceja. -¿Ya estás haciendo planes? -Sí. Mary miró a Alex. -¿Qué dices? Alex se encogió de hombros. -Si el Primer Oficial lo ha decidido... Connor sonrió. -Entonces sí. Mary volvió a mirar a Connor. -Me encantará. El niño pareció realmente feliz. -¡Genial! Y salió disparado hacia donde estaba Chloe para contarle que ya tenía una nueva excursión planeada. John observó cómo se alejaba. -Este chico organiza el futuro con mucha facilidad. Alex sonrió. -Es una de sus especialidades. Hannah había permanecido en silencio. Miró a Connor, después a Mary y finalmente a John. La escena era tan sencilla que dolía. Connor ya estaba haciendo planes con sus abuelos. Sin saber que lo eran. Y Mary acababa de aceptar una invitación de su nieto. Sin saber a quién estaba prometiendo volver a verlo. Hannah sintió que la culpa aparecía de nuevo. Pero esta vez no era exactamente la misma. Durante años había pensado únicamente en el secreto que había mantenido. Ahora veía también todo aquello que ese secreto había impedido. Y, sobre todo, la relación que Alex habría podido tener con su hijo. Hannah respiró hondo. No podía cambiar nada de aquello. Pero quizá todavía podía evitar que se perdiera más tiempo. Miró a su chico. Él estaba sonriendo mientras observaba a Connor hablar con Chloe. Después sus ojos encontraron los de Hannah. Algún día. Y esta vez, cuando pensó en ese día, no sintió únicamente miedo. Sintió esperanza. Hannah se quedó unos pasos apartada del resto mientras la conversación continuaba a su alrededor. Connor había vuelto junto a Chloe para enseñarle algo de su libreta, y John seguía hablando con Alex sobre el velero. Mary observaba a ambos desde el sofá, interviniendo de vez en cuando con alguna pregunta. Mary se había agachado para recoger algo que Connor había dejado caer y se lo había entregado con una sonrisa. El niño le había dado las gracias y había continuado hablando como si llevaran meses conociéndose. Hannah sintió un nudo en la garganta. Apartó la vista. Necesitaba un momento. Se acercó a la cocina y apoyó las manos sobre la encimera. Respiró. No quería llorar. No porque aquello fuera triste. Precisamente porque era demasiado bonito. -¿Estás bien? La voz de su hermana Allison la sacó de sus pensamientos. Hannah se giró. -Sí. Allison la miró con una expresión que dejaba claro que no se lo creía del todo. -Esa respuesta tuya empieza a parecerse demasiado a las de Alex. Hannah soltó una pequeña risa. -Estoy bien. -Eso ya suena más convincente. Allison se apoyó junto a ella. Durante unos segundos ninguna dijo nada. Desde el salón llegó una carcajada de Connor. Hannah miró hacia allí. -Es extraño verlo así. Allison siguió su mirada. -¿Con los Mallory? Hannah asintió. -Sí. -¿Por qué? Hannah tardó unos segundos en responder. -Porque parece que siempre han estado aquí. Allison sonrió. -Connor hace eso con todo el mundo. -¿El qué? -Hace que la gente se sienta parte de su vida en cinco minutos. Hannah sonrió. -Sí. -Y Mary está completamente perdida. Hannah volvió a mirar hacia el salón. Mary estaba escuchando a Connor explicarle algo con absoluta atención. -Ella también. Allison captó el matiz. -¿Te preocupa? Hannah negó con la cabeza. -No -hizo una pausa-. Me emociona. Allison no preguntó más. Conocía a Hannah lo suficiente para saber cuándo necesitaba hablar y cuándo simplemente necesitaba sentir. Hannah volvió a mirar a Connor. El niño acababa de enseñarle a Mary una página de su libreta. Mary se llevó una mano al pecho con una exageración divertida. Connor se rio. Y entonces ocurrió algo que hizo que Hannah tuviera que contener el aliento. Mary le revolvió el pelo. Connor no se apartó, al contrario, se inclinó ligeramente hacia ella. Como si aquel contacto le resultara familiar. Hannah cerró los ojos. Durante nueve años había protegido un secreto pensando que estaba protegiendo a Connor. Y quizá lo había hecho. Pero ahora comprendía también el precio. Había protegido a un niño de una verdad difícil. Y, al mismo tiempo, había separado a un padre de su hijo, a un hijo de su padre y a unos abuelos de su nieto. La culpa llegó despacio. Hannah abrió los ojos. No podía cambiarlo. Pero podía asegurarse de que el futuro no fuera otra repetición del pasado. -Algún día -murmuró. Allison la miró. -¿Qué? Hannah sonrió ligeramente. -Nada. Pero no era nada. Era una promesa. Algún día todos los sabrían. Y ese día, si podía elegir cómo sucedería, no habría gritos. Y tiempo para aprender a ser una familia. -¿En qué estás pensando? Esta vez fue Alex quien apareció en la entrada de la cocina. Hannah lo miró. -En nada. Alex arqueó una ceja. -Mala respuesta. Allison soltó una risita. -Te dije que se parecía a ti. -Gracias por el apoyo. Allison levantó las manos. -Yo no me meto. Se marchó hacia el salón antes de que ninguno pudiera detenerla. Alex esperó a que estuvieran solos. -¿De verdad estás bien, cielo? Hannah asintió. -Sí. Alex la observó unos segundos. -Te has emocionado. Hannah bajó la mirada. -Un poco. Alex se acercó y la abrazó inmediatamente. -Es bonito verlo con mis padres. Hannah levantó los ojos. La frase le atravesó el pecho. Mis padres. Y, aunque sabía que Alex hablaba simplemente de Mary y John, durante un segundo la realidad fue otra. Mis padres con mi hijo. Hannah tragó saliva. -Sí. Alex la estrechó entre sus brazos durante apenas un instante. Después los soltó. -Creo que les ha caído bien. -Muchísimo. -A mamá especialmente. Hannah sonrió. -Mary siempre ha tenido debilidad por los niños. Alex la miró. -También por ti. Hannah se quedó quieta. Él lo dijo con una naturalidad absoluta. Como si fuera una verdad demasiado evidente para necesitar explicación. -Lo sé -susurró Hannah. Alex le dió un suave beso en los labios. -Me alegra que estés aquí. Hannah lo miró. -A mí también. Desde el salón llegó la voz de Connor. -¡Alex! Los dos se separaron inmediatamente. -¿Sí? -respondió Alex. -¡Ven! Alex sonrió. -Ya voy. Antes de marcharse, miró una última vez a Hannah. Ella le devolvió la sonrisa. Cuando Alex salió de la cocina, Hannah permaneció quieta unos segundos. Después volvió a mirar hacia el salón. Connor estaba entre Mary y John. Alex acababa de sentarse junto a él. Los cuatro hablaban, reían y parecían pertenecer al mismo lugar. Hannah sintió que algo dentro de ella cambiaba. Alex ya no era el chico que había dejado en North Harbour. Ella tampoco era aquella Hannah. Connor no había existido entonces. Mary y John habían vivido sus propios años. Todos habían cambiado. Y quizá precisamente por eso no necesitaban recuperar nada. Solo necesitaban conocerse de nuevo. Hannah sonrió. Miró una última vez a Alex y Connor. Y pensó, sin decirlo: Algún día. Como una promesa de construir el futuro. La tarde había avanzado sin que ninguno pareciera darse cuenta. Lo que inicialmente iba a ser una visita breve se había convertido en una sucesión de conversaciones, risas y planes improvisados. Connor había conseguido que John le prometiera enseñarle algunos nudos de navegación y Mary ya había aceptado acompañarlos algún día al puerto. Cuando Allison miró el reloj, abrió mucho los ojos. -Son casi las ocho. Stu levantó la cabeza desde el sillón. -¿Ya? -Sí. Connor, sentado en el suelo junto a John, levantó la mirada. -¿Nos vamos? Mary negó con una sonrisa. -Creo que ya es demasiado tarde para fingir que solo veníamos a saludar. Allison soltó una carcajada. -Eso mismo estaba pensando. Hannah miró a Alex y él se encogió de hombros. -Podemos cenar aquí. -¿Tenemos comida para todos? -preguntó Stu. Allison lo miró. -Tenemos comida para una familia normal. Connor levantó la mano. -¿Y cuántos somos? Stu empezó a contar con los dedos. -No quiero saberlo. -Yo sí -respondió Connor. -Tú siempre quieres saberlo todo. -Es importante para organizarse. Alex sonrió. -Eso es una tarea de Primer Oficial. Connor asintió con solemnidad. -Exactamente. La conversación terminó provocando otra ronda de risas. Allison se levantó. -Vale. Hagamos una cosa. Lo que haya en la nevera, se utiliza. Mary se incorporó inmediatamente. -Yo te ayudo. -No hace falta. -No estoy preguntando. Allison sonrió. -Entonces bienvenida a la cocina. Mary la siguió. Hannah hizo ademán de levantarse. -Yo también puedo ayudar. Mary se volvió hacia ella. -Tú quédate. Hannah parpadeó. -¿Por qué? -Porque llevas toda la tarde trabajando. -No estoy trabajando. Mary sonrió. -Ya lo sé. Y volvió a la cocina. Hannah se quedó mirándola durante un instante. Había algo extraño en aquella naturalidad. Simplemente la estaba cuidando, como siempre. Connor apareció entonces delante de Hannah. -¿Mamá? -¿Sí? -¿Puedo ayudar? -Claro. -¿En qué? Alex intervino desde el otro lado. -En no meterte por medio. Connor lo miró ofendido. -Eso no es ayudar. -Precisamente. -Papá... -Alex levantó una ceja. Connor se corrigió rápidamente-. Alex. Hannah tuvo que contener una sonrisa. El pequeño lapsus había sido tan natural que nadie pareció darle importancia. Nadie salvo ella. Y quizá Alex, que simplemente sonrió. -Ve con Mary -le dijo Hannah. Connor salió corriendo hacia la cocina. Hannah observó cómo Mary lo recibía con una sonrisa. La preparación de la cena terminó convirtiéndose en una actividad colectiva. Stu puso la mesa. Chloe apareció con Tobías detrás y Eddie llegó poco después con una bolsa de pan bajo el brazo. -Me han informado de que aquí se cena esta noche. Allison asomó la cabeza desde la cocina. -Te han informado bien. -Perfecto. Eddie dejó el pan sobre la mesa. Connor apareció detrás de él. -¿Traes postre? Eddie lo miró. -No. Connor pareció decepcionado. -Entonces no eres útil. Eddie soltó una carcajada. -Este niño tiene las prioridades muy claras. -Siempre -respondió Connor. John, que estaba ayudando a Stu con las sillas, lo señaló. -En eso tienes razón. Mary salió de la cocina con una fuente. -¿Quién quiere ayudarme? Connor levantó la mano. -Yo. -Entonces ven. El niño se acercó inmediatamente. Hannah observó la escena desde el otro extremo de la mesa.Mary le entregó una cuchara de servir. Connor la sostuvo con cuidado. -¿Así? -Perfecto. -¿Seguro? -Seguro. Connor sonrió. Hannah tuvo que mirar hacia otro lado. Alex se acercó a ella. -¿Otra vez estás pensando demasiado? Hannah lo miró. -Un poco. -Te conozco. -Eso es peligroso. -Para ti. Ella sonrió. -Idiota. -También te conozco lo suficiente para saber que eso era cariño. -No te acostumbres. Alex iba a responder cuando Connor llamó desde la mesa. -¡Alex! -¿Qué? -¿Dónde me siento? Alex miró alrededor. -Donde quieras. Connor señaló una silla. -Aquí. -Entonces ahí. El niño se sentó. Mary ocupó la silla a su lado. John se sentó enfrente. Hannah quedó cerca de Alex. Y, sin que nadie lo hubiera planeado, Connor había terminado exactamente entre las dos personas que algún día descubriría que eran sus abuelos. La conversación comenzó a fluir de inmediato. Chloe contó una anécdota de la escuela de verano. Stu habló de una situación absurda ocurrida aquella semana en el hospital. Eddie consiguió que todos se rieran con una historia que parecía imposible. Mary preguntó a Connor por sus deportes favoritos. -¿Te gusta el fútbol? -Me gusta. -¿Baloncesto? -También. -¿Y artes marciales? Connor miró a Alex. -Eso lo hago con Alex y con mamá. Mary sonrió. -¿Ah, sí? -Sí. Él me enseña Taekwondo y mamá, Judo. Alex levantó una mano. -Con cuidado. Connor puso los ojos en blanco. -Siempre dices eso. John se rio. -Parece que te tiene calado. -Demasiado. Mary miró a su hijo y después a Connor. -Tenéis mucha confianza. Alex sonrió. -Sí. Hannah sintió que aquella palabra llevaba mucho más significado del que Alex podía imaginar. Sí. Connor confiaba en él. Le buscaba, escuchaba y le quería. Y Alex le quería de vuelta.Sin saber todavía por qué aquel vínculo le resultaba tan natural. La cena continuó entre conversaciones cruzadas. Durante unas horas, el mundo parecía haberse detenido. Y quizá por eso todos estaban tan relajados. Mary levantó la mirada en un momento determinado y se encontró con los ojos de Hannah. Durante un segundo ninguna dijo nada, pero ambas sonrieron. Hannah comprendió que Mary también lo había visto. Algo había cambiado en Alex. Y ella sabía exactamente qué era. Mary todavía no. Pero quizá no tardaría demasiado en descubrirlo. Connor interrumpió sus pensamientos. -Mamá. -¿Sí? -¿Después de que volváis de Nueva York podemos hacer una cena todos juntos? Hannah lo miró. -¿Todos juntos? Connor empezó a contar. -Tú, Alex, Mary, John, Chloe, Allison, Stu, Eddie... -Creo que vas a necesitar una mesa más grande -comentó Alex. Connor sonrió. -Entonces conseguimos una más grande. John levantó su vaso. -Me parece un buen plan. También podrían venir Will, María y los niños. Mary asintió. -A mí también me parece bien. Hannah miró alrededor de la mesa. Y comprendió que Connor acababa de hacer algo que ella llevaba años creyendo imposible. Había conseguido reunir dos mundos sin siquiera saber que estaban separados. Hannah sonrió. -Después de volver de Nueva York. Connor asintió satisfecho. Alex la miró y ella sostuvo su mirada. Pero ambos entendieron que aquella cena, aunque improvisada, acababa de convertirse en algo más. Una promesa pequeña. Una de esas que parecen insignificantes hasta que un día se descubre todo lo que significaban. Y mientras Connor seguía hablando con John sobre barcos y Mary discutía con Allison sobre el postre, Hannah se permitió disfrutar del momento. Sin pensar en lo que faltaba, sin intentar adelantarse al futuro. Solo allí, con ellos. Por una vez, simplemente con ellos. La cena continuó mucho después de que los platos principales hubieran desaparecido de la mesa. Nadie parecía tener prisa. Connor había pasado de hablar con John sobre navegación a explicarle a Chloe una teoría sobre cuál era el mejor lugar del barco para observar las estrellas. Chloe sostenía que aquello dependía de la noche. Connor insistía en que dependía del viento. John escuchaba ambas opiniones con una seriedad exagerada. -Yo creo que necesitamos una prueba científica -declaró. Connor abrió mucho los ojos. -¿Una prueba? -Por supuesto. -¿Cómo? John se inclinó hacia él. -Salimos al barco y lo comprobamos. Connor miró inmediatamente a Alex. -¿Has oído eso? -Lo he oído. -Entonces está decidido. -¿Quién ha decidido qué? -Nosotros. Alex negó con la cabeza. -Veo que ya no pinto nada en esta tripulación. -Eres el capitán -le recordó Connor. -Exacto. -Entonces tienes que autorizarlo. Alex fingió pensárselo. -Solicitud aceptada. Connor levantó los brazos. -¡Sí! Mary soltó una carcajada. -Este niño consigue todo lo que quiere. -No todo -dijo Connor. -¿Ah, no? Connor señaló a Alex. -A veces él dice que no. Alex sonrió. -Porque alguien tiene que hacerlo. -Eso es injusto. -Eso es ser capitán. John miró a Mary. -Me parece que el puesto de Primer Oficial tiene bastante más poder del que parece. -Muchísimo -confirmó Connor. Las risas volvieron a llenar la mesa. Hannah contempló la escena en silencio. Había algo casi surrealista en verla. Connor sentado junto a Mary. John hablando con él como si llevaran años compartiendo conversaciones. Alex riéndose de las ocurrencias del niño. Chloe participando en la conversación. Allison entrando y saliendo de la cocina. Stu intentando recuperar el control de la conversación. Eddie observándolo todo con aquella expresión de quien sabía algo que todavía no pensaba contar. Hannah se encontró sonriendo sin darse cuenta. -¿Qué te pasa? -preguntó Alex en voz baja. Ella giró la cabeza. -Nada. -Otra vez esa respuesta. -Estoy observando. Alex siguió la dirección de sus ojos. -¿A Connor? -A todos. Él observó la mesa. -Está bien. -Sí. Hannah bajó ligeramente la voz. -Muy bien. Alex la miró. Durante un segundo desapareció la sonrisa burlona. -Me alegro. Hannah entendió perfectamente que no hablaba solamente de la cena. Él también estaba disfrutando de aquello. De ver a sus padres de vuelta, de tener a Hannah a su lado, de compartir un momento tranquilo con Connor. Y quizá, aunque todavía no pudiera ponerle nombre, de sentir que su vida empezaba a parecerse a algo que llevaba mucho tiempo necesitando. Mary levantó la mirada en ese momento. Vio a Alex y Hannah hablando en voz baja. No escuchó lo que decían. No necesitaba hacerlo. Había aprendido a reconocer a su hijo. Y aquella mirada no era la de dos viejos amigos discutiendo. Había algo distinto. Una calma que antes no estaba, una complicidad nueva y una manera de estar cerca sin necesitar llamar la atención. Mary no dijo nada. Simplemente sonrió y volvió a su conversación con Connor. John, sentado frente a ella, captó el gesto. -¿Qué? -preguntó en voz baja. Mary negó ligeramente con la cabeza. -Nada. John miró hacia Alex y Hannah. Después volvió a mirar a su mujer. -Ah. Mary sonrió. -Exactamente. No necesitaban hablar más. Los dos habían notado lo mismo. Pero ninguno tenía intención de presionar. Si Alex quería contarles algo, lo haría. Y si no estaba preparado todavía, podían esperar. Habían vuelto para estar con él. No para interrogarlo. Al otro lado de la mesa, Allison también había reparado en la situación. Stu seguía hablando con Eddie, pero Allison se inclinó hacia él. -Mira. Stu siguió discretamente su mirada. Alex acababa de apartarle a Hannah un vaso para que pudiera alcanzar mejor la fuente. Ella le dio las gracias con una sonrisa. -¿Qué? -Ellos. Stu los observó unos segundos. -¿Qué les pasa? Allison arqueó una ceja. -Nada. -Entonces, ¿por qué me haces mirar? -Porque estás ciego. Stu soltó una pequeña risa. -Llevan toda la vida así. -No. Allison negó con la cabeza. -No exactamente. Stu volvió a mirar.Esta vez prestó más atención. Alex y Hannah habían vuelto a discutir sobre algo relacionado con el viaje a Nueva York. -No puedes cambiar el plan cinco minutos antes -dijo Hannah. -No lo estoy cambiando. -Lo estás modificando. -Es diferente. -No, Alex. -Sí, Hannah. Connor los observó desde el otro lado. -¿Ya están discutiendo? John se rio. -Parece que sí. Mary negó con la cabeza, divertida. -No te preocupes. Eso también es normal en ellos. Hannah miró a Mary. -Gracias por el apoyo. -Siempre. Alex sonrió. -¿Ves? Mi madre me quiere más. -Tu madre me quiere más a mí. Mary levantó las manos. -No pienso entrar en esto. Connor se echó a reír. -Sois iguales. La frase cayó sobre la mesa con tanta naturalidad que todos rieron. Hannah miró a Alex y él la miró a ella. Y durante un segundo ambos recordaron que aquella rivalidad había sido durante años una forma de esconder algo mucho más profundo. Ahora podían jugar con ella sin miedo y sin fingir ante quienes los conocían desde siempre. Connor volvió a dirigirse a Mary. -¿Tú conocías a mi madre cuando era pequeña? Mary sonrió. -La vi crecer. -¿Era así? Señaló a Hannah. Su madre abrió los ojos. -¿Así cómo? Connor se encogió de hombros. -Así. John soltó una carcajada. -Esa es una descripción bastante precisa. -¡Papá! Mary se rio. -Hannah siempre ha tenido carácter. -Lo sigue teniendo -añadió Alex. Hannah lo miró. -Tú no tienes derecho a opinar. -Tengo mucho derecho. -¿Ah, sí? -Te conozco desde que teníamos cinco años. Mary observó a ambos. -Eso sí es verdad. Hannah sonrió. -Demasiado tiempo. Alex la miró. -Nunca ha sido suficiente. La frase fue tan suave que casi pasó desapercibida. Hannah sí la escuchó y Mary también. Mary bajó la mirada hacia su plato para ocultar una sonrisa. No necesitaba saber todavía qué estaba ocurriendo. Pero cada vez estaba más segura de que algo había cambiado. Connor, completamente ajeno a todo aquello, volvió a hablar. -Mary. -¿Sí? -¿Vas a venir a pescar conmigo? -Si tu capitán me autoriza. Connor miró a Alex. -¿Capitán? Alex asintió solemnemente. -Capitán. Connor se giró hacia Mary. -Está autorizado. Mary se echó a reír. -Entonces queda oficialmente aprobado. John levantó un dedo. -Yo también quiero participar. Connor sonrió. -Vale. Hannah observó cómo Connor los incorporaba a sus planes con una facilidad que le resultaba casi dolorosa. No necesitaba que nadie le explicara quiénes eran ni saber qué vínculo tenían con él. Simplemente los había aceptado. Y Mary y John habían hecho exactamente lo mismo. Como si hubiera un espacio esperando por ellos. Hannah respiró lentamente. Sonrió. Porque por primera vez podía permitirse mirar aquella escena sin pensar únicamente en lo que faltaba. Podía disfrutar de lo que ya estaba empezando. La familia todavía no conocía toda la verdad. Pero, sin saberlo, acababa de dar el primer paso para encontrarse. La conversación continuó alrededor de la mesa, pero poco a poco fue perdiendo intensidad. Connor y Chloe habían empezado a discutir sobre cuál de los dos sería mejor capitán si algún día tuvieran un barco propio. John se había ofrecido como árbitro y Stu había cometido el error de decir que él sabía bastante de navegación, provocando que Connor le hiciera una batería de preguntas que no supo responder. Las risas llenaban la habitación. Hannah aprovechó uno de esos momentos para levantarse. -Voy a ayudar a recoger. -Yo voy contigo -dijo Mary. Hannah la miró. -No hace falta. Mary sonrió. -Ya lo sé. Y se levantó igualmente. Entraron juntas en la cocina. Durante unos segundos ninguna habló. Desde allí seguían escuchándose las voces del salón, amortiguadas por la distancia. Mary recogió algunos platos. Hannah tomó los vasos. -Ha sido una cena bonita -dijo Mary. Hannah asintió. -Sí. -Connor es encantador. La sonrisa de Hannah apareció inmediatamente. -Lo es. Mary dejó un plato sobre la encimera. -Tiene mucha personalidad. -Eso también. -Y mucha curiosidad. -Demasiada. Mary se rio. -Eso sí que lo entiendo. Hannah la miró. -¿Por Alex? -Por Alex. Las dos sonrieron. Durante unos segundos continuaron recogiendo en silencio. Hasta que Mary habló de nuevo. -Me alegra verte así. Hannah se detuvo. -¿Así cómo? Mary se apoyó ligeramente en la encimera. -Aquí, con nosotros. Hannah bajó la mirada. -Yo también me alegro. -No me refiero solo a que hayas vuelto. Hannah levantó los ojos. Mary la observaba con la misma ternura de siempre. -Me refiero a ti. Hannah no respondió. Mary se acercó un poco. -Has cambiado. -Han pasado nueve años. -Lo sé. No había reproche en aquella respuesta. Solo una constatación. -Pero sigues siendo tú. Hannah sonrió con emoción. -Tú también. Mary soltó una pequeña risa. -Eso espero. Hannah dejó el vaso que tenía en la mano. -Os he echado de menos. Mary la miró. -Nosotros también. La respuesta fue tan sencilla que a Hannah se le humedecieron los ojos. -Pensé muchas veces en volver. -Lo sé. -Pero no sabía cómo. Mary se acercó. -No tenías que saberlo. Hannah respiró hondo. -Me fui y pasó muchísimo tiempo. -Sí. -Y cada año parecía más difícil volver. Mary asintió. -Lo entiendo. Hannah esperaba quizá una pregunta. Una explicación. Un «¿por qué?». No llegó. -No estoy enfadada contigo -dijo Mary. Hannah cerró los ojos un instante. -¿Nunca? -No. -¿Ni siquiera un poco? Mary negó con la cabeza. -Estabas intentando sobrevivir a tu vida. Supongo que tendrías tus motivos. Hannah tragó saliva. -Los tenía. -No necesitas contármelos ahora. Hannah la miró. Mary sonrió. -Si algún día quieres hacerlo, te escucharé. Hannah sintió que algo se rompía dentro de ella. No de dolor sino de tensión. Durante años había imaginado aquel reencuentro como una especie de juicio. Había preparado mentalmente explicaciones que quizá nunca tendría que dar. Pero Mary no estaba pidiéndole cuentas. Solo estaba allí. -Gracias. Mary abrió los brazos. Hannah no necesitó más. Se acercó y se dejó abrazar. El abrazo fue largo, cálido y ramiliar. No era el abrazo de alguien que acababa de reencontrar a una persona después de nueve años. Era el abrazo de alguien que nunca había dejado de quererla. Hannah cerró los ojos. Durante un instante volvió a sentirse una niña. Volvió a aquella casa, s las tardes compartidas con Alex, a las comidas familiares, a las veces que Mary había aparecido con comida cuando sabía que Hannah había tenido un mal día y a los momentos en los que podía entrar por aquella puerta sin necesidad de anunciarse. No había desaparecido el vínculo. Había desaparecido la convivencia. Y quizá aquella diferencia importaba más de lo que había comprendido. Cuando se separaron, Mary le acarició suavemente el pelo. -No has perdido a tu familia. Hannah respiró hondo. -A veces sentía que sí. -Pues te equivocaste. Hannah sonrió entre lágrimas. -Supongo que sí. Mary le dio un pequeño toque en el brazo. -Y ahora estás aquí. -Sí. -Eso es lo que importa. Hannah asintió. -No quiero recuperar los nueve años. Mary la observó con atención. -¿No? -No -hizo una pausa-. No puedo recuperarlos. Y tampoco quiero intentar vivir mirando hacia atrás. Mary sonrió. -¿Qué quieres entonces? Hannah miró hacia el salón. Connor estaba riéndose. Alex discutía con John sobre algo. Allison hablaba con Stu. La casa estaba llena de vida. -Quiero lo que esté por venir. Mary siguió su mirada. -Eso suena bien. -Quiero construirlo. Mary comprendió. -Entonces construyámoslo juntas. Hannah volvió a mirarla. -¿Juntas? -Cuando quieras. Otra sonrisa apareció en el rostro de Hannah. -Te he echado muchísimo de menos. -Yo también. Mary volvió a abrazarla, esta vez más brevemente. -Y no pienso dejar que vuelvas a desaparecer durante otros nueve años. Hannah soltó una carcajada. -No pienso hacerlo. -Bien. Mary tomó otro plato. -Porque tengo mucho trabajo pendiente contigo. -¿Qué clase de trabajo? -Ponerte al día. Hannah sonrió. -¿Nueve años de cotilleos? -Como mínimo. -Eso puede llevar tiempo. -Tenemos tiempo. La frase hizo que Hannah se quedara quieta. Tenemos tiempo. No los nueve años anteriores. El que quedaba. Desde el salón llegó la voz de Alex. -¡Mamá! Mary respondió inmediatamente: -¿Qué, cariño? -¡Papá está haciendo trampas! John protestó desde el fondo. -¡No estoy haciendo trampas! Connor intervino: -¡Sí que las está haciendo! Mary miró a Hannah. -Ya ves. Hannah se rio. -No han cambiado nada. -Algunas cosas no deberían cambiar. Las dos regresaron al salón. Hannah se detuvo un segundo antes de cruzar la puerta. Miró a Mary, después a Connor y a Alex. Y sintió algo que llevaba mucho tiempo sin permitirse sentir. Pertenencia. No estaba recuperando una familia perdida. Estaba volviendo a formar parte de una familia que había seguido queriéndola incluso cuando ella no estaba. Hannah respiró profundamente y entró de nuevo en el salón. Alex la miró y ella sonrió. Y esta vez no hubo miedo detrás de la sonrisa. Solo una certeza tranquila: el futuro todavía estaba abierto. La noche había avanzado hasta ese punto en el que nadie parecía tener intención real de marcharse. Los platos estaban recogidos, el café circulaba por la mesa y Connor había conseguido convertir la conversación sobre navegación en una explicación detallada de su próxima expedición imaginaria. John escuchaba con atención. -Entonces, según tú, el problema principal es el viento. -No exactamente -respondió Connor-. El problema es no saber qué hacer con el viento. John sonrió. -Eso está mejor. Alex, sentado unos metros más allá, levantó la vista. -Te estás ganando un puesto en la familia. John lo miró. -¿Un puesto? -Sí. -Pensaba que ya tenía uno. -Depende de cómo respondas al examen. John soltó una carcajada. -Connor es más simpático que tú. Alex abrió la boca para protestar. Connor se adelantó. -Eso ya lo sabemos. La mesa volvió a llenarse de risas. Hannah observó a Alex durante unos segundos. Su padre había vuelto a North Harbour, su madre estaba allí, Connor estaba completamente integrado y Alex parecía feliz. Simplemente feliz. Era una diferencia pequeña, pero Hannah sabía reconocerla. John también. Poco después, mientras los demás seguían conversando, John hizo un gesto discreto a su hijo. -¿Vienes un momento? Alex lo miró. -¿Ahora? -Ahora. -Eso suena sospechoso. -Solo quiero hablar contigo. Alex se levantó. -Vale. Ambos salieron hacia el pequeño porche de la casa. La noche era cálida. Desde allí se escuchaban todavía las voces del interior. John se apoyó en la barandilla. Alex se quedó a su lado. Durante unos segundos contemplaron el jardín. -¿Qué tal estás? -preguntó John. Alex sonrió. -¿Esa es la conversación privada? -Sí. -Entonces estoy bien. John lo miró de reojo. -No me refiero a físicamente. Alex entendió. La sonrisa se volvió más tranquila. -También estoy bien. Más que bien. John esperó. -Estás diferente. Alex bajó la mirada. -¿Diferente cómo? -Más tranquilo. -¿Eso es malo? -No. John sonrió. -Es nuevo. Alex soltó una pequeña risa. -Quizá estaba cansado de estar enfadado con el mundo. John permaneció en silencio. No necesitaba preguntarle con qué estaba enfadado. Conocía demasiado bien a su hijo. -¿Tiene algo que ver con Hannah? Alex levantó la mirada. No hubo sorpresa. Solo una pequeña pausa. -Sí. John asintió. No preguntó más. Alex apoyó los antebrazos sobre la barandilla. -Mamá también me lo ha preguntado. -Tu madre es más discreta que yo. -Eso es discutible. John soltó una carcajada. -¿Y? Alex respiró hondo. -Hannah tiene mucho que ver con que esté mejor. John lo observó. -Eso ya lo había imaginado. Alex sonrió. -¿Tan evidente es? -Para tus padres, sí. Alex negó con la cabeza. -No sé exactamente qué decir todavía. -Entonces no digas nada. Alex lo miró. John continuó: -No tienes que explicarnos algo antes de estar preparado. Alex asintió lentamente. -Gracias. -Pero hay una cosa que sí quiero saber. -¿Qué? -¿Eres feliz? Alex tardó unos segundos en responder. Miró hacia la ventana. A través del cristal podía ver a Hannah hablando con Mary. Connor estaba sentado cerca de ellas. Sonreía. Alex volvió a mirar a su padre. -Sí. Soy muy feliz, papá. La respuesta salió sin esfuerzo. John sonrió. -Entonces me basta. Alex bajó la cabeza. -No sabía cuánto necesitaba volver a casa hasta que volví. John le dio un pequeño golpe en el hombro. -Pues procura quedarte un poco esta vez. Alex sonrió. -Pienso hacerlo. Ambos regresaron al interior. Hannah levantó la mirada cuando Alex entró. Él encontró sus ojos. Solo un segundo. Pero ella entendió. John lo había visto. No sabía exactamente qué había hablado con su hijo. Pero sabía que había sido algo importante. Y no le preocupaba. Por primera vez, quizá, Hannah comprendió que Mary y John no necesitaban saberlo todo inmediatamente. Podían esperar.Podían formar parte de aquella nueva etapa sin conocer todavía todas sus piezas. Eddie, mientras tanto, llevaba varios minutos observando el ambiente desde el extremo de la mesa. Finalmente dejó su taza. -Bueno. Todos lo miraron. Eddie sonrió. -Tengo una noticia. Connor reaccionó inmediatamente. -¿Es una noticia buena? -Creo que sí. -¿Para quién? -Para mí, seguro. Stu se rio. -Eso no tranquiliza. Allison miró a Eddie. -¿Qué has hecho? -Nada. -Entonces, ¿qué pasa? Eddie negó con la cabeza. -No voy a contarlo todavía. Hubo un silencio de incredulidad. Alex lo señaló. -Eso no funciona. -¿El qué? -Decir que tienes una noticia y negarte a contarla. Eddie sonrió. -Claro que funciona. Connor se inclinó hacia delante. -¿Es un secreto? -Más o menos. -¿Es importante? -Bastante importante. Chloe intervino: -¿Y por qué no puedes contarlo ahora? Eddie miró a Alex y Hannah. -Porque prefiero esperar. Alex frunció el ceño. -¿Esperar a qué? -A que volváis de Nueva York. Hannah intercambió una mirada rápida con Alex. -¿Por qué después de volver de Nueva York? Eddie se encogió de hombros. -Porque me parece un buen momento. -Eso no responde a nada -dijo Alex. -Es exactamente lo que pretende ser. Connor levantó la mano. -Yo quiero saberlo. -Tú especialmente tendrás que esperar. -¡Eso es injusto! Eddie sonrió. -La vida está llena de injusticias. Connor miró a Alex. -Haz algo. Alex levantó las manos. -No puedo obligarlo. -Eres policía. -Precisamente por eso no puedo. John soltó una carcajada. -Por una vez, estoy de acuerdo con Eddie. Connor lo miró con traición. -¡Tú también! Mary sonrió. -Déjalo. Eddie levantó su taza. -Después de regresar de Nueva York. Stu negó con la cabeza. -Voy a necesitar saber qué es. -Tendrás que esperar. Allison miró a Eddie con curiosidad. -¿Al menos puedes decirnos si es algo familiar? Eddie sonrió. -Sí. Eso provocó inmediatamente una nueva oleada de preguntas. -¿Qué significa eso? -preguntó Hannah. -Que es familiar. -Eso no significa nada. -Significa exactamente lo que he dicho. Alex se inclinó hacia delante. -Eddie. -Alex. -No me hagas usar mis habilidades policiales. -No te servirán de nada. Connor se echó a reír. -¡Te ha ganado! Alex lo señaló. -No te pongas de su parte. -Es divertido. La tensión desapareció entre risas. Pero Hannah se quedó mirando a Eddie durante un instante más. Había algo en su expresión. No parecía preocupado. No parecía nervioso. Solo... satisfecho. Por una noche, una pequeña incógnita familiar podía seguir siendo simplemente eso. Eddie levantó la taza. -Cuando volváis de Nueva York. Alex negó con la cabeza. -Te vas a arrepentir de haber creado tanto misterio. -Probablemente. Connor levantó un dedo. -Entonces yo voy a intentar adivinarlo. -Adelante. -¿Es un barco? Todos se echaron a reír. Eddie negó con la cabeza. -No. Connor pensó unos segundos. -¿Un perro? -Tampoco. -¿Una novia? -¡No! -exclamó alarmado. Connor se cruzó de brazos. -Entonces no tengo ni idea. Eddie sonrió. -Perfecto. Hannah observó la escena. Por primera vez en mucho tiempo, el misterio que tenía delante no le provocaba tensión. Era simplemente una familia compartiendo una noche. Y quizá eso era exactamente lo que necesitaban antes de viajar a Nueva York. Alex se sentó nuevamente a su lado. Sin que nadie lo notara, su mano rozó la rodilla de Hannah debajo de la mesa. Ella no se apartó. Él tampoco. Todavía estamos aquí. Y por una noche, eso era suficiente. La noche había avanzado mucho más de lo que cualquiera había previsto. La conversación se había ido apagando poco a poco, no porque faltaran temas, sino porque el cansancio empezaba a imponerse. Connor había terminado sentado entre Chloe y John, todavía empeñado en explicarle a su nuevo compañero de navegación una última teoría sobre los barcos. Mary recogía algunas cosas de la mesa mientras Allison insistía en que no hacía falta que ayudara. -Déjalo -dijo Mary-. Si sigo sentada voy a acabar dormida. -Puedes dormir en el sofá -bromeó Stu. -Eso sería darle demasiada confianza. Eddie soltó una carcajada. -Entonces queda oficialmente prohibido dormir. Connor bostezó. -Yo no estoy cansado. Alex lo miró. -Claro que no. -No lo estoy. -Llevas diez minutos bostezando. -Es porque estoy respirando mucho. Chloe se rio. -Esa ha sido buena. Connor sonrió orgulloso. -Gracias. Hannah lo observó desde el otro lado de la mesa. Aquello era exactamente lo que había querido para él durante años. Connor había pasado de no conocerlos a hacer planes con ellos en apenas unas horas. Y lo más sorprendente era que ellos habían respondido con la misma naturalidad. Hannah sintió una punzada en el pecho. Poco después comenzaron las despedidas. Mary se acercó primero a Connor. -Entonces queda pendiente esa salida de pesca. Connor asintió muy serio. -Y la prueba científica del viento. John sonrió. -Eso también. -No os olvidéis. -No nos olvidaremos. Connor abrió los brazos. Mary no dudó. Se agachó y lo abrazó. Hannah tuvo que apartar ligeramente la mirada. Mary estaba abrazando a su nieto. Su nieto. Y no lo sabía. Cuando se separaron, Connor sonrió. -¿Nos vemos mañana? Mary le acarició el pelo. -Puedes venir mañana a casa si quieres. John se acercó después. -Y tú, Primer Oficial, no olvides practicar los nudos. Connor levantó la mano. -Prometido. -Perfecto. John le estrechó la mano, pero Connor terminó abrazándolo también. John se rio y le devolvió el abrazo. Alex se acercó a sus padres. -¿Os vais ya? Mary lo miró. -Si nos quedamos más, acabaremos durmiendo aquí. -Podéis hacerlo. John señaló a su hijo. -No tientes a tu madre. -No la estoy tentando. -Te conozco. Mary sonrió. -Buen viaje a Nueva York. Alex la abrazó, después abrazó a John. No era una despedida triste. Una de tantas que empezarían a repetirse ahora que estaban de vuelta. Hannah permaneció unos pasos atrás hasta que Mary se acercó a ella. -Ven aquí. Hannah sonrió. -¿Otra vez? -Otra vez. Mary la abrazó. Hannah cerró los ojos. Esta vez no hubo lágrimas. Solo una sensación profunda de calma. -Cuídate en Nueva York -murmuró Mary. -Lo haré. -Y cuida de Alex. Hannah sonrió. -Él sabe cuidarse solo. Mary se apartó lo suficiente para mirarla. -No siempre. Hannah entendió perfectamente el significado. -Lo sé. Mary le apretó suavemente las manos. -Entonces volved los dos. Hannah asintió. -Volveremos. John se acercó y le dio un abrazo. -Y no dejéis que mi hijo convierta una operación policial en una competición. Hannah miró a Alex. -No puedo prometer eso. -¡Eh! -protestó Alex. Todos rieron. Connor se acercó a ellos. -¿Nos vamos? Alex miró a Hannah. -Sí. Connor cogió su mochila. Antes de salir, se volvió hacia Mary y John. -¡Nos vemos pronto! -Muy pronto -respondió Mary. Connor sonrió y salió con Hannah. Alex se quedó un instante junto a la puerta. Miró a sus padres, después a Connor y finalmente a su chica. Había algo extrañamente parecido a una escena familiar en aquella imagen. Algo que todavía no podía comprender. Salieron juntos. No habían recuperado nueve años ni solucionado todos los secretos. No habían terminado la investigación y todavía no habían viajado a Nueva York. Pero aquella noche habían conseguido algo que, tiempo atrás, parecía imposible. Dos familias habían empezado a encontrarse sin saber todavía que estaban destinadas a formar una sola. Y Hannah, por primera vez, no miró hacia atrás. Miró hacia delante. Hacia Connor, hacia el hombre que amaba y hacia la familia que todavía no podían nombrar. Y sonrió. Porque ahora sabía que algún día no significaba necesariamente demasiado tarde. A veces significaba simplemente: todavía no. Y antes de que llegara ese día, todavía tenían un viaje que hacer. Nueva York los esperaba.




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