LA NOCHE ANTES DE NUEVA YORK
La noche había caído sobre North Harbour cuando finalmente salieron de casa de Allison.
No era una noche especialmente fría, pero el aire llevaba ese olor húmedo del puerto que parecía formar parte de la ciudad. A lo lejos se distinguían algunas luces reflejadas sobre el agua y, de vez en cuando, llegaba el sonido grave de alguna embarcación entrando en el muelle.
Connor salió primero, bajando los escalones de la entrada casi de dos en dos.
-¡Alex!
Alex, que esperaba junto a la acera con las manos en los bolsillos de los vaqueros, levantó la mirada.
-¿Qué?
-Se me ha ocurrido otra cosa para hacer cuando vayamos a la feria.
Hannah apareció detrás de él y cerró la puerta de casa de Allison.
-Connor, llevas cinco minutos despidiéndote y ya has encontrado otra cosa que hacer.
-Porque todavía no hemos decidido nada.
-Precisamente por eso.
Connor ignoró la protesta y se colocó junto a Alex. Tobías salió detrás de ellos, olisqueó un momento la acera y comenzó a caminar tranquilamente, como si conociera perfectamente el recorrido.
Alex miró al perro.
-Al menos uno de nosotros sabe comportarse.
Tobías movió la cola.
-No le metas en esto -dijo Hannah.
-Yo solo estoy constatando hechos.
Connor soltó una carcajada. Hannah negó con la cabeza, aunque una sonrisa se le escapó inevitablemente.
Había algo extrañamente sencillo en aquella escena. Alex caminando junto a Connor. Tobías unos pasos por delante. Ella detrás de los dos. Solo estaban regresando a casa después de una cena demasiado larga.
Y, por unos minutos, aquello era suficiente.
Connor caminaba al lado de Alex, hablando con la energía de quien todavía tenía demasiadas cosas que contar aunque acabara de pasar varias horas rodeado de gente.
-Tu padre sabe un montón de barcos.
Alex sonrió.
-Sí. Algo sabe.
-Muchísimo.
-Eso ya es otra cosa.
-Me va a enseñar a hacer más nudos.
-Te va a enseñar los básicos.
Connor lo miró con expresión ofendida.
-Ha dicho que puedo aprender todos.
-Todos es una palabra peligrosa.
-Yo soy el Primer Oficial.
Alex giró la cabeza hacia él.
-¿Ah, sí?
-Sí.
-¿Y quién te nombró?
Connor se quedó pensativo.
-Yo.
Alex soltó una carcajada.
-Una autoridad impecable.
-Y tú eres el Capitán.
-Eso sí está confirmado.
-Y Tobías es parte de la tripulación.
Alex miró hacia delante. Tobías se había detenido para olfatear una farola.
-No sé si Tobías acepta su puesto.
Connor lo llamó:
-¡Tobías!
El perro levantó la cabeza.
-¡Ven, marinero!
Tobías regresó trotando hacia ellos. Alex negó con la cabeza.
-Definitivamente te hace más caso a ti que a mí.
-Porque soy buen capitán.
-Primer Oficial.
-Eso.
Hannah los escuchaba desde unos pasos atrás. No pudo evitar sonreír. Connor hablaba con Alex con una confianza absoluta. No había esfuerzo en sus conversaciones. El niño no pensaba demasiado antes de contarle algo. Simplemente lo hacía. Como si Alex hubiera formado parte de su rutina desde siempre. Y quizá eso era precisamente lo que más le dolía.
Porque Alex sí había empezado a formar parte de la rutina de Connor. Solo que ninguno de los dos sabía exactamente por qué.
Hannah bajó la mirada durante un instante. Respiró lentamente. No podía recuperar aquellos nueve años. Pero quizá podía dejar de pensar únicamente en lo que había perdido.
-¿Mamá?
La voz de Connor la sacó de sus pensamientos. Hannah levantó la cabeza.
-¿Sí?
-¿Vienes?
-Claro.
Aceleró el paso hasta ponerse a su altura. Connor caminó entre ambos durante unos segundos. Después miró a Alex.
-¿Crees que tu padre de verdad me llevará a pescar?
-Si te lo ha prometido, lo hará.
-¿Y tú vendrás con nosotros?
Alex arqueó una ceja.
-¿Me estás invitando a mi propio barco?
-Es que ahora tengo un nuevo compañero.
Hannah sonrió.
-¿John?
-Sí.
-Qué rápido sustituyes al capitán -dijo Alex.
Connor soltó una carcajada.
-No te sustituyo.
-Menos mal.
-Pero John sabe muchas cosas.
-Eso me queda claro.
Connor siguió caminando, satisfecho.
-Y tu madre dijo que también quiere venir.
-Tu madre -comentó Hannah- debería recordar que no todo el mundo puede subir a un barco al mismo tiempo.
-Pues hacemos turnos.
Alex miró a Hannah.
-Tiene solución para todo.
-Lo sé.
-Eso me preocupa.
-A mí también.
Connor volvió a reír y Hannah se quedó observándolos. No sabía cuánto tiempo llevaba haciéndolo cuando se dio cuenta de que Alex la estaba mirando. Alex sabía que ella estaba pensando en lo mismo.
Connor seguía caminando delante de ellos, completamente ajeno a todo. Hannah sostuvo la mirada de Alex un instante y después sonrió. Él hizo lo mismo, mientras le rozaba la cintura con la mano. Volvieron la vista hacia Connor. El niño había empezado a caminar hacia atrás para poder hablarles de frente.
-Y quiero hacer una cosa más.
-Connor -dijo Hannah-. No.
-¡Pero todavía no he dicho qué!
-Precisamente por eso.
Alex se rio.
-Déjale hablar.
-Tú no ayudas.
Connor sonrió triunfante.
-Quiero ir a las fiestas.
Hannah parpadeó.
-¿Eso era todo?
-Sí.
Alex se llevó una mano al pecho.
-Qué alivio. Por un momento pensé que ibas a pedirnos que compráramos otro barco.
Connor lo miró muy serio.
-No estaría mal.
Hannah soltó una carcajada.
-Definitivamente eres hijo de alguien que conozco.
La frase salió sin pensar. El silencio que siguió duró apenas un instante. Connor no pareció darle importancia. Alex tampoco. Pero Hannah sintió que el corazón se le detenía durante una fracción de segundo. Alex la miró de reojo. Ella fingió estar concentrada en el camino. Connor volvió a hablar.