Fuego y Hielo

Capítulo 16: Parte 1

VIERNES: LA LLEGADA A NUEVA YORK

Nueva York apareció ante ellos mucho antes de que el vehículo terminara de abandonar la autopista. Primero fueron las siluetas lejanas de los edificios. Después, las avenidas llenas de tráfico. Finalmente, aquella inmensa sucesión de luces, cristales y movimiento que parecía no detenerse nunca.

Hannah apoyó la cabeza contra el respaldo y observó la ciudad a través de la ventanilla. Habían dejado North Harbour atrás hacía unas horas. Y, sin embargo, la sensación era la de haber cruzado mucho más que una distancia geográfica.

Era el comienzo de algo, de la operación, del viaje. Y, para ellos, de una experiencia que llevaba demasiado tiempo pareciendo imposible.

Alex estaba sentado a su lado. Vestía con elegancia discreta, exactamente como exigía su identidad de cobertura. El hombre que viajaba junto a ella no era, al menos para cualquier observador externo, el subinspector de North Harbour.

Era Joshua MacCarty, su marido. Un inversor privado de Washington que había viajado hasta Nueva York con su esposa para disfrutar de unos días de luna de miel.

Hannah sonrió ligeramente al pensar en ello. Kimberly MacCarty. Todavía le resultaba extraño escuchar aquel nombre aplicado a ella.

Alex cerró la carpeta que llevaba sobre las piernas. Dentro estaban sus documentos de cobertura, información básica sobre el hotel, horarios y los datos que necesitaban para desenvolverse sin levantar sospechas. Nada especialmente comprometedor.

La investigación todavía estaba en su cabeza, pero no debía adelantarse.

-¿Qué estás pensando? -preguntó Alex.

Hannah apartó la mirada de la ventanilla.

-Que Nueva York es más grande de lo que recordaba.

-No es una respuesta muy tranquilizadora.

-No pretendía tranquilizarte.

Alex sonrió.

-Bien. Por un momento pensé que habías empezado a ponerte sentimental.

-No me conoces tanto.

-Llevo conociéndote desde que teníamos cinco años.

-Entonces deberías saber que nunca me pongo sentimental.

Él la miró de lado.

-Claro.

Hannah sostuvo su mirada durante un instante.

-¿Qué?

-Nada.

-Alex.

-Joshua.

Ella puso los ojos en blanco.

-No empieces.

Él soltó una pequeña risa. Durante unos segundos volvieron a mirar por la ventanilla. La broma había servido para aliviar la tensión, pero ambos sabían que estaba allí. No era miedo. Era expectación.

Por primera vez desde que habían vuelto a encontrarse, iban a pasar varios días juntos sin la rutina de North Harbour alrededor.

Iban a compartir desayunos, cenas, desplazamientos y noches. Iban a estar juntos. Y aquello les producía una clase de nervios que ninguno había sentido durante sus anteriores operaciones.

Hannah bajó la voz.

-¿Estás nervioso?

Alex tardó un segundo en responder.

-Por la operación, no demasiado.

Ella lo miró.

-¿Y por qué sí?

Alex giró la cabeza hacia ella.

-Por nosotros.

La respuesta la dejó momentáneamente sin palabras. Él sonrió.

-No pongas esa cara.

-¿Qué cara?

-La de inspectora jefe que acaba de recibir una confesión inesperada.

-No estoy poniendo ninguna cara.

-La estás poniendo.

Hannah terminó sonriendo.

-Quizá un poco.

Alex buscó su mano. La tomó discretamente y sus dedos se entrelazaron.

-Vamos a descubrir cómo es esto -dijo él.

-¿La operación?

-También.

Hannah entendió perfectamente lo que quería decir. Miró sus manos juntas.

-Sin intentar recuperar lo que perdimos.

Alex asintió.

-Solo vivir lo que tenemos ahora.

Ella apretó suavemente sus dedos.

-Me gusta más así.

El vehículo continuó avanzando entre el tráfico. A lo lejos comenzaron a aparecer los primeros carteles del complejo donde se encontraba el Hotel Casino Principal.

Alex volvió a adoptar una expresión más concentrada. Hannah lo notó inmediatamente. La transición fue casi imperceptible.

Alex volvió a mirar la documentación una última vez.

-Cuando entremos, observamos.

-Sin sacar conclusiones.

-Exacto.

-Si algo parece extraño...

-Lo apuntamos.

-Y lo comprobamos.

Alex sonrió.

-Así me gusta.

Hannah volvió a mirar Nueva York. La ciudad se extendía delante de ellos, inmensa, desconocida y llena de posibilidades. En algún punto de aquel lugar estaba la siguiente pieza del Caso Bradford. Pero todavía no sabían cuál. Y eso era precisamente lo que habían venido a descubrir.

Hannah apoyó de nuevo la cabeza contra el asiento.

Esta vez sonrió. Porque, por primera vez en nueve años, no estaba entrando en esa ciudad sola. Alex estaba allí. Y, aunque delante de los demás fueran Joshua y Kimberly MacCarty, ella sabía perfectamente quién viajaba a su lado. Su compañero, su mejor amigo, el hombre que amaba y ahora, por fin, su chico.

El vehículo tomó la última curva. El Hotel Casino Principal apareció frente a ellos. Alex miró a Hannah.

-¿Estás preparada?

Ella observó el edificio durante unos segundos. Después volvió los ojos hacia él.

-Contigo, sí.

El vehículo se detuvo frente a la entrada y Nueva York dejó de ser un destino. Acababa de convertirse en el escenario de su próxima historia.

El vehículo se detuvo frente a la entrada principal del hotel. Durante un instante, ninguno de los dos bajó.

Al otro lado de la ventanilla, varias personas entraban y salían del enorme vestíbulo. Había empleados uniformados, huéspedes vestidos con elegancia y un flujo constante de vehículos que se detenían frente a las puertas giratorias.

Alex observó el movimiento sin parecer hacerlo. Una costumbre adquirida durante años. Hannah hizo exactamente lo mismo desde el otro lado.

-¿Has notado alguna cosa? -preguntó ella en voz muy baja.

Alex negó ligeramente con la cabeza.

-Todavía no.




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