Fuego y Hielo

Capítulo 16: Parte 5

SÁBADO POR LA TARDE

El restaurante estaba lleno, pero no resultaba ruidoso. Las conversaciones se mezclaban con el sonido de los cubiertos y el murmullo constante de los camareros moviéndose entre las mesas. Desde los ventanales se veía una parte de la ciudad que Hannah conocía demasiado bien.

Había elegido aquel lugar precisamente por eso.

No era uno de los restaurantes que habría elegido para impresionar a unos turistas. Era un sitio donde había comido muchas veces durante sus años en Nueva York. Un lugar sencillo, cómodo, lo bastante tranquilo para poder hablar y, sobre todo, cargado de recuerdos que no necesitaba explicar.

Hannah caminaba junto a Alex hacia la mesa. Iba sonriendo. Alex lo había notado desde hacía varios minutos.

—Estás nerviosa —dijo.

Hannah lo miró de reojo.

—No estoy nerviosa.

—Claro.

—Mi vida.

—Cielo.

Ella entrecerró los ojos.

—No empieces.

Él sonrió.

—Solo digo que llevas diez minutos recolocándote el pelo.

Hannah se llevó automáticamente una mano al cabello suelto y se detuvo al darse cuenta de que acababa de darle la razón.

—Eso no significa nada.

—Por supuesto que no.

—Eres insoportable.

—Y aun así me has traído a conocer a tus amigos.

—Porque quiero presentarles a mi chico.

Alex volvió la cabeza hacia ella. La frase, dicha con tanta naturalidad, consiguió que su sonrisa se suavizara.

—¿Tu chico?

Hannah sonrió.

—Mi chico.

Alex negó ligeramente con la cabeza.

—Me gusta cómo suena.

—Pues acostúmbrate.

Él le pasó un brazo alrededor de la cintura mientras avanzaban los últimos metros.

No necesitaban fingir. Al menos allí, en aquel momento, Hannah no quería pensar en Joshua y Kimberly, ni en el hotel, ni en la investigación.

Quería que Alex conociera a Nora y a Nick. Quería que las personas que habían formado parte de aquella vida que él se había perdido pudieran conocer al hombre al que ella había esperado durante tantos años.

Al llegar a la mesa, Hannah vio inmediatamente a Nora. La reconoció incluso antes de que la mujer levantara la cabeza. El cabello pelirrojo seguía siendo exactamente como lo recordaba. Quizá algo más corto que la última vez, pero seguía teniendo aquella apariencia imposible de confundir.

Nora levantó la mirada. Durante un segundo se quedó inmóvil. Después se puso de pie.

—No me lo puedo creer.

Hannah apenas tuvo tiempo de sonreír antes de que Nora rodeara la mesa y la abrazara con fuerza.

—¡Hannah!

—Hola, Nora.

—No, no. Nada de «hola, Nora». —Nora la apretó todavía más—. Han pasado demasiados meses para un simple hola.

Hannah soltó una carcajada.

—Me estás dejando sin aire.

—Eso significa que sigo haciéndolo bien.

—Sigues siendo una exagerada.

—Y tú sigues teniendo esa cara cuando estás intentando fingir que no estás emocionada.

Hannah se separó un poco y la miró. Los ojos se le habían humedecido ligeramente.

—Te he echado de menos.

La expresión de Nora cambió de inmediato.

—Yo también.

Se abrazaron otra vez, esta vez sin bromas.

Alex observó la escena en silencio. Había visto a Hannah hablar de Nora. Había escuchado su nombre en innumerables ocasiones. Pero verla con ella era diferente.

Aquella mujer conocía una versión de Hannah que él no había podido conocer. Una Hannah que había vivido nueve años en aquella ciudad. Una Hannah que había tenido que aprender a levantarse sola. Y, por primera vez, Alex pudo ver a alguien de aquella etapa delante de él.

Entonces Nick se levantó.

—Vale, antes de que estas dos empiecen a llorar y tengamos que pedir una mesa nueva...

Hannah se echó a reír. Nick abrió los brazos.

—Ven aquí.

Hannah fue hacia él y recibió otro abrazo, diferente al de Nora, pero igual de afectuoso.

—Hola, fotógrafo.

—Hola, fugitiva.

—No soy una fugitiva.

Nick se separó y la observó con una sonrisa.

—Te fuiste sin mí.

—Me fui a casa.

—Eso es exactamente lo que diría una fugitiva.

Hannah negó con la cabeza, divertida.

—No has cambiado nada.

—Tú tampoco.

Nick la miró unos segundos más. Entonces su expresión se volvió algo más seria.

—Bueno... quizá sí.

Hannah comprendió perfectamente lo que quería decir.

Nick no necesitaba explicarlo. Había conocido a la Hannah que había llegado a Nueva York. La había visto cuando todavía estaba intentando descubrir cómo seguir adelante. Ahora estaba allí, delante de él, sonriendo de una manera que él poco conocía. Nick bajó ligeramente la mirada hacia la mano de Hannah. Después miró al hombre que estaba a su lado. Y sonrió.

—Así que tú eres Alex.

La atención de Hannah pasó inmediatamente a él.

—Sí.

Alex extendió la mano.

—Por fin nos conocemos.

Nick la estrechó, pero enseguida rompió el protocolo y lo abrazó también. Alex se quedó sorprendido durante medio segundo antes de devolverle el abrazo.

—Bueno —dijo Nick al separarse—. Definitivamente eres tú.

Alex arqueó una ceja.

—¿Eso es bueno?

—Todavía estoy evaluándolo.

Nora soltó una carcajada.

—No le hagas caso. Lleva toda la mañana diciendo que quería conocerte.

—Eso es mentira.

—No es mentira.

—Es una exageración.

Hannah cruzó los brazos.

—Os habéis puesto de acuerdo para torturarme, ¿verdad?

—No —respondió Nora—. Pero ahora que lo dices, parece una buena idea.

Alex sonrió.

—Creo que empiezo a entender por qué Hannah habla tanto de vosotros.

Nora lo señaló inmediatamente.

—¿Habla de nosotros?

Hannah abrió mucho los ojos.

—Alex.

—¿Qué?

—No.

—Pero es verdad.

Nick se llevó una mano al pecho.

—¿Hannah habla de nosotros?

—Muchísimo —confirmó Alex.

Hannah lo fulminó con la mirada.




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