Fuego y Hielo

Capítulo 16: Parte 8

SÁBADO DE MADRUGADA: CONNOR, EL FUTURO Y LA DECISIÓN DE ALEX

La puerta se cerró a sus espaldas con un clic suave.

Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió.

Alex permanecía con la espalda apoyada contra la puerta, respirando todavía más deprisa de lo normal. Hannah estaba a pocos pasos de él, con una mano sobre el pecho.

El silencio de la suite contrastaba de una forma casi absurda con el ruido que acababan de dejar atrás.

Hannah fue la primera en soltar el aire.

—Madre mía...

Alex la miró.

—Sí.

Ella dejó escapar una risa nerviosa.

—Eso ha estado demasiado cerca.

—Demasiado.

Hannah se quitó los zapatos de tacón y los dejó junto al sofá.

—Creo que mañana voy a odiarme por haber elegido estos zapatos.

—Mañana no. Ahora —dijo él, acercándose ya hacia ella sin poder evitarlo.

Ella lo miró y sonrió, aliviada de tenerlo tan cerca. Alex se acercó del todo y la expresión divertida desapareció poco a poco de su rostro.

—¿Estás bien?

Hannah asintió.

—Sí.

—¿Seguro? ¿Te has hecho daño?

Hannah le puso suavemente un dedo sobre los labios.

—Estoy bien.

Alex cerró los ojos durante un instante y le tomó la mano para besársela por dentro, con devoción. Solo entonces pareció permitirse respirar de verdad.

—Tú tampoco estás herido —susurró ella, pasándole las manos por los brazos, por el pecho, comprobándolo.

—No.

—Entonces estamos bien.

—Estamos vivos y juntos —dijo Alex.

La tensión comenzó a aflojarse.

Hannah se acercó y apoyó la frente contra su pecho. Alex la rodeó inmediatamente con los brazos, apretándola fuerte contra él, hundiendo la cara en su pelo.

Durante unos segundos simplemente permanecieron abrazados.

—Cuando te vi correr... pensé que podían hacerte daño —confesó él.

Hannah se suavizó por completo. Le acarició la nuca con ternura.

—Alex... No ha pasado. Y no iba a dejar que te pasara nada a ti tampoco.

Se miraron. No había dramatismo, solo una verdad sencilla. Hannah le acarició la mejilla, con mucho amor.

—Estamos juntos en esto, como pareja y como equipo.

—Las dos cosas —dijo él, besándole la frente con cariño.

Ella le dio un beso breve. Después señaló la mesa.

—Vamos a pensar antes de que el cerebro nos vuelva a jugar una mala pasada.

Se sentaron, pero sin soltarse. Con las manos entrelazadas sobre la mesa. Alex sacó el teléfono.

—Joe.

La llamada entró casi inmediatamente.

—Decidme que estáis dentro —dijo Joe.

—Estamos dentro. Los dos.

Hannah se inclinó hacia el teléfono.

—¿Has podido revisar las cámaras?

—Estoy trabajando en ello. Pero quiero que me contéis exactamente qué ha pasado. Sin interpretaciones.

Alex y Hannah intercambiaron una mirada.

—Primero, el ascensor hizo una parada que no habíamos seleccionado.

—Cuando llegamos a nuestra planta vimos a un hombre al fondo del pasillo —continuó Hannah—. Nos observó unos segundos y se retiró retrocediendo. No nos dio la espalda.

Joe guardó silencio.

—Eso es un hecho. Pero no sabemos qué significa.

—Exacto —dijo Hannah.

—Después hicimos la comprobación que nos sugeriste. Cambiamos de recorrido —prosiguió Alex—. Los pasos cambiaron con nosotros.

—Eso ya es más significativo.

—Suficiente para actuar. Pero no para identificar al que nos seguía.

—Entraron detrás de nosotros en los corredores de servicio. Dos —añadió Hannah.

—¿Visteis sus caras?

—No con claridad.

—¿Alguna característica?

—Nada fiable.

—Y escuchamos una comunicación —dijo Hannah—. «Se mueven. Repito, se mueven hacia el sector C».

—¿Reconocisteis la voz?

—No.

—¿Sabéis a quién iba dirigida?

—No.

Joe comenzó a teclear.

—He revisado parte de los registros. Varias cámaras cambiaron de seguimiento poco después de que vosotros pasarais por determinadas zonas.

—¿Y eso demuestra que nos estaban buscando?

—No. Podría haber una explicación normal. Seguridad, control de accesos, algún cliente VIP. Hasta que no tengamos más datos, no quiero que lo convirtáis en una conclusión.

—Hecho. Indicio. Hipótesis. Comprobación —dijo Alex.

Joe soltó una pequeña risa.

—Pues seguid practicándola. Y una cosa más, mañana no hagáis movimientos innecesarios dentro del hotel.

—Entendido —dijo Hannah, mirando a Alex con preocupación y acariciándole la mano.

La llamada terminó.

—Dos hombres siguiéndonos, alguien consultando cámaras y una comunicación por pinganillo... y ninguna explicación —dijo Hannah.

—Entonces mañana seguimos buscando la explicación —respondió Alex, dándole un beso en la sien.

En ese momento, el teléfono vibró sobre la mesa. Una videollamada entrante. Connor.

Hannah sonrió. Alex también.

Y, por primera vez desde que habían abandonado la sala VIP, el peso de la noche pareció apartarse un poco.

—Contesta —susurró Hannah.

—Vamos a casa un rato —dijo Alex, rodeándola por los hombros.

La imagen tardó un par de segundos en estabilizarse. Después apareció Connor en la pantalla, en casa, sentado en el sofá.

—¡Por fin! Pensaba que os habíais olvidado de mí.

Alex se dejó caer en el sofá junto a Hannah, abrazándola por la cintura.

—Imposible que hiciéramos eso.

—Habéis tardado muchísimo.

—Estábamos ocupados —respondió Hannah, sonriendo contra el hombro de Alex.

Durante unos instantes hablaron de cosas completamente normales. Connor contó cómo había pasado el día.

Alex intervenía constantemente. No necesitaba buscar su lugar. Connor se dirigía a él de manera espontánea.

Hannah los observó. Alex le acariciaba distraídamente el pelo mientras escuchaba a Connor, y a ella se le humedecían los ojos de amor.

—Parecéis un matrimonio de verdad —dijo Connor de pronto.

Hubo un pequeño silencio. Alex y Hannah intercambiaron una mirada.




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