Fuego y Hielo

Capítulo 16: Parte 9

DOMINGO POR LA MAÑANA: LOS SUEÑOS QUE QUEDAN POR CUMPLIR

La luz de la mañana entraba lentamente por los ventanales de la suite.

Nueva York empezaba a recuperar su ritmo después de una noche que, para ellos, había terminado mucho más tarde de lo previsto.

Sobre la cama había un portátil abierto, dos teléfonos, una libreta y varias fotografías tomadas durante la operación.

Alex estaba recostado contra los almohadones, con el pantalón del pijama y el torso desnudo. Tenía el portátil apoyado sobre las piernas.

Hannah estaba tumbada boca abajo, en dirección contraria a él, con la camiseta del pijama de Alex, demasiado grande para ella, y sus piernas descubiertas hasta la mitad del muslo.

La naturalidad de aquella escena habría resultado impensable unos días atrás. Ahora no.

Hannah desplazó una fotografía con el dedo.

—Volvamos al empleado.

Alex miró la pantalla.

—Aparece en cuatro zonas distintas.

—Recepción, pasillo de servicio, en la zona de acceso restringido y después en la zona VIP.

Hannah anotó algo.

—¿Mismo intervalo aproximado?

—No exactamente —Alex amplió los registros—. Pero suficientemente cercano como para que nos interese.

Hannah asintió. Alex dejó descansar una mano sobre la pantorrilla desnuda de ella y empezó a acariciarla distraídamente mientras seguían trabajando.

—Hecho —dijo Hannah—: el empleado utilizó accesos restringidos en varias ocasiones.

—Indicio: esos accesos no parecen corresponder siempre con sus funciones visibles.

—Hipótesis: puede tener una función distinta de la que aparenta.

—Comprobación pendiente.

Hannah escribió la última palabra. Después pasó a la siguiente fotografía. El sobre. El intercambio había durado apenas unos segundos. Un hombre había entregado algo al empleado. Después apareció un segundo individuo.

—No podemos asegurar qué había dentro —dijo Hannah.

—Ni quién era el segundo hombre.

—Ni siquiera que el sobre estuviera relacionado con el resto.

Alex señaló la imagen.

—Pero tampoco podemos ignorarlo.

—No lo ignoramos. Lo dejamos donde corresponde.

—Hecho, indicio, hipótesis, comprobación.

Hannah sonrió.

—Exactamente.

Siguieron repasando: las zonas restringidas, los movimientos de seguridad, las cámaras que habían cambiado de orientación o estado, las consultas registradas después de que ellos atravesaran determinados sectores, la figura masculina del pasillo, los dos hombres que los habían seguido, la comunicación por pinganillo, la huida por los corredores de servicio. Nada encajaba todavía en una imagen completa. Y precisamente por eso no podían permitirse inventarla.

—Lo que sí sabemos —dijo Alex— es que alguien estaba interesado en nuestros movimientos.

Hannah permaneció unos segundos en silencio.

—Posibilidad real de vigilancia.

—Sí.

—Pero no sabemos quién.

—Ni desde cuándo.

—Ni por qué.

Alex asintió.

—Y mucho menos si tiene algo que ver con el caso Bradford.

Hannah dejó el bolígrafo.

—Eso sigue siendo una hipótesis.

—Una hipótesis con demasiadas piezas alrededor.

—Pero una hipótesis al fin y al cabo.

Alex sonrió.

—Inspectora jefe Jones, siempre tan poco romántica.

—En una investigación, sí.

—Menos mal.

Hannah giró ligeramente la cabeza para mirarlo.

—¿Menos mal?

—Prefiero que seas rigurosa.

—¿Incluso conmigo?

Alex le acarició suavemente la pierna.

—Especialmente contigo.

Ella sonrió. Después volvió a mirar el portátil.

Durante unos segundos siguieron trabajando en silencio. Hasta que Hannah dejó escapar un suspiro.

—Alex.

—¿Sí?

—¿Cuándo es tu examen para Inspector?

Él levantó la vista. La pregunta parecía llegar desde otro universo.

—¿Qué?

Hannah se incorporó ligeramente sobre los codos.

—Tu examen.

—¿Ahora quieres hablar de ello?

—Ahora.

Alex la miró divertido.

—Acabamos de analizar una posible red de vigilancia y tú decides hablar de mi carrera.

—Sí.

—No sé si preocuparme.

—No tienes por qué.

Hannah cerró el portátil. Alex la observó.

—Eso parece importante.

—Lo es.

Ella se acercó por la cama hasta quedar a su lado.

Hannah se recostó junto a él.

—Quiero preguntarte algo.

—Ya lo estás haciendo.

—Quiero saber si todavía quieres ser Inspector.

Alex la miró unos segundos.

—Sí —la respuesta fue sencilla.

—Entonces, ¿por qué has dejado de hablar de ello?

Alex bajó la mirada.

—Porque han pasado muchas cosas.

—Eso no responde a mis dudas.

—Porque ahora mismo estamos dentro de un caso.

—El caso terminará.

—Espero que sí.

—Y después habrá otro.

Alex sonrió.

—Eso forma parte del trabajo.

—Entonces no quiero que este caso se lleve también eso.

Alex la observó con atención. Hannah tomó su mano.

—Quiero que seas feliz, mi vida.

Él frunció ligeramente el ceño.

—Cielo, lo soy.

—Ahora sí.

Alex entendió el matiz.

—Cielo...

—No quiero que estar conmigo signifique que dejas cosas atrás.

Él negó con la cabeza.

—No lo significa.

—Quiero estar segura.

Alex acarició sus dedos.

—¿Por qué?

Hannah sonrió.

—Porque te quiero —la expresión de Alex cambió—. Y quiero que la persona de la que estoy enamorada tenga la vida que quiere —él permaneció callado—. Ser Inspector no es solo un ascenso —continuó ella—. Es una ambición tuya. Es parte de quién eres. Y también es uno de esos sueños que teníamos cuando éramos niños.

Alex soltó una pequeña risa.

—Éramos unos críos.

—Y bastante pesados.

—Tú eras peor.

—Mentiroso.

Él sonrió. Pero Hannah continuó:

—Nos pasábamos horas hablando de lo que haríamos cuando fuéramos mayores.




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