Fuera de Contrato

Capítulo 2

La primera tanda de presentaciones ha terminado. Diez de nosotros ya pasamos por el paredón del jurado, y los otros diez tienen la tarde para sufrir. Yo solo quiero sentarme, comer algo que me ponga de buen humor y tratar de entender cómo es que sobreviví a mi propia imprudencia frente al heredero de la empresa.

Llegamos al piso 10. La cafetería está llena de gente porque es la hora punta; el ruido de las bandejas y las conversaciones me ayudan a bajar un poco las revoluciones. Busco con la mirada hasta que encuentro a Zev en nuestra mesa habitual del rincón. Esa que le da el ángulo perfecto para poder analizar a cada persona que ingresa a la cafetería. Está atacando una hamburguesa gigante como si no hubiera un mañana. A su lado está Meredith, una amiga de Recursos Humanos, con la que últimamente nos sentamos.

Me desplomo en la silla frente a ellos, y Ava lleva detrás mío con su bandeja.

—Vaya cara, Breybrey —dice Zev, soltando una risita—. ¿Tan mal te fue?

—¡Peor! ¡Mucho mejor! —interrumpe Ava, sentándose de golpe y dejando su bandeja en la mesa con un estrépito—. No tienes idea, Zev…—suelta la palabra que le da rienda suelta para contar lo sucedido desde su perspectiva. La cual me parece totalmente fantasiosa.

Cuando le termina de contar, Zev abre mucho los ojos y vuelve a tomar su hamburguesa, mirándome con una chispa de malicia en los ojos.

—Si yo hubiera sido tu le guiñaba el ojo, Breybrey—le da un bocado gigante a su comida.

—Zev, es enserio—lloriqueo—¿Qué pasa si no le gustó cómo le respondí? Me puede despedir—golpeo mi cabeza contra la mesa—Debería agendar una cita con una terapeuta.

—Le puedes preguntar a Meredith —señala a nuestra compañera del costado, quien estudió psicología, pero ya nos ha dejado en claro varias veces que ella no da terapia—aunque tiene pinta de que cobra caro—bromea llamando la atención de la castaña.

—Así no funciona—responde irritada —Ya te lo dije. Además hace años que no veo esos temas.

—Bueno lee tus antiguos libros—responde mi amigo con simpleza.

Le golpeo el brazo y este se queja.

—Lo siento, Mer. Le falta madurar el cerebro aún—me dirijo a ella.

La mencionada asiente y me sonríe.

—Está bien, Brey. Seriedad—jala mi hombro hacia atrás para sentarme correctamente—No te va a despedir. Sería un idiota, considerando que le gustó lo que hiciste, y al resto también…Ava dijo que te estaba haciendo ojitos, es obvio que le interesaste, así que olvida lo otro—me fastidia con eso.

—Zev, soy una pasante, mi tiempo aquí es impredecible, dudo que Matthew Preston se meta con alguien menor.

—Bueno, solo eres dos años menor que él.

¿Dos años? Impresionante.

—¿No debería estar estudiando, entonces? Al menos su maestría, o algo así.

—Nope—da aplausos pequeños y eso significa que viene con una enciclopedia de chismes—según mis investigaciones, acaba de terminar su maestría en Oxford. Estudió economía ahí también. Ha llegado porque ya era hora de que se convierta en la mano derecha de papi Preston—río ante el apodo—Pero lo más importante, mi estimada, es que está muy soltero.

—¿No sabes su grupo sanguíneo, por casualidad?—respondo irónicamente.

¿De dónde saca tanta información? No por nada lo llamo mi espía personal. Tiene un don maravilloso para sacarle información a las personas. Un chismoso total. O como él lo llama: una persona informada y culta.

—Dame tiempo y lo saco—mira su reloj y se atraganta—ya estoy tarde Breybrey, nos vemos al salir.

Zev se levanta de un salto, dejando el envoltorio de su hamburguesa arrugado y dándole un último trago apresurado a su bebida, su salida me deja a solas con Meredith y Ava.

—No sé cómo lo hace —comenta Meredith, volviendo a su ensalada sin ganas—. A veces creo que la empresa le paga por ser una vieja chismosa.

—Es un talento —admito, pinchando una lechuga—. Aunque ahora me ha dejado con más dudas que respuestas. ¿Dos años, chicas? ¿En serio tiene solo veinticuatro?

Meredith asiente, masticando con calma antes de responder.

—Zev no miente. Matthew es brillante, Aubrey. Su educación ha sido perfecta. Por eso Alice y los demás estaban tan tensos. No es solo "el hijo del jefe", es el tipo que en algún momento definirá el futuro de este lugar. Que se haya fijado en tu proyecto no es coincidencia. Es exactamente lo que él quiere implementar.

—O exactamente lo que quiere destruir si decide que soy una amenaza para la jerarquía que ha construído su padre —murmuro, sintiendo un escalofrío.

—No seas dramática —me corta Ava, aunque su tono es amable—. Tu cabeza te está jugando una mala pasada.

—Le doy toda la razón—la apoya Meredith.

El resto del almuerzo transcurre entre anécdotas triviales de la oficina, pero mi mente sigue en el auditorio.

Con Ava regresamos al piso de Estrategia Corporativa y el ambiente se siente diferente. Los otros diez pasantes están alineados cerca de la cafetera, repasando sus notas con caras largas y manos temblorosas. Nos cruzamos con Green cerca de la fotocopiadora. Me mira un segundo, asiente de forma casi imperceptible y sigue de largo.

Me siento en mi cubículo y trato de concentrarme en un reporte de métricas que tengo pendiente. Los números bailan frente a mis ojos, pero la imagen de los ojos azules de Matthew Preston se superpone a las celdas de Excel.

Pasan las horas. El murmullo de la oficina aumenta cuando la segunda tanda de pasantes regresa de sus presentaciones. Algunos vienen con una sonrisa de satisfacción, otros parecen haber visto un fantasma. Yo evito hacer contacto visual con nadie, simplemente tecleo hasta que mis dedos se sienten entumecidos.

Finalmente, el reloj marca las cinco y media. El sol de la tarde empieza a colarse entre los rascacielos de Nueva York, iluminando la oficina con una luz dorada que hace que todo parezca menos…intranquilo.

—¿Te vas ya? —pregunta Ava, asomándose por encima de la mampara de mi cubículo mientras se retoca el labial.




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