Aubrey
Nunca me había dado miedo entrar a Preston, ni siquiera el primer día.
Recuerdo haber estado algo nerviosa, pero mi hormona de la felicidad estaba tan elevada que no me dejaba pensar en otra cosa. Ahora parezco una paranoica pensando que en cualquier momento me despedirán. Lo cual puede sonar irracional, pero no para mí ahora.
A esa situación le agrego que voy tarde. De nuevo.
Solo necesitaba mi chocolate caliente de Hawk’s para ser feliz, pero no contaba con que hoy prácticamente toda la manzana querría uno, y debo admitir también que mi noción del tiempo se alteró un poco-mucho.
Camino rápido a la vez que trato de tomar un poco de mi preciada bebida, el ascensor afortunadamente no está lleno, de hecho solo están 2 trabajadores de limpieza y Douglas que reconozco del área legal.
—¿Otra vez tarde, Aubrey?
—¿Otra vez tarde, Douglas?—respondo de la misma forma.
Ambos reímos porque no es la primera vez que nos encontramos en el ascensor y precisamente tampoco es la primera vez que ambos vamos tarde, aunque debo admitir que mi jefa no es tan estricta como la de él.
—Hatman ya estará cavando tu tumba—añado
—Ella tiene listo hasta lo que escribirá en mi lápida—comenta con dramatismo—pero hace días que ha llegado su peor pesadilla
—¿Alguien peor que tú?
—Ella definitivamente debe estar pensando que soy un santo
—Okey, eso es demasiado ¿quién es el engendro del demonio?
—Solo es así con ella, para ser sincero—se queda pensando unos segundos—Se llama Zack, y parece que tiene contactos de arriba, por eso se da esos lujitos con ella. Con los demás ha sido bastante agradable, un poco engreído, pero agradable al fin.
—Me agrada y no lo conozco—las puertas del ascensor se abren en mi piso y me despido brevemente.
Llego y afortunadamente es uno de esos días en los que hay un poco de caos en el piso y todos pasan desapercibidos.
Hago maniobras para llegar apresuradamente a mi lugar. Con éxito dejo mis cosas y busco con la mirada algún rostro conocido.
Localizo a Ava en una de las mesas grandes al lado de la sala de juntas, con la laptop frente a ella pero su atención en otro lado.
—Hola, linda—saludo y procedo a sentarme al lado de ella luego de apartar un blazer beige de la mesa—Dime que Alice no se ha dado cuenta que recién llego—me concentro en tomar un gran sorbo de mi bebida.
—Hola, Breybrey; y claro que no se ha dado cuenta—dice aún mirando a otro lado—si mira quién está por aquí de nuevo.
Me había concentrado tanto en no hacer caer nada de lo que tenía que no me di cuenta de que en la sala de juntas de nuestro piso habían por lo menos unas 9 personas hablando, animadamente a decir verdad.
Y por supuesto una de esas personas tenía que ser Matthew Preston.
Aunque estaba de perfil, sabía que era él.
—¿Hace cuánto están ahí?—pregunto recostando lentamente mi espalda contra la silla.
—No lo sé, cuando llegué ya estaban dentro—no aparta su mirada—está con todos los jefes de proyectos.
Trago duro cuando recuerdo que posiblemente no soy la persona favorita de Matthew dentro de la empresa.
—No te va a echar, tonta—Ava se adelanta a cualquier comentario mío.
—¿Por qué estaría aquí de nuevo? No tiene sentido
—Pero solo tendría que hablar con Alice, no todos.
Intento darle el beneficio de la duda por un segundo pero siento como la ansiedad se va apoderando de mí lenta y tortuosamente.
Giro mi silla de forma abrupta y me concentro en seguir bebiendo mi chocolate. Afortunadamente pedí la presentación más grande.
Cuando veo a Zev acercarse con una sonrisa maliciosa cierro los ojos y suspiro fuertemente.
—Más te vale que tengas algo positivo por decirme, sino mejor vete.
—Solo iba a decir que estabas a unos cuantos metros de tu persona favorita en Preston.
—Ja, ja, ja. Qué gracioso.
—¿Al menos sabes por qué están aquí?—pregunta Ava—Oh, miren. ¿Es normal que a alguien se le vea tan bien una camisa blanca simple?
Sigo volteada y planeo seguir así, por lo que solo me centro en mirar a cualquier otro lado.
—Mira la comparación con Wagner—Zev ríe refiriéndose al jefe de HRIS—ni todos los arreglitos que se ha hecho funcionan con él.
—Y agrégale lo presuntuoso que es. Insoportable—apoya la pelinegra—...¿de verdad no sabes por qué están aquí, Zevvie?
—Oh, claro. Lo olvidé… pero Breybrey, es de mala educación darnos la espalda. Y tu hombrecito no está viendo en esta dirección tampoco.
—Voy a voltear porque soy una persona educada. Y deberías agradecerlo, si no ya te habría dado un golpe en la cara.
Giro mi silla sin mucho problema, teniendo de nuevo en mi panorama el cómo se ríen todos en el salón de reuniones.
—Listo, ahora sí. Cuenta.
—Escuché por ahí que ha estado paseando por todas las áreas. Así que no es personal, Breybrey, no al menos por ahora. Y bueno, no se sabe por qué exactamente, pero las teorías dicen que su padre lo ha mandado a conocer todo, de pies a cabeza. Lo cual me parece bastante sensato, si me preguntan.
—Bueno, si no tengo nada que ver. Puedo estar relajada ¿no? —dejo mi vaso en la mesa pero este es tomado por Zev rápidamente—¡oye!
Toma un sorbo y con el afán de quitarselo, termino forcejeando con él, lo que para mi mala suerte—de nuevo—termina por derramar lo que queda de chocolate en el blazer qué hace un momento había apartado.
—Mierda—dice Ava levantando de inmediato la prenda
—¡Zev!—saco todas las servilletas qué puedo intentando limpiar no exitosamente la mancha color café—de quién será esto, por dios.
—Oye, yo solo tomé un poco y tú te pusiste violenta—señala analizando la mancha y viendo la marca de la prenda—Oh, Lee—ve de cerca el nombre de la tienda—acabas de manchar un blazer de Huntsman.
—¿Y qué es Huntsman?—pregunto aún centrada en intentar sacar la mancha.