Fuera de contrato

Capítulo 2: Felix

—Entonces, ¿le doy tu número a mi prima? Anda loca por ti.

Levanto la mirada del lienzo e imagino a Jake con esa expresión divertida de alguien que acaba de proponer algo que sabe que voy a rechazar. Lo conozco demasiado para no saber que disfruta verme reaccionar a sus comentarios.

—No, no lo hagas, Jake. Tu prima espera un anillo, la boda, la casa con hijos y hasta un perro. No es mi onda.

Mi amigo se ríe y yo vuelvo la atención a la pintura, aunque ya perdí la concentración. Tomo el pincel otra vez y trato de corregir un detalle del cuadro que, hace unos segundos, ni siquiera me molestaba.

—¿Todavía no superas a tu amor de adolescente?

Hago una mueca y cambio el color.

—¿De qué hablas?

—Felix, nos conocemos hace demasiados años, desde el jardín de infantes. Sé que estabas enamorado de una chica en la escuela que se fue de la ciudad sin tener la oportunidad de confesarte, aunque nunca dijiste quien era. Después de ahí, no volví a escucharte decir que deseabas declararte a alguien.

Apoyo el pincel sobre la mesa y limpio mis manos con un paño mientras pienso en una respuesta que no convierta una conversación absurda en algo más importante de lo que es.

El problema con Jake es que no necesita demasiada información. Le basta con encontrar una grieta y esperar a que yo termine haciendo el resto.

—¿Por qué sales con eso ahora?

—Porque hace años te la encontraste y te quedaste pensando en ella. Eso significa que no eras indiferente.

Hay recuerdos que uno guarda porque pertenecen a otra etapa de la vida, no porque sigan teniendo un lugar en el presente. Al menos eso intento convencerme.

—No digas tonterías. Ya esa persona es parte de mi pasado. Seguro está viviendo su vida feliz y ni sabe que existo—suspiro—. Si algún día me caso será por amor verdadero o un buen arreglo. Siento decirte que tu prima no cumple con eso.

Jake se ríe y niego con la cabeza. A veces sospecho que disfruta más de sus propios comentarios que de cualquier reacción que pueda sacarme.

—No me ofendo. Mi prima solo tiene una idea muy intensa de lo que debería ser una relación y creo que contigo terminaría decepcionada.

—Déjale las cosas claras porque no quiero una obsesiva persiguiéndome y haciendo amarres amorosos para atarme a ella. Ya me imagino yendo a buscar agua bendita a la iglesia.

—No llega a ese extremo. Solo es insistente cuando alguien le interesa.

—Bien. Confío en ti.

—¿Tomamos unos tragos? Hay un nuevo club que abrió Mario que está genial. Sé que has estado con mucho trabajo estos días, pero te vendrá bien distraerte.

—¿Distraerme? —miro la hora en mi celular y frunzo el ceño al descubrir que se me pasó más tiempo del que pensaba—. Rayos, me olvidé que quedé en encontrarme con Gala.

Jake levanta la mirada.

—¿Tu hermanastra? ¿Desde cuándo te ves con ella sin sus padres presentes?

Recojo algunas cosas del estudio antes de salir. No tengo intención de explicarle demasiado porque sé que Jake encontraría una forma de hacer que algo normal sonara sospechoso.

Me quito la camisa manchada de pintura, busco las llaves del auto y salgo del departamento.

—Me va a ayudar a elegir un regalo para su madre. Yo le pedí el favor y estoy llegando tarde.

Vuelve a reírse.

—Sabes lidiar con ella. Eres bueno leyendo a las mujeres.

Suspiro mientras desbloqueo el auto.

—No, ella no es alguien con quien me pueda meter y es difícil leer.

Y es verdad.

Gala y yo nunca hemos tenido una relación de hermanos tradicional. Cuando su madre se casó con mi padre, nosotros ya éramos adultos y cada uno tenía una vida formada. Aun así, la familia siempre encontró la forma de unirnos más de lo que cualquiera habría esperado. Tal vez por eso era mejor mantener ciertos límites.

Gala Palacios no es una mujer sencilla de impresionar ni alguien que busque llenar silencios con una relación. Siempre ha tenido claro qué quiere y parece demasiado ocupada construyendo su propia vida para perder tiempo con cosas pasajeras.

Además, nunca he sido exactamente el tipo de hombre que encajaría en sus planes. Ella es organizada, disciplinada y tiene una inteligencia que admiro más de lo que admitiría, aunque prefiero no pensar demasiado en eso.

Sus dos exnovios han sido hombres con carreras impecables, trajes hechos a medida y una seguridad que yo no tengo ningún interés en fingir.

—Lo sé, porque tu padre la quiere como a su hija y tú adoras a su madre. Ella está ocupando tu puesto en la empresa de tu padre.

Coloco el altavoz en el celular y enciendo el auto mientras sigo hablando.

—No ocupa mi puesto. Ella es una mujer de negocios, quien se preparó con la guía de mi padre. Yo no sirvo para eso. No me gusta usar traje y me deprime la idea de asistir a una oficina a diario teniendo que lidiar con gente que no me agrada. Yo soy feliz con mis pinturas y diseños, y me va bien. Por mí puede dejarle la empresa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.