Fuera de contrato

Capítulo 4: Felix

Gala me observa con una expresión que deja claro que cree que acabo de decir una locura.

Lo curioso es que la idea fue suya. Ella fue quien apareció con aquella propuesta absurda, quien me dejó sentado intentando entender qué acababa de pasar y quien desapareció antes de que pudiera darle una respuesta. Ahora, apenas un rato después, la encuentro sentada frente a otro hombre, con la facilidad de quien ya está considerando reemplazar una opción por otra.

Ignoro al tipo, tomo la mano de Gala y tiro suavemente de ella para apartarla de la mesa.

—Felix.

—Veo que no tardaste en buscarte a otro.

Ella recupera su mano y cruza los brazos sobre el pecho.

—¿Y qué querías? Te dije que mi tiempo es limitado. Pablo parece decente.

Miro por encima de su hombro. El tal Pablo nos observa con una expresión tranquila, completamente ajeno a que estoy evaluándolo como posible esposo de Gala.

—No funcionará.

—¿Por qué no?

—Porque si tu padre está decidido a quitarte esa herencia, no va a detenerse cuando te vea casada. Hará exactamente lo contrario. Buscará cualquier excusa para demostrar que el matrimonio es una farsa e impugnar el testamento.

Gala abre la boca para responder, pero termina cerrándola. Reconozco esa expresión. Es la misma que aparece cada vez que encuentra una falla en uno de sus planes y le molesta admitirlo.

—¿Ahora quieres ser mi esposo falso?

Paso una mano por mi cabello. La pregunta es razonable. Hace un rato parecía dispuesto a salir corriendo en dirección contraria.

—Nunca dije que no te ayudaría. Lo que dije fue que me tomaste por sorpresa. Me propusiste matrimonio, no me diste tiempo para procesarlo y desapareciste antes de que pudiera reaccionar.

Ella desvía la mirada hacia las ventanas del local.

—Supongo que olvido que no todos son tan prácticos como yo. Aun así, tal vez sea mejor con Pablo. No quiero conflictos entre nosotros. Gracias igual.

Da medio paso para marcharse y la detengo por el brazo.

—No —la palabra sale más firme de lo que esperaba. Gala baja la vista hacia mi mano y la retiro inmediatamente—. Yo soy tu mejor opción.

—Eso lo dices tú.

—Lo dice la lógica. Tú apenas conoces a ese tipo. Cualquier investigador descubrirá que no existía en tu vida hace unas horas. Nosotros nos conocemos desde hace años. Hemos coincidido en reuniones familiares, cumpleaños, fiestas y cenas. Hay fotografías, testigos e historias compartidas. Si alguien quisiera creer que llevamos tiempo juntos, tendría material para hacerlo. Por algo me búscate primero a mí.

—También tendría material para descubrir que te la pasas de fiesta y apareces cada fin de semana con una mujer diferente.

Hago una mueca.

—Podemos decir que era una fachada para proteger nuestra relación.

—Esa es probablemente la explicación más absurda que he escuchado hoy.

—No lo es, porque nuestros padres están casados. A nadie le parecería extraño que lo ocultáramos por ellos.

A pesar de sí misma, la comisura de sus labios se mueve apenas.

—No podemos mentirles a nuestros padres.

—Claro que podemos. Además, ninguno de los dos va a oponerse. Tu madre me aprecia demasiado y mi padre probablemente descorche una botella de champán cuando se entere.

—Que mi madre te adore no significa que te considere material para esposo.

—Eso duele.

—Sobrevivirás.

—Siempre lo hago.

La veo luchar contra una sonrisa y, aunque apenas dura un instante, me alegra más de lo que debería. Ese pequeño gesto debería ser irrelevante, pero no lo es.

—¿Y tú qué ganas?

La pregunta me toma desprevenido, no porque no la espere, sino porque me obliga a buscar una respuesta que suene convincente sin acercarse demasiado a la verdad. Gala me observa con los brazos cruzados y la paciencia agotándose poco a poco. Si tardo demasiado, asumirá que intento engañarla, aunque no estaría equivocada.

—Una esposa.

Frunce el ceño.

—Vaya respuesta.

—Es una buena respuesta.

—Una respuesta evasiva. ¿Para qué te sirve una esposa?

Suelto el aire lentamente antes de contestar.

—Mi padre lleva años intentando convertirme en alguien que no soy. Si aparezco casado, dejará de insistir con citas arregladas, reuniones familiares interminables y discursos sobre responsabilidad. Créeme, después de escuchar la misma conversación durante años, cualquier solución empieza a parecer atractiva.

—¿Desde cuándo te importa la opinión de tu padre?

—Desde que se convirtió en ruido de fondo permanente —ella asiente porque ha presenciado más de una de esas discusiones—. Además, estoy cansado de que todo el mundo crea que soy incapaz de comprometerme con algo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.