Fuera de contrato

Capítulo 8: Gala

Ya imaginaba que nuestros padres no recibirían la noticia con los brazos abiertos ni nos felicitarían. Desde siempre nos han considerado incompatibles.

Si supieran que este matrimonio no es más que un acuerdo con fecha de caducidad, mi madre montaría en cólera e iría a buscar al cretino de mi padre para exigirle explicaciones. No quiero preocuparla ni verla cargar con un problema que no le corresponde, así que es mejor mantenerla al margen y permitir que crea que estoy enamorada de Felix.

—Ahora que estamos las dos solas, dime la verdad.

Frunzo el ceño.

—¿Qué verdad?

—¿Felix y tú llevan juntos seis meses?

Asiento.

—Así es. Llevábamos mucho tiempo gustándonos, pero ninguno hacía nada por ustedes. Al final dejamos de seguir evitándolo. ¿No estás de acuerdo?

Mi madre sonríe con suavidad.

—Adoro a Felix. Aunque mucha gente habla mal de él, nunca he dado crédito a esos rumores. Sé que la mayoría son falsos porque quienes los repiten no lo conocen de verdad.

Entiendo perfectamente a qué se refiere. Para muchos, Felix es un irresponsable que vive del dinero que su madre le dejó al morir o de la ayuda de su padre; un mujeriego incapaz de pensar en otra cosa que no sea la siguiente fiesta.

Sé que al menos una de esas cosas es mentira. Hugo no lo mantiene. Mi madre siempre comenta que sus pinturas se venden muy bien, aunque nunca presté demasiada atención a ese detalle. En cuanto a si es responsable o disfruta demasiado de la vida nocturna, no tengo una respuesta. Tal vez exista algo de verdad en esos comentarios o tal vez no, pero no pienso juzgarlo basándome en rumores, y mucho menos ahora que será mi esposo.

—Lo sé, mamá. Nunca me he dejado llevar por lo que dice la gente.

Ella toma mis manos entre las suyas y las aprieta con cariño.

—Eres mi única hija y no quiero que repitas los errores que cometí yo. Nunca me arrepentiré de haber conocido a tu padre porque tú eres lo mejor que me dejó ese matrimonio, pero me casé enamorada sin conocer realmente al hombre que tenía delante. Quizá ustedes deberían esperar un poco más antes de dar un paso tan importante.

Le sonrío con tranquilidad.

—Mamá, conozco a Felix desde hace diez años. Tú misma puedes dar fe de su carácter. No tomé esta decisión a la ligera ni por desesperación. Lo pensé bien y estoy convencida de ello.

Ella asiente despacio.

—Es verdad. Tú nunca has sido impulsiva.

—Felix quiere mucho a Hugo y también te aprecia. No habría dado este paso si tuviera dudas.

Mi madre termina por sonreír.

—Está bien. Si los dos están seguros y la decisión ya está tomada, no voy a oponerme.

No puedo evitar reír.

—Siempre existe el divorcio.

Ella suelta una carcajada y niega con la cabeza.

—No empieces.

Seguimos riéndonos mientras regresamos a la sala. Allí encontramos a Felix soportando un sermón de Hugo. Ambos guardan silencio al vernos aparecer y Hugo se pone de pie para acercarse a mí.

—Si mi hijo te engaña o te rompe el corazón, vienes a contármelo sin miedo. Yo mismo me encargaré de ponerlo en su sitio.

—Papá, ya te dije que si no estuviera dispuesto a renunciar a las demás mujeres, jamás habría decidido casarme con Gala. Voy a serle fiel hasta el último día y, si no cumplo mi palabra, que la mala suerte me deje estéril.

—¡Felix! —lo reprende mi madre, llevándose una mano a la frente.

Hugo rompe a reír.

—Muy bien. Ahora sí voy a confiar en ti, muchacho.

Después vuelve su atención hacia mí.

—Gala, siempre te he considerado una hija. Saber que tú y mi hijo se enamoraron y quieren construir una vida juntos me hace muy feliz.

Lo miro con una sonrisa incómoda.

—¿Construir una vida? Hugo, no nos adelantemos tanto. Primero sobrevivamos a la boda y luego veremos el resto.

Felix pasa un brazo por mis hombros.

—No la asustes antes de que firmemos los papeles. Déjala respirar un poco. Después tendrás tiempo de pedirnos nietos, bisnietos y hasta un equipo completo de fútbol.

—Con uno me conformo —responde Hugo entre risas.

—Perfecto. Empezaremos negociando uno con mejillas bien gorditas para que puedas presumirlo con todo el vecindario.

Mi madre vuelve a reír mientras toma a Hugo del brazo.

—Será mejor que pasemos al comedor antes de que ustedes dos empiecen a repartir nombres.

Ellos se adelantan y Felix me detiene con suavidad antes de que pueda seguirlos.

—Mi padre no termina de creer que seamos compatibles.

Levanto la vista hacia él.

—¿No aprueba la boda?

—Sí la aprueba. Está feliz de que me case contigo, pero le parece raro. Estoy seguro de que sospecha que hay algo detrás de todo esto y, si encuentra la oportunidad, intentará sonsacarte información.




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