Observo a Félix mientras termina de comer, intentando analizarlo.
Creía conocerlo. Pensaba saber qué esperar de él, pero en los últimos días estoy descubriendo facetas que nunca había visto. La más inesperada es esta versión suya que aparece cuando alguien intenta hacerme daño. No sabía que podía ser tan protector.
Le gusta provocarme, hacer comentarios que normalmente ignoro porque sé que disfruta verme reaccionar. El problema es que algunas veces habla con tanta seguridad que termino dudando de si realmente está bromeando.
No. Es imposible que sienta algo por mí. Simplemente está disfrutando el papel.
Para él esto es un juego y está siendo un excelente prometido falso. Además, después de la humillación que mi padre sufrió en mi oficina, estará más decidido que nunca a encontrar una forma de perjudicarnos.
Recuerdo las palabras que Félix le dijo sobre la empresa y sobre Angélica.
Tomo la servilleta y limpio con cuidado una pequeña mancha en la comisura de mis labios antes de hablar.
—¿Qué sabes sobre la empresa de mi padre y sobre Angélica?
Félix termina de comer, deja los cubiertos sobre el plato y toma la copa de vino. Bebe un poco antes de responder, observándome con calma.
—¿No sabes que la empresa de tu padre está atravesando problemas económicos?
Niego con la cabeza.
—No. Nunca me interesó investigar nada sobre esa empresa.
Félix apoya la copa sobre la mesa.
—Bueno, hice algunas preguntas por curiosidad. Me parecía extraño que ese intento de padre estuviera tan desesperado por conseguir esa cabaña y el dinero.
—También me pareció extraño —admito—. Pensé que solo quería molestarme o que Lorena le había llenado la cabeza porque quiere quedarse con todo lo que pueda. Hay personas que nunca consideran suficiente lo que tienen.
Félix niega lentamente.
—No es solo eso. La empresa está casi en números rojos. Necesita ese dinero. Apenas consigue pagar los sueldos y varios empleados ya renunciaron.
Frunzo el ceño.
—¿Tan mal está?
—Sí. Además, tu madrastra no ayuda. Sigue gastando sin preocuparse por la situación y tu hermanastra tampoco parece dispuesta a cambiar su estilo de vida y temo que termine mal.
Suspiro.
—No creo que Angélica se esté prostituyendo.
Una sonrisa aparece en sus labios.
—No exactamente. Aunque salir con hombres por interés económico no está tan lejos. La diferencia es que ella lo llama tener una relación.
Lo miro con atención.
—¿Y esos hombres?
—No son precisamente personas limpias. Hay corrupción de por medio.
Apoyo la espalda en la silla y dejo escapar un suspiro.
—Por suerte, ese no es mi problema. Mientras no intenten involucrarme, pueden hacer lo que quieran.
—Sabia decisión.
—No me gusta desperdiciar mi tiempo en causas perdidas ni en personas que no lo merecen.
Félix asiente, aunque su expresión se vuelve más seria.
—Entonces puedes tener la certeza de que tu padre estará más atento que nunca. Va a hacer lo necesario para conseguir ese dinero.
Tiene razón y ahora entiendo mejor su desesperación.
El dinero que me dejó mi abuelo representa sus ahorros de toda una vida. Es una cantidad importante, aunque no suficiente para vivir sin trabajar durante años. Para mí es una seguridad, una herencia que él ganó con esfuerzo y que quiso dejarme.
Para mi padre, en cambio, puede ser la diferencia entre mantener su empresa o verla caer.
Y eso solo refuerza mi decisión de no entregarlo. No por rencor ni por querer verlo sufrir. Simplemente porque no se lo merece.
Mi abuelo construyó esa empresa con años de trabajo y dedicación. Le dio prestigio, estabilidad y un nombre respetado. Mi padre no supo administrarla y permitió que los gastos de su esposa y su hija fueran más importantes que la responsabilidad que tenía.
Si ese dinero no termina en mis manos, preferiría verlo destinado a una organización benéfica antes que usado para mantener una vida llena de excesos.
—Si yo no quisiera esa cabaña, no haría nada y dejaría que el dinero fuera a una organización benéfica —digo finalmente—. De hecho, creo que eso haré cuando lo reciba.
Félix levanta las cejas.
—¿De verdad?
Asiento.
—Tu padre me paga un buen sueldo. Soy una persona ahorrativa y vivo cómodamente. No necesito acumular una fortuna.
Una sonrisa aparece en su rostro.
—Pronto tendrás un esposo que gana bastante dinero con sus pinturas. Además, mi padre probablemente terminará dejándote la empresa.
—La empresa de tu padre es tuya, Félix.
Niega con la cabeza.